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6 nov. 2016

ARGUMENTO:
“La defensa propia y el castigo son éticamente incorrectos, por tanto no debemos defendernos ni castigar”

RESUMEN: ¿Qué es la defensa propia? ¿se debe castigar a quien viola una norma? ¿qué es la Justicia? Éstas son las principales preguntas a las que aquí se deben responder.

Es importante no confundir prohibición con castigo. Mientras que la prohibición quiere decir que «algo no se debe hacer», el castigo tiene que ver con la violación de las normas. La defensa y el castigo son acciones éticamente incorrectas, pero sólo podemos llegar a la conclusión de que no debemos defendernos ni castigar si no somos consecuencialistas. Quienes somos consecuencialistas, podemos justificar éticamente la defensa y el castigo en base a que estimamos que si «no hacemos nada» (no defendiéndonos y no castigando) eso tendrá unas peores consecuencias éticas que si nos defendemos y/o castigamos. La cuestión entonces es saber si defendernos y castigar tiene mejores consecuencias que no hacerlo. Si hoy no castigamos a nadie sabemos que seguirán existiendo agresiones y asesinatos: eliminar el castigo no reduce la criminalidad. Por contra, las personas que agreden y asesinan a otros se sentirían más seguras si saben que nadie les rendirá cuentas por sus malas acciones.

Palabras clave: autoridad, castigo, coacción, defensa propia, justicia, no violencia, violencia

Es importante no confundir una prohibición con un castigo. Una prohibición es una norma que quiere decir que «algo no se debe hacer» y el castigo tiene que ver con lo que debe ocurrir si una persona quiere violar o viola una norma. Por ejemplo, la norma «no se debe matar a los demás» es una prohibición, y el castigo se refiere a que debe ocurrir si una persona quiere matar o mata a otra. En un artículo anterior denunciamos la falacia de la libertad y vimos que debe haber prohibiciones[1], y en este artículo vamos a a tratar el tema de si debe haber castigo para quien viola una norma.


Algunas personas dicen que como la Regla de Oro de la Ética es «a priori, los intereses no deben ser frustrados» entonces la defensa y el castigo son acciones éticamente incorrectas, por lo tanto no debemos defendernos ni castigar. Es cierto que la defensa y el castigo son acciones éticamente incorrectas porque frustran los intereses del agresor y por lo tanto la Regla de Oro[2]. Aquí aparece la importancia del «a priori» que contiene la Regla de Oro: el consecuencialismo. El consecuencialismo reconoce que la realidad es que también existe una relación causa-efecto entre lo que se elige no hacer y lo que ocurre[3]. Por lo tanto, debemos hacer cualquier cosa («un fin justo justifica los medios») que estimemos que tendrá las consecuencias menos malas para el avance de la Ética. Quienes somos consecuencialistas podemos justificar éticamente la defensa y el castigo porque estimamos que si no nos defendemos y si no castigamos entonces eso tendrá unas peores consecuencias éticas que si nos defendemos y/o castigamos. Quien rechaza el consecuencialismo no puede justificar éticamente la defensa propia (y ajena) ni el castigo, por lo que para ser coherente con sus erróneas ideas no debería defenderse ni castigar, independientemente de cuál sea el fin, pues considera que «el fin no justifica los medios».

Algunas personas rechazan el consecuencialismo afirmando que «el fin no justifica los medios», pero dicen que «es éticamente correcto defenderse». Estas personas defienden ideas contradictorias, son incoherentes, por lo tanto se contradicen a sí mismas. Algunas de estas personas, para evitar la contradicción, dicen que «la defensa propia debe hacerse de manera no violenta». Por ejemplo, Luis Tovar en su blog Filosofía Vegana, dice en un comentario: «La defensa propia no tiene por qué ser contraria a la ética en modo alguno. Ni tampoco tiene que implicar faltar al respeto de nadie. La defensa propia puede respetar al agresor y al mismo tiempo evitar su agresión. Todo depende de cómo se haga. Existen muchas formas de defensa propia que son no-violentas y se limitan a reducir al agresor sin hacerle daño». Por lo tanto, según estas personas, quien no conoce técnicas de «defensa no violenta», y no puede huir, debe permitir que le agredan; y si vemos a un terrorista disparando a gente, no debemos pegarle un tiro sino dejar que mate a más personas hasta que nos abalancemos sobre él para «inmovilizarle de manera no violenta». Si bien es cierto que debemos intentar defendernos y defender a los demás de manera no violenta, si es necesario está justificada la defensa violenta, dependiendo de las consecuencias que se estimen.

Algunas personas que aceptan el consecuencialismo dicen que la defensa no debe hacerla una organización como es el Estado. A veces no nos queda otra que defendernos solos, pero puede ser insuficiente. Por lo tanto es lógico que sea necesaria una fuerza social que defienda a quienes son víctimas de la agresión; a esta fuerza social la vamos a llamar «fuerzas de seguridad». Algunas personas reconocen que lo ideal es que existan «fuerzas de seguridad», pero dicen que deben ser asamblearias, es decir, 100% democráticas, lo que implica no delegar ninguna decisión a ningún miembro de dichas «fuerzas de seguridad» (lo cual puede llegar a ser ineficiente). Para que hay más democracia es necesario contar con los medios materiales y técnicos que lo hagan posible. Mientras tanto se hace inevitable delegar cierto poder a representantes de las «fuerzas de seguridad» que pudieran ser elegidos y expulsados mediante una asamblea. El problema con las fuerzas de seguridad del Estado no es que sean las fuerzas de seguridad de una enorme organización social, sino que no son democráticas, pues sus representantes (coroneles, generales, etc.) son elegidos a dedo para asegurar el control ideológico dentro de la Policía y del Ejército.

Algunas personas dicen que tenemos derecho a defendernos, incluso usando la violencia si es necesario, pero dicen que no se debe castigar y por lo tanto rechazan la existencia de leyes legales. Un ejemplo de esto puede leerse en el comunicado de los anarquistas que convocaron una manifestación antiespecista el 5 de noviembre de 2016, rechazando que se uniera el Partido Animalista PACMA a la misma: «No creemos en leyes que nos impongan formas de pensar y actuar. Entendemos que la libertad del resto de animales va de la mano a un rechazo consciente de la injusticia. De un posicionamiento político que involucre nuestras vidas y no dependa de crear un miedo social a través de penas o prohibiciones. Entendemos que la vida misma es política, no entendemos la política institucional impuesta desde unos pocos y a base de pactos y reformas». Estas personas no explican por qué tenemos derecho a defendernos, incluso usando la violencia. En cambio dicen que no se debe castigar a nadie, y dicen que el castigo es «venganza» para darle una mayor connotación negativa. Por su oposición al castigo, es habitual oírles decir que no debe haber cárceles. La razón que dan para oponerse al castigo es acusar a la sociedad de hacer a las personas malas, pero eso sólo explicaría las causas del mal, no respondería a qué hacer con quienes agreden y asesinan hoy. Otras de estas personas imaginan una sociedad futura en la que las personas no cometen delitos (genial), pero a partir de ello deducen que hoy no debe haber cárceles, por lo que estas personas usan la falacia del argumento de la potencialidad, dicen: como en una sociedad justa futura las personas supuestamente serían buenas entonces hoy debemos tratarlas como si fueran buenas. La realidad es que si una persona quiere hacer algo que es legal entonces lo hará. En cambio, si quiere hacer algo que es ilegal entonces pondrá «a un lado de la balanza» el beneficio que va a obtener haciéndolo y en «el otro lado de la balanza» pondrá el castigo que padecería si le pillaran: lo hará o no lo hará. Por lo tanto sólo por el hecho de que haya un castigo se reduce el número de delitos (a no ser que el castigo sea irrisorio), lo cual implica mejores consecuencias éticas y ese es nuestro deber. Por lo tanto si dejamos de castigar entonces aumentará la criminalidad. Como estimamos que castigar tiene consecuencias menos malas que no castigar entonces debemos castigar. El castigo no se debe ejercer de manera individual y arbitraria, sino de manera colectiva mediante tribunales de Justicia que apliquen leyes iguales para todos. La criminalidad no se reduce eliminando el castigo, sino mediante una educación pública que enseñe Ética. A continuación se analiza el sistema de castigo carcelario y un sistema de castigo no carcelario, pudiendo haber otros no analizados:

Sistema de castigo carcelario. El castigo más adecuado en algunos casos es retener al culpable en una prisión, reduciendo su libertad de movimiento y de relacionarse con otros, durante el tiempo necesario -sin limitaciones- para que otras personas sepan que agredir no sale gratis. Esto no excluye que los presos reciban un buen trato en prisión y a que se intente cambiar su actitud, dependiendo del caso.

Sistema de castigo no carcelario: sistema de castigo basado en puntos. Se comienza con 100 puntos y se informa a los ciudadanos de que si llegan a 0 puntos serán ejecutados con el menor sufrimiento posible. Los delitos más graves serían los que más puntos restarían o directamente restarían los 100 puntos. Los delitos menos graves restarían menos puntos o ninguno. Esto se complementaría con la sanción económica correspondiente, con la realización de cursos de rehabilitación y con trabajos para la comunidad, según el delito cometido. La reincidencia en un delito sería un agravante a la hora de perder puntos. De esta manera no serían necesarias las cárceles. Si la pena de muerte no disuade eso quiere decir que a dichas personas no las frena nada, por lo que si siguen existiendo seguirían cometiendo crímenes, excepto si se puede cambiar su actitud mediante la educación.