ARGUMENTO:
“Es racional decir que quienes me perjudican por egoísmo actúan racionalmente”

RESUMEN: ¿Cuál es la relación existente entre la Ética, la universalidad y la racionalidad? ¿Se puede fundamentar la Ética en la racionalidad?, es decir, ¿una acción éticamente correcta es racional y una acción éticamente incorrecta es irracional? ¿es racional que alguien nos perjudique por su propio interés? ¿El egoísmo es racional? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

El principio del egoísmo puro es «todos deben ir a favor de mis intereses», por lo tanto no es una ley universal, sino particular, arbitraria. El principio del egoísmo puro puede ser universalizable diciendo que «Todos deben ir a favor de SUS propios intereses», pero dicha afirmación es contradictoria con los propios intereses de cada sujeto. Lo racional es afirmar que, en la medida de lo posible, los intereses de todos los individuos deben ser tenidos en cuenta: «todos deben tener en cuenta todos los intereses».

Palabras clave: egoísmo racional

El egoísmo y la racionalidad. La conducta egoísta es aquella que, con el objetivo de satisfacer los propios intereses, menosprecia los intereses de los demás en circunstancias en las que dichos intereses no deberían ser menospreciados. Es importante no confundir «mirar por los propios intereses», por ejemplo divertirse, o consumir una medicina, con «mirar por los propios intereses frustrando intereses más importantes de otros» (egoísmo), por ejemplo divertirse a costa de la salud/vida de otros seres sintientes, o no dar medicinas a quienes las necesitan. Por ejemplo, David Hume (1711-1776) afirmó que la razón en la acción se aplica sólo a los medios, y no a los fines. Según Hume, los fines deben estar dados por nuestros intereses, por ello éste llegó a afirmar que: «No es contrario a la razón el preferir la destrucción del mundo entero a tener un rasguño en mi dedo. No es contrario a la razón que yo prefiera mi ruina total con tal de evitar el menor sufrimiento a un indio o cualquier persona totalmente desconocida». Según Hume, cualquier interés es racional, pues es lo que uno desea. Sin embargo, la racionalidad es la capacidad de llegar a una conclusión lógicamente correcta a partir de unas premisas. Además, lo que describen dichas premisas debe ser cierto (real), para que éstas no nos lleven a una conclusión lógicamente válida, pero falsa. Por lo tanto, el egoísmo será racional si podemos llegar lógicamente a la conclusión de que «debemos ser egoístas» ó «debemos mirar por los propios intereses frustrando intereses más importantes de otros» a partir de unas determinadas premisas que sean ciertas. En otro artículo demostré que, en cualquier caso, frustrar los intereses de alguien es hacerle un mal y que por lo tanto frustrar un interés es hacer el mal en menor o en mayor medida[1]. Lo que es malo para alguien y el mal son parte de la realidad, sin embargo son hechos meramente descriptivos. Por ello en otro artículo demostré que la Ética crea normas razonando a partir del deber, y que el deber se origina en los intereses. Razonando llegamos a una norma esencial de la Ética llamada «Regla de Oro de la Ética», la cual es la siguiente: «a priori, los intereses no deben ser frustrados»[2]. El «a priori» de la Regla de Oro quiere decir que no debemos hacer el mal, debemos respetar a los demás, excepto si estimamos que no hacer un determinado mal producirá un mal mayor; esto es así porque existe una relación causa-efecto entre lo que se elige no hacer y lo que ocurre debido a dicha omisión[3]. Todo ello debe hacerse considerando todos los intereses por igual, según el Principio de Igual Consideración de Intereses[4]: los intereses de otras personas deben importarnos por la misma razón por la que nos importan nuestros propios intereses; porque sus necesidades y deseos son comparables a los nuestros. Darse cuenta de esto, de que estamos en igualdad de condiciones unos con otros, es lo que constituye la razón más profunda de por qué la Ética debe incluir algún reconocimiento de las necesidades de otros, y de por qué, entonces, el egoísmo ético fracasa como teoría ética. Por lo tanto, un comportamiento egoísta siempre es éticamente incorrecto y sólo será racional en aquellos casos en los que se pueda estimar que ser egoísta tendrá unas consecuencias menos malas para el avance hacia un mundo ético que si no se es egoísta, lo cual parece un caso poco probable. Estas conclusiones que acabo de comentar son racionales, negarlas es irracional. A continuación voy a analizar lo que algunas personas dicen sobre la relación entre el egoísmo y la racionalidad.

Algunas personas afirman que la norma «todos deben ir a favor de MIS intereses» es racional. Esta teoría es llamada «egoísmo puro». Por ejemplo, según el egoísmo puro, «todos deben ir a favor de los intereses de B». Pero, ¿por qué todos deben estar a favor de los intereses de B y no a favor de los intereses de A, de C o de D? No hay ninguna razón, por lo tanto el egoísmo puro es una norma arbitraria y por lo tanto irracional.
 
Algunas personas afirman que la norma «cada uno debe ir a favor de SUS propios intereses» es siempre racional. Esta teoría es llamada «egoísmo puro universalizable». Según el egoísmo puro universalizable, «A debe favorecer sus intereses sobre los intereses de los demás», «B debe favorecer sus intereses sobre los intereses de los demás», «C debe favorecer sus intereses sobre los intereses de los demás», «D debe favorecer sus intereses sobre los intereses de los demás», etc. Por ejemplo, Peter Singer afirma en el capítulo «¿Por qué actuar moralmente?» de su libro «Ética Práctica» que: «todo agente racional aceptaría que la actividad puramente egoísta de otros agentes racionales es racionalmente justificable. El egoísmo puro podría ser adoptado racionalmente por todos». Por lo tanto, Peter Singer afirma que el egoísmo puro universalizable es racional y ético. Sin embargo, anteponer los intereses propios sobre los intereses de otros siempre es hacer el mal y éticamente incorrecto[1]. Además, como ya expliqué, el deber ético se origina en los intereses: «a priori, los intereses no deben ser frustrados»[2], por lo que a priori lo racional es no frustrar los intereses de los demás, es decir, a priori lo racional es respetar a los demás, excepto si se estima que respetarles tendrá peores consecuencias para el avance de una realidad en la que los intereses no sean frustrados[3].

Algunos egoístas dicen que «el egoísmo universalizable tiene mejores consecuencias para todos», como si esa fuera la razón por la que son egoístas. El «egoísmo racional» o egoísmo es el estándar de comportamiento postulado por la teoría de la elección racional en ciencia política y por la economía neoclásica, es la base teórica en la que se fundamenta racionalmente el liberalismo y su sistema económico capitalista. El egoísmo no es vendible políticamente, pues ¿quién votaría a una persona que dice que su finalidad es mirar por sus propios intereses? Para evitar esto, los egoístas dicen que «el egoísmo beneficia a todos». Por ejemplo, Robert G. Olson, en su libro «The Morality of Self-Interest» (1965), dice: «Es más probable que el individuo contribuya al mejoramiento social cuando procura racionalmente sus mejores intereses de largo plazo». También podemos remontarnos a la obra «Un estudio sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones» (1776), escrita por el liberal Adam Smith (1723-1790), en la que defiende la «libertad» de los empresarios para perseguir su propio interés, es decir, sus beneficios económicos, por los métodos adecuados (según su criterio) de producción, contratación, ventas, etc., no obstaculizado por la limitación legal o ética autoimpuesta de proteger el bien de los demás. Según Adam Smith, el egoísmo es la manera más eficaz de fomentar el bien común(3) porque dice que existe una «mano invisible» (los efectos dominantes del propio sistema de libre empresa) que coordina estas actividades económicas individuales no coordinadas. Según Adam Smith: «Cada individuo en particular pone todo su cuidado en buscar el medio más oportuno de emplear con mayor ventaja el capital de que puede disponer. Lo que desde luego se propone es su propio interés, no el de la sociedad en común; pero estos mismo esfuerzos hacia su propia ventaja le inclinan a preferir, sin premeditación suya, el empleo más útil a la sociedad como tal». Un político egoísta debería decir «votadme porque como miro por mis intereses eso mejorará vuestro bienestar y eso me beneficiaría», pero no dirá eso. La idea de poner como objetivo el bien de la sociedad contradice la idea esencial del egoísmo, pues la finalidad del egoísmo no es respetar los intereses de los demás, sino satisfacer ilimitadamente los intereses propios aunque ello frustre los intereses más importantes ajenos. Podemos deducir claramente que afirmar que «el egoísmo beneficia a la sociedad» se trata de un medio mediante el que el «egoísta racional» pretende conseguir sus objetivos. Según Ayn Rand (1905-1982), como el sistema económico de libre mercado (capitalismo) se basa en el egoísmo (obtener el máximo beneficio para uno mismo al menor costo posible), es éticamente superior al sistema de economía planificada del socialismo.(4) Además, a continuación demuestro que el egoísmo universalizable no lleva a una sociedad mejor.

La Teoría del Equilibrio de Nash demuestra matemáticamente que lo mejor para la sociedad no es el egoísmo universalizable, sino la cooperacion coordinada. Como expliqué antes, el «egoísmo racional» afirma erróneamente que el egoísmo universal es racional y ADEMAS afirma que el egoísmo universal crea un mundo mejor para todos. Sin embargo, el la teoría del equilibrio de Nash demuestra que el egoísmo universal no crea un mundo mejor. El equilibrio de Nash, en la teoría de juegos, es un “concepto de solución” para juegos con dos o más jugadores que demuestra que para maximizar las ganancias de todos no hay que competir, sino cooperar de manera coordinada. Un ejemplo de aplicación del equilibrio de Nash es el dilema del prisionero:


Además, aunque el mayor bien para uno mismo se obtuviera actuando de manera egoísta, ya sea individualmente o mediante colusión, en lugar de actuando cooperativamente(2), eso seguiría siendo irracional, pues se antepondría el sentimiento de amor a uno mismo sobre los intereses legítimos de otros individuos. Además, se buscaría maximizar el bien de manera parcial en uno mismo, en lugar de maximizarlo de manera absoluta en todos.