MALTRATO: Zoofilia y bestialismo

Algunas personas dicen que «los humanos deben ser respetados porque son humanos», lo cual es hacer uso de la falacia de petición de principio que caracteriza al antropocentrismo.[1] Al usar dicha falacia no se da un razón para respetar a los humanos, pues ya sabemos que «los humanos son humanos», que «los blancos son blancos» y que «los hombres son hombres». La razón por la que los humanos deben ser respetados es porque cada uno de ellos tiene una conciencia[2] en la cual siente y tiene INTERESES. A partir de dichos intereses se origina el deber ético de respetarles.[3] Quienes no son humanos deben ser respetados exactamente por esta misma razón. Discriminar a alguien porque pertenece una determinada especie es especismo.[4] El especismo es una discriminación arbitraria que sigue el mismo patrón que siguen todas las discriminaciones arbitrarias (sexismo, racismo, etc.): no se centran en si un ser es alguien, sino en las características de ese alguien para discriminarle y usar la violencia contra él por ser diferente.

Diferencia entre la zoofilia y el bestialismo

Es habitual que las palabras «zoofilia» y «bestialismo» se usen como sinónimos, pero realmente no lo son. Según la RAE, la zoofilia (del griego ζῷο, «animal» y φιλία, «amistad»; zoon, «animal», y philia, «afinidad») es el amor no sexual hacia los animales no humanos. En cambio, el bestialismo (del latín Bestĭa e -ismus, y este del gr. -σμός) es mantener relaciones sexuales entre humanos y animales no humanos. Por otro lado, la relación entre las palabras «zoofilia» y «bestialismo» podría interpretarse como la relación que existe entre las palabras «pedofilia» (atracción sexual hacia menores de edad) y «pederastia» (prácticas sexuales de un adulto con menores de edad). Mejor rechazarlas para que no haya lugar a dudas. Lo correcto es decir que amamos a nuestros amigos no humanos (o hijos adoptivos no humanos) y punto, como amamos a nuestros amigos humanos y como unos progenitores aman a sus hijos.

Algunas personas dicen que «no hay nada éticamente incorrecto en practicar el bestialismo», sin embargo a continuación explicaré por qué estas personas están equivocadas.

Introducción a la Historia del bestialismo

En la década de 1940, Alfred C. Kinsey (1894-1956) realizó un cuestionario a 20.000 estadounidenses y el 8% de hombres y el 3,5% de mujeres respondieron que en alguna ocasión mantuvieron prácticas sexuales con un animal no humano. De las mujeres que respondieron afirmativamente, 3 de cada 4 respondieron que el animal no humano era un perro, y lo habitual era tocar y masturbar al animal, o le lamían los genitales; la penetración era poco frecuente. Las mujeres que tienen sexo con toros o carneros tiene más de mito que de realidad. En las áreas rurales, un 50% de hombres respondieron afirmativamente.

En el siglo XX, la bestialidad se procesaba con regularidad en Austria, quedando ésta plasmada en los registros judiciales. Lo más habitual era hombres que mantenían relaciones vaginales con vacas y terneros, y con menos frecuencia con yeguas, potros y cabras y muy raramente con ovejas o cerdos.

Según investigaciones del zoólogo Desmond Morris, las chicas se sienten más atraídas por montar a caballo que los niños porque «sentarse con las piernas sobre un caballo rítmicamente movible indudablemente tiene un trasfondo sexual». Dekkers está de acuerdo con esta observación, y agrega que «el caballo es el consuelo ideal para la gran injusticia que sufren las chicas por naturaleza, de despertar sexualmente años antes que los niños de su clase, que aún juegan con sus sets de trenes...».

Midas Dekkers, autor del libro «Dearest Pet: On Bestiality» (1994), proporciona datos sobre la Historia del bestialismo y sugiere que el bestialismo es más frecuente en las zonas rurales debido a que la ideología conservadora de estos[5] les prohíbe mantener relaciones sexuales antes del matrimonio y el bestialismo es la manera que tienen de satisfacer una parte de sus intereses. Esta idea coincide con los datos recopilados por Alfred C. Kinsey en la década de 1940 en EEUU, cuando un 50% de hombres de las zonas rurales afirmaba haber tenido prácticas sexuales con animales no humanos. Todo esto es paradójico, pues algunos defensores del conservadurismo cultural acusan a los defensores de los Derechos Animales de defender el bestialismo (ver imagen adjunta). Sin embargo, la Realidad es lo contrario que estos dicen: el bestialismo está muy presente entre los conservadores, como ellos mismos reconocen en las encuestas. Es en las zonas rurales donde viven la mayoría de animales no humanos esclavos que son explotados para beneficio humano, y que son violados por sus explotadores, ya sea para que se reproduzcan o para obtener placer con ellos.

En marzo de 2001, el filósofo Peter Singer publicó en la revista Nerve un ensayo titulado «Heavy petting» en el que consideraba que no es éticamente incorrecto que un humano tenga relaciones sexuales con animales no humanos si no existe crueldad hacia el animal no humano.[1] En junio de 2001, Sarah Boxer, de la organización PETA, expresó su apoyo a la postura de Singer pero con precauciones[2]: «En su reseña, titulada «Heavy petting», el Sr. Singer señaló que casi todos los tabúes sobre el sexo no procreativo (tabúes contra la homosexualidad, el sexo oral, la anticoncepción y la masturbación) han desaparecido. Sin embargo, una notable excepción sigue en pie: el tabú sobre el sexo con animales. (...) La persistencia del tabú con el bestialismo, escribió, refleja la ambivalencia de los seres humanos sobre los animales. Sabemos que somos como ellos, pero creemos que somos mejores, y lo que queremos es diferenciarnos, eróticamente y de todo lo demás de los animales». En diciembre de 2006, en una entrevista, Singer dijo que «no apoya tener sexo con animales» porque tener sexo con otros humanos es «más divertido»[3]. Peter Singer cree que aunque el sexo entre sujetos de especies diferentes no es normal ni «natural», no constituiría una transgresión de nuestro estatus como seres humanos, porque los seres humanos son animales, más específicamente, grandes simios.

Holanda comenzó a tramitar su ley contra el bestialismo en 2007, después de que el diario nacional Algemeen Dabglad alertara de que esta país producía el 80% de películas de zoofilia.

En 2008, la organización sueca Djurrätts Alliansen (Alianza de los Derechos Animales) se manifestó en una protesta contra las práctica del bestialismo.

El sexo con animales, el bestialismo, una parafilia sexual que no suele figurar en los códigos penales europeos, tan sólo está prohibido en Reino Unido, Alemania y en Holanda desde el 1 de febrero de 2010. Por esa fecha, EEUU aún permitía el bestialismo en ocho de sus estados. En Reino Unido se condena con un máximo de dos años de cárcel «la penetración del pene humano en animales y viceversa».

En febrero de 2010, José Valle, entonces portavoz de la organización Igualdad Animal, mostró su rechazo al bestialismo[4]: «Debería valorarse como una violación infantil. Los niños tampoco dan su consentimiento. Y una gallina, evidentemente, tampoco va a ofrecerlo" (...) "Quienes conviven con un animal saben que tienen intereses, dolores, preferencias. En muchos casos los cachorros son manipulados para que tengan relaciones sexuales con humanos y se dejen tocar. No se comprende el daño que se les puede infligir».

En noviembre de 2012, Alemania se estaba planteando prohibir el sexo con animales y castigarlo con multas de hasta 25.000 euros. La medida se debatiría en la comisión de Agricultura del Parlamento y podría ser votada en el pleno del Parlamento a mediados de diciembre. Aunque la práctica de la zoofilia no está castigada desde su despenalización en 1969, sí está castigada la producción y distribución de zoofilia.

En el bestialismo no hay un consentimiento informado

Primeramente debe quedar claro que las prácticas sexuales entre sujetos de especies diferentes no son éticamente incorrectas porque son entre especies diferentes, sino por otras razones. Por ejemplo, sería éticamente correcto mantener relaciones sexuales con visitantes extraterrestres si fueran acordadas entre humanos adultos y extraterrestres adultos.

A pesar de la fuerza física y de la agilidad de algunos de ellos, los animales no humanos tienen mentes con una capacidad de razonamiento similar a la de bebés o niños pequeños[1] y muchos de los aparatos sexuales de los animales no humanos no están adaptados para mantener relaciones sexuales con humanos. No es posible que un humano establezca un acuerdo informado con un animal no humano porque los humanos no pueden informar a los animales no humanos y los animales no humanos no pueden dar su consentimiento para aceptar los riesgos que existen en toda práctica sexual. En este sentido, el bestialismo es similar a lo que ocurre con los humanos menores de edad, por lo que podemos clasificar el bestialismo como un tipo de pederastia.

Además, en el caso de humanos menores de edad, debe tenerse en cuenta que estos se encuentran en un plano de desigualdad de poder respecto a los humanos adultos, pues dependen de sus progenitores, no se valen por sí solos en la sociedad. Las relaciones sexuales deben darse en un plano de igualdad entre personas adultas, sin ningún tipo de coacción por medio.

La coacción en el bestialismo

Los seres sintientes tenemos interés en que no nos coaccionen. Cuando nos coaccionan frustran ese interés y por lo tanto nos hacen algo éticamente incorrecto. Cuando alguien está coaccionado tiene intereses que realmente no quisiera tener. Satisfacer los intereses de alguien coaccionado es éticamente incorrecto. Se coacciona a otros sexualmente cuando se les suministran drogas sexuales que cambian sus intereses, y por lo tanto realmente son violaciones sexuales. Por ejemplo, en España, entre el 17 y el 20% de las violaciones a mujeres se comete bajo efectos de alcohol o drogas, pero el Código Penal no lo tipifica como agravante para el agresor. En muchos juicios, de hecho, se ha usado como atenuante aprovechando la «amnesia parcial» de la víctima. Esto es similar a usar sustancias para despertar deseo sexual a animales no humanos.

El único caso de bestialismo que podría considerarse éticamente correcto

El único caso de bestialismo en el que no habría frustración de intereses sería aquel en el que un humano adulto desnudo es inesperadamente abordado por un animal no humano que quiere mantener relaciones sexuales con él y el humano se quedara quieto porque le gustara eso. Aunque personalmente me repugne, racionalmente no encuentro nada éticamente incorrecto en ese caso. Sí sería éticamente incorrecto promocionar el bestialismo difundiendo la grabación de lo sucedido en dicho caso, o decir a otros «lo bueno que le pareció» esa experiencia. Este caso de bestialismo descrito es una situación tan poco probable que creo que jamás ocurrió en la Historia.

El bestialismo en dibujos animados

Si en una serie de dibujos animados aparecieran humanos adultos relacionándose sexualmente con humanos menores de edad nos parecería censurable, no por lo dibujos animados en sí (no hay frustración de intereses), sino porque la normalización de dichos actos tiene como consecuencia la promoción de los mismos entre personas reales. En cambio, en las sociedades antropocentristas está normalizado mostrar dibujos animados de adultos humanos relacionándose sexualmente con animales no humanos. Esto es otra muestra de especismo y de la cosificación de los cuerpos no humanos, y se debería censurar por la misma razón que se censuraría si el dibujo animado representara a humanos menores de edad.