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21 dic. 2015

ARGUMENTO:
“Debemos respetar las especies y los ecosistemas sobre los sujetos”

RESUMEN: ¿Qué es el ecologismo? ¿qué es el ecocentrismo? ¿debemos dar prioridad a los ecosistemas y a las especies sobre los intereses de las personas? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

El ecocentrismo es el criterio según el cual las «especies» y los «ecosistemas» son los «seres» que pertenecen a la categoría ética de «seres a respetar», subordinando a los demás seres a la conservación de dichos «seres» abstractos. La puesta en práctica de la idea del ecocentrismo se llama ecologismo. Actualmente, el 99,99% de personas que se autodenominan «ecologistas» realmente no lo son. El ecocentrismo parece descansar en la idea de que existe un «equilibrio en la naturaleza» que es sostenido por las especies y los ecosistemas. La idea de que existe un «equilibrio en la naturaleza» que es sostenido por las especies y los ecosistemas queda rebatida por el hecho de que todo es naturaleza y de que el «equilibrio de la naturaleza» es un mito religioso, no existe ningún equilibrio en el todo. Si un ecosistema y una especie tienen valor es porque contienen seres con valor intrínseco, es por esta razón por la que los ecosistemas y las especies están subordinadas a los intereses de dichos individuos, y no al revés. El deber se origina en los seres que tienen intereses, no de la arbitrariedad de los ecologistas.

Palabras clave: biocenosis, ecocentrismo, ecologismo, holismo

Algunas personas creen erróneamente que defender a los animales es ecologismo. La diferencia entre ecologismo y animalismo es que mientras que el ecologismo se preocupa por lo que les ocurre a especies y a ecosistemas como un todo, el animalismo se preocupa por lo que les ocurre a animales concretos, más allá de la especie humana. El animalismo que se origina desde el antropocentrismo pide que se respete el derecho a la salud/vida de algunos animales, especialmente se refieren a perros, gatos, toros, etc. El animalismo que se origina desde el sensocentrismo pide que se respete a todos los animales, como seres sintientes que son; esta idea lleva por coherencia a la práctica del veganismo. Podemos afirmar que los veganos son animalistas coherentes. Por ejemplo, Óscar Horta en su artículo «Tomándonos en serio la consideración moral de los animales: más allá del especismo y el ecologismo» explica la diferencia entre animalismo y ecologismo de la siguiente manera:

“Hemos visto las razones por las cuales hemos de considerar moralmente de modo pleno a todos los animales sintientes. Lo novedoso de esta posición hace que mucha gente, no familiarizada con los argumentos arriba presentados, pueda entender que esta es una posición de carácter ecologista, o semejante a esta. Ésta es, sin embargo, una CONFUSIÓN MAYÚSCULA. Como veremos, ambas posturas se encuentran en polos opuestos en lo que toca tanto a los principios en los que se basan como a las consecuencias que prescriben. Mientras los críticos del especismo se centran en la capacidad de sufrir y disfrutar, los éticos medioambientales dan valor intrínseco bien a las especies o a los ecosistemas en conjunto, como sucede en el caso de las posiciones denominadas “holistas” –como ha sostenido Callicott (1989)–, bien a todos los seres vivos, como ocurre con las posiciones denominadas “biocentristas” –que han defendido teóricos como Goodpaster (1978) o Taylor (1986)–.[…]” — Óscar Horta, «Tomándonos en serio la consideración moral de los a nimales: más allá del especismo y el ecologismo»

La mayoría de las personas que se autodenominan «ecologistas», realmente no lo son. El ecocentrismo es el criterio según el cual las «especies» y los «ecosistemas» son los «seres» que pertenecen a la categoría ética de «seres a respetar», subordinando a los demás seres a la conservación de dichos «seres» abstractos. La puesta en práctica de la idea del ecocentrismo se llama ecologismo. Actualmente, el 99,99% de personas que se autodenominan «ecologistas» realmente no lo son pues, tanto en la teoría como en la práctica, no dan preferencia a las especies y a los ecosistemas sobre los seres vivos concretos que componen esas categorías, sino que dan preferencia a los intereses humanos sobre la conservación de especies y de ecosistemas, es decir, su práctica del «ecologismo» no parte del ecocentrismo, sino del antropocentrismo: primero dan preferencia a los intereses humanos, luego se la dan a los ecosistemas y a las especies, y por último se la dan al resto de seres vivos. La inmensa mayoría de los actuales «ecologistas» no son ecologistas porque no son ecocentristas, sino que son antropocentristas que practican un humanismo con preocupaciones ambientales y que, debido al agrietamiento intelectual del antropocentrismo, cada vez tienen más preocupaciones animalistas, por ejemplo rechazando la tauromaquia, etc. Por ejemplo, Javier Yanes en su artículo «El ecologismo no debe caer en la trampa animalista» defiende un «ecologismo» contaminado por el antropocentrismo; artículo al que posteriormente respondió Óscar Horta con su artículo «Atacando a la defensa de los animales desde el ecologismo». A estos «ecologistas» les respondemos en otros artículos, pues son antropocentristas[1].

Los ecologistas reales dan preferencia a la conservación de las especies y de los ecosistemas sobre los seres vivos, incluido el ser humano. Uno de los pocos representantes del ecocentrismo, y que por lo tanto defiende un ecologismo real, es Pentti Linkola, fundador de la fundación ecologista Finnish Nature Heritage Foundation. Linkola mantiene una posición consistente centrada en principios ambientalistas, sin subordinarla a planteamientos antropocéntricos como hace el «ecologismo» predominante hoy en día(1). Por lo tanto, Linkola da prioridad a la conservación de los ecosistemas y de las especies sobre el respeto a los individuos, independientemente de que estos individuos sean de la especie humana o de otras especies. Según Linkola, el crecimiento poblacional de la especie humana es la mayor amenaza para los ecosistemas y especies en la Tierra. Para mantener el planeta con vida, Linkola defiende la reducción de la población humana -u homo destructivus, como él los llama-, incluso de manera violenta, hasta que las cifras de población globales estén al mínimo. La metáfora que emplea es la siguiente: «¿Qué se puede hacer cuando un barco que transporta cien pasajeros naufraga y sólo hay disponible un bote salvavidas con capacidad para diez personas? Cuando el bote esté completo, aquellos que odian la vida intentarán cargarlo con más personas y acabarán hundiéndolo. Aquellos que aman la vida tomarán un hacha del barco y cortarán las manos de aquellos que se aferran a los costados del bote». En mayo de 1994, un artículo de Linkola publicado por el The Wall Street Journal Europe recibió una montaña de correos de lectores indignados. En una de esas cartas se leía: «Aquellos que abogan sinceramente por la despoblación deberían dar ejemplo y comenzar esta despoblación por ellos mismos». La respuesta de Linkola fue: «Me sacrificaría a mí mismo sin dudarlo si mi muerte conllevase la eliminación de millones de personas». El ecocentrismo parece descansar en la idea de que existe un «equilibrio en la naturaleza» que es sostenido por las especies y los ecosistemas. Es a los ecologistas reales (ecocentristas) a quienes vamos a responder.

Formulamos de forma más clara el argumento que utilizan dichas personas. Las premisas y la conclusión serían las siguientes:

ARGUMENTO ECOLOGISTA:

(P1) Las especies y ecosistemas mantienen el equilibrio de la naturaleza.
(P2) Se deben respetar los ecosistemas y las especies por encima de los individuos.
(C) Es éticamente correcto explotar y matar a otros, según el orden «natural».

Este argumento puede rebatirse de las siguientes maneras:


PREMISA (P1): Las especies y ecosistemas mantienen el equilibrio de la naturaleza

Linkola y otros ecologistas hablan de «la armonía que existe en la naturaleza», de «un equilibrio que subyace en todo» y que es sostenido por las especies y por los ecosistemas. La idea de que existe un «equilibrio en la naturaleza» queda rebatida por el hecho de que todo es naturaleza[2] y de que el «equilibrio de la naturaleza» es un mito religioso, no existe ningún equilibrio en el todo[3].

PREMISA (P2): Se deben respetar los ecosistemas y las especies por encima de los individuos

Los ecosistemas y las especies no tienen intereses, por lo tanto, no tienen valor intrínseco. Un ser tiene valor intrínseco cuando se puede valorar a sí mismo, para lo cual es necesario que tenga interés en ello, y esto sólo es posible si tiene una conciencia. Ni los ecosistemas ni las especies tienen intereses, pues son abstracciones o conceptos, son conjuntos, por lo tanto, ambos carecen de valor intrínseco. Si un ecosistema y una especie tienen valor es porque contienen seres con valor intrínseco, es por esta razón por la que los ecosistemas y las especies están subordinadas a los intereses de dichos individuos, y no al revés. El deber se origina en los seres que tienen intereses[4], no de la arbitrariedad de los ecologistas.

Es cierto que la superpoblación supone un peligro para el derecho a la salud/vida de los seres sintientes. Parece que el medio más efectivo para lograr la reducción de la población mundial es la concienciación, unida ésta a medidas políticas que presionen hacia dicha dirección en lugar de hacia el fomento de la natalidad[5].

CONCLUSIÓN (C): Es éticamente correcto explotar y matar a otros, según el orden «natural»

No podemos llegar a la conclusión de que sea éticamente correcto explotar y matar a otros, según un supuesto orden o equilibrio «natural», debido a que las especies y los ecosistemas no tienen valor intrínseco, sino que lo tienen los seres que tienen una conciencia, por lo que no se pude deducir ningún deber de su existencia.