ARGUMENTO: “Es racional decir que quienes me perjudican por egoísmo actúan racionalmente”

RESUMEN: ¿Cuál es la relación existente entre la Ética, la universalidad y la racionalidad? ¿Se puede fundamentar la Ética en la racionalidad?, es decir, ¿una acción éticamente correcta es racional y una acción éticamente incorrecta es irracional? ¿es racional que alguien nos perjudique por su propio interés? ¿El egoísmo es racional? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Una de las cosas necesarias para satisfacer cualquier interés es que no debe ser frustrado. Por lo tanto es racional que alguien afirme que SUS intereses no deben ser frustrados, e irracional afirmar lo contrario. Esta norma sólo es racional si sólo existiera un único ser sintiente, pero la Realidad es que existen otros seres sintientes que también tienen intereses. Por lo tanto, como existe más de un ser sintiente, inferimos lógicamente que: «LOS intereses no deben ser frustrados». Por lo tanto es racional que alguien afirme que «LOS intereses no deben ser frustrados», e irracional afirmar lo contrario. El principio del egoísmo puro es «todos deben ir a favor de mis intereses», por lo tanto no es una ley universal, sino particular, arbitraria. El principio del egoísmo puro puede ser universalizable diciendo que «Todos deben ir a favor de SUS propios intereses», pero dicha afirmación es contradictoria con los propios intereses de cada sujeto. Lo racional es que todos los seres sintientes defiendan que los intereses no deben ser frustrados: «todos deben tener en cuenta todos los intereses».

Palabras clave: egoísmo racional, Ética, razón, universalidad

Algunas personas dicen que «satisfacer los propios intereses es egoísta». Sin embargo, satisfacer los propios intereses no implica que sea una conducta egoísta. Por ejemplo, divertirse y comer no implican una conducta egoísta. La conducta egoísta es aquella que, con el objetivo de satisfacer los propios intereses, menosprecia los intereses de los demás en circunstancias en las que dichos intereses no deberían ser menospreciados. La conducta egoísta puede manifestarse en pequeños detalles, pero se aprecia claramente cuando se menosprecian o ignora el interés a la salud/vida de los demás para satisfacer intereses secundarios. Por ejemplo, es una conducta egoísta divertirse a costa de otros seres sintientes (violar, tauromaquia, etc.) y comer a costa de matar a otros seres sintientes. A continuación explico por qué la conducta egoísta es irracional y por qué es éticamente incorrecta.

Algunas personas dicen que «la razón en la acción se aplica a los medios (“debe hacerse X para lograr Y”), pero no a los fines u objetivos que marcan nuestros intereses (“debe hacerse X”)». Por ejemplo, David Hume (1711-1776) afirmó que cualquier interés es racional porque «las pasiones eligen qué, las razones indican cómo», por ello Hume afirma en el libro II de su «Tratado de la Naturaleza Humana» (1739) que: «No es contrario a la razón el preferir la destrucción del mundo entero a tener un rasguño en mi dedo. No es contrario a la razón que yo prefiera mi ruina total con tal de evitar el menor sufrimiento a un indio o cualquier persona totalmente desconocida.». Por eso David Hume afirmaba que la razón es esclava de las pasiones y que por lo tanto Ética no se puede fundamentar racionalmente, lo cual se llama antirrealismo. Debido a dicha creencia, David Hume defendió el subjetivismo ético, según el cual nadie tiene la razón sobre qué es éticamente correcto e incorrecto.[1] Por ejemplo, según Hume, matar a los demás (o no matarles) no es racional ni irracional, sino que sólo es lo que alguien quiere hacer; para Hume lo racional/irracional sólo existe en los medios utilizados: sería irracional intentar matar a alguien a besos, lo racional es matarle con un arma. Sin embargo, Hume no se percató de que una de las cosas necesarias (medios) para satisfacer cualquier interés es que no debe ser frustrado. Por lo tanto es racional que alguien afirme que SUS intereses no deben ser frustrados, e irracional que afirme lo contrario. Sin embargo esta norma sólo es racional si sólo existiera un ser sintiente, pero la Realidad es que existen otros seres sintientes que también tienen intereses.[2] Por lo tanto, como existe más de un ser sintiente, inferimos lógicamente que: «LOS intereses no deben ser frustrados». Por lo tanto es racional afirmar que «LOS intereses no deben ser frustrados», e irracional afirmar lo contrario. Esta norma racional forma parte de la Regla de Oro de la Ética: «A priori, los intereses no deben ser frustrados».[3] El «a priori» quiere decir que no se deben frustrar los intereses de nadie, excepto si ante un dilema se estima que no frustrarlos producirá un mal mayor; esto es así porque existe una relación causa-efecto entre lo que se elige no hacer y lo que ocurre debido a dicha omisión[4]. Por todo ello, destruir el mundo y hacerle a alguien un rasguño en el dedo son conductas que siempre son irracionales porque frustran intereses, Hume se equivocó. Algunas personas que reconocen que sí que existen fines racionales/irracionales dicen lo siguiente:

Algunas dicen que es racional la norma «todos deben ir a favor de los intereses DE una determinada persona». Esta idea podríamos llamarla «egoísmo absoluto» y ha sido defendida por faraones, emperadores, reyes, dictadores, etc. Esta idea no es racional porque para que los intereses sean satisfechos no deben ser frustrados, independientemente de quién sean los intereses. Por lo tanto, el egoísmo absoluto no es racional, lo racional es que todos los seres sintientes defiendan que los intereses no deben ser frustrados.[3]

Algunas dicen que es racional la norma «cada uno debe defender que los demás deben ir a favor de sus intereses». Esta teoría es llamada «egoísmo puro». El egoísmo puro no es simplemente una norma general tal que «todos deben ir a favor de los intereses de B», sino que se refiere a que cada persona (A, B, C, D, etc.) afirma que «los demás deben ir a favor de mis intereses». El egoísmo puro es la norma según la cual todos «son faraones», es decir, es universalizar la norma del egoísmo absoluto. Es decir, no existiría una sola norma igual para todos, sino que cada persona defendería una norma diferente, siendo contradictorias unas normas con otras. En el capítulo 12 «Razón y Ética» de su libro «Ética Práctica», Peter Singer reconoce que el egoísmo puro no puede ser una norma ética «porque contiene una referencia no eliminable a una persona en particular», pero dice que el egoísmo puro es racional porque se puede universalizar: «todo agente racional aceptaría que la actividad puramente egoísta de otros agentes racionales es racionalmente justificable. El egoísmo puro podría ser adoptado racionalmente por todos». Sin embargo no es cierto que los seres sintientes acepten como racional que los demás tengan como norma el obligarles a hacer lo que ellos no quieren hacer. Por lo tanto, el egoísmo puro no es racional, lo racional es que todos los seres sintientes defiendan que los intereses no deben ser frustrados.[3]

Algunas personas dicen que es racional la norma «cada uno debe mirar por SUS propios intereses». Esta teoría es llamada «egoísmo puro universalizable» y es a lo que generalmente nos referimos cuando hablamos de «egoísmo». Según el egoísmo puro universalizable, «es racional afirmar que A debe favorecer sus intereses sobre los intereses de los demás», «es racional afirmar que B debe favorecer sus intereses sobre los intereses de los demás», etc. A diferencia de lo que ocurre con el egoísmo puro, el egoísmo puro universalizable no afirma que los demás deban mirar por nuestros intereses, sino que deben mirar por lo suyos, aunque esos intereses sean frustrar nuestros intereses, lo cual es contradictorio. Por lo tanto, el egoísmo puro universalizable no es racional, lo racional es que todos los seres sintientes defiendan que los intereses no deben ser frustrados.[3] Una vez demostrado que el egoísmo puro universalizable es irracional, voy a analizarlo más a fondo, pues esta idea irracional está muy expandida en las sociedades liberales (egocentristas).

Algunos egoístas dicen que «el egoísmo puro universalizable tiene como consecuencia una mayor satisfacción de intereses», como si esa fuera la verdadera razón por la que son egoístas. La idea según la cual «el egoísmo es racional» es el estándar de comportamiento postulado por la teoría de la elección racional en ciencia política y por la economía neoclásica, es la base teórica en la que se intentan fundamentar racionalmente el liberalismo y su sistema económico capitalista. El egoísmo no es vendible políticamente, pues ¿quién votaría a una persona que dice que su finalidad es mirar por sus propios intereses? Para evitar el fracaso electoral, los egoístas dicen que «el egoísmo beneficia a todos». Por ejemplo, Robert G. Olson, en su libro «The Morality of Self-Interest» (1965), dice: «Es más probable que el individuo contribuya al mejoramiento social cuando procura racionalmente sus mejores intereses de largo plazo». También podemos remontarnos a la obra «Un estudio sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones» (1776), escrita por el liberal Adam Smith (1723-1790), en la que apela a la «libertad»[5] de los empresarios para perseguir su propio interés, es decir, sus beneficios económicos, por los métodos adecuados (según su criterio) de producción, contratación, ventas, etc., no obstaculizado por la limitación legal o ética autoimpuesta de proteger el bien de los demás. Según Adam Smith, el egoísmo es la manera más eficaz de fomentar el bien común(3) porque dice que existe una «mano invisible» (los efectos dominantes del propio sistema de libre empresa) que coordina estas actividades económicas individuales no coordinadas. Según Adam Smith: «Cada individuo en particular pone todo su cuidado en buscar el medio más oportuno de emplear con mayor ventaja el capital de que puede disponer. Lo que desde luego se propone es su propio interés, no el de la sociedad en común; pero estos mismo esfuerzos hacia su propia ventaja le inclinan a preferir, sin premeditación suya, el empleo más útil a la sociedad como tal». Un político egoísta (liberal) debería decir «votadme porque como miro por mis intereses eso mejorará vuestro bienestar y eso me beneficiaría», pero no dirá eso. La idea de poner como objetivo el bien de la sociedad contradice la idea esencial del egoísmo, pues la finalidad del egoísmo no es respetar los intereses de los demás, sino satisfacer ilimitadamente los intereses propios aunque ello frustre intereses más importantes de los demás. Podemos deducir claramente que afirmar que «el egoísmo beneficia a la sociedad» se trata de una mentira mediante la que el «egoísta racional» pretende conseguir sus objetivos egoístas. Según Ayn Rand (1905-1982), como el sistema económico de libre mercado (capitalismo) se basa en el egoísmo (obtener el máximo beneficio para uno mismo al menor costo posible), es éticamente superior al sistema de economía planificada del socialismo.(4) Además, a continuación demuestro las consecuencias del egoísmo puro universalizable son peores que las consecuencias de la cooperación coordinada.

La Teoría del Equilibrio de Nash demuestra matemáticamente que lo mejor para la sociedad no es el egoísmo puro universalizable, sino la cooperacion coordinada. Como expliqué antes, el egoísmo puro universalizable no es racional, y ADEMÁS sus defensores afirman que si cada persona mira por sus intereses eso tendrá como consecuencia un mundo mejor que si nos preocupamos por los intereses ajenos. Sin embargo, la teoría del equilibrio de Nash demuestra que el egoísmo universal no crea un mundo mejor. El equilibrio de Nash, en la teoría de juegos, es un «concepto de solución» para juegos con dos o más jugadores que demuestra que para maximizar las ganancias de todos no hay que competir, sino cooperar de manera coordinada. Un ejemplo de aplicación del equilibrio de Nash es el dilema del prisionero:


Además, aunque el mayor bien para uno mismo se obtuviera actuando de manera egoísta, ya sea individualmente o mediante colusión, en lugar de actuando cooperativamente(2), eso seguiría siendo irracional, pues se antepondría el sentimiento de amor a uno mismo sobre los intereses legítimos de otros individuos. Además, se buscaría maximizar el bien de manera parcial en uno mismo, en lugar de maximizarlo de manera absoluta en todos.

Algunas personas intentan usar la teoría de la evolución de las especies enunciada por Darwin para justificar el darwinismo social. Por ejemplo, John D. Rockefeller Jr (1874-1960) dijo: «El crecimiento de un gran negocio no es más que una forma de supervivencia de los más aptos… Sólo sacrificando a los capullos tempranos que crecen a su alrededor, se consigue la rosa llamada American Beauty, con un esplendor y una fragancia que regocija a quien la contempla. Esto no es ninguna mala tendencia dentro del mundo de los negocios. Se trata simplemente de la acción de las leyes de la naturaleza y de Dios». Una refutación a este tipo de planteamientos la dio Trofim Lysenko (1898-1976): «¿Cómo explicar por qué la biología burguesa valora tanto la ‘teoría’ de la competencia dentro de la especie? Porque así justifica el hecho de que, en la sociedad capitalista, la gran mayoría del pueblo, incluso en un período de superproducción de bienes materiales, vive en la pobreza... No hay competencia dentro de las especies en la naturaleza. Sólo hay competencia entre las distintas especies: el lobo se come a la liebre; la liebre no se come a otra liebre, sino que come hierba.» (p.44). El error de ambos es que el cómo deben ser las cosas no lo determinan los hechos, sino los intereses y la regla de Oro de la Ética Basada en la Realidad que de ellos se infiere: «A priori, los intereses no deben ser frustrados».[3]