20 de junio de 2017

ARGUMENTO:
"Debemos extinguir a los animales domésticos"

RESUMEN: ¿Debemos extinguir a los animales domésticos? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Los animales domésticos pueden satisfacer sus intereses fundamentales dependiendo de los humanos, y no hay nada malo en dicha dependencia. Por lo tanto, no tiene sentido plantear que los animales domésticos vivan de manera salvaje, pues además se enfrentarían a peligros que pueden frustrar sus intereses fundamentales, incluso frustrar ellos los de otros. No existe ninguna razón para extinguir a los animales domésticos, excepto si una raza presenta problemas congénitos de salud.

Palabras clave: animales domésticos, dependencia

En otro artículo demostré que para salvar la vida de los animales domésticos que hay en las perreras debemos adoptarlos, no comprarlos[1].

El veganismo es poner en práctica la idea ética de respetar a los demás seres sintientes. Por lo tanto, uno de los problemas es que los seres sintientes mueran, no que no se puedan reproducir.

Algunas personas dicen que «los animales domésticos (perros, gatos, vacas, cerdos, gallinas, etc.) pueden ser felices viviendo con los humanos, pero deberíamos extinguirlos porque ese tipo relación no es "natural" o "normal"». Por ejemplo, Gary Francione dice en su artículo «“Pets”: The Inherent Problems of Domestication» lo siguiente: «Podemos hacerlos felices en un sentido, pero la relación nunca puede ser "natural" o "normal". No pertenecen a nuestro mundo, independientemente de lo bien que los tratamos». En otro artículo demostré que todo lo existente es natural[2]. Además, la convivencia entre humanos y animales domésticos es normal, pues está normalizada, y aunque fuera un hecho minoritario, es una falacia decir que por hacerlo una minoría es éticamente incorrecto[3].

Algunas personas dicen que «deberíamos extinguir a los animales domésticos (perros, gatos, vacas, cerdos, gallinas, etc.) porque dependen de los humanos». Por ejemplo, Gary Francione en su artículo «“Pets”: The Inherent Problems of Domestication» defiende la extinción de los animales domésticos porque dependen de los humanos, aunque no especifica cómo hacerlo: «Los animales domésticos dependen de nosotros para todo lo que es importante en sus vidas: cuándo y si comen o beben, cuándo y dónde duermen o se alivian, si reciben afecto o ejercicio, etc. Aunque se podría decir lo mismo acerca de los niños humanos, un abrumador número de niños humanos maduran para convertirse en seres autónomos e independientes». Considerar éticamente incorrecto que unos individuos sean dependientes de la ayuda de otros, implica considerar éticamente incorrecta la infancia y por lo tanto el nacimiento. Algunas personas responden a esto diciendo que «los años de dependencia en la etapa infantil son temporales», sin embargo toda dependencia es temporal, pues la vida de los seres sintientes está limitada en el tiempo. La realidad es que la etapa de la vida en la que somos más dependientes de otros puede ser muy satisfactoria, por lo tanto dicha etapa de la vida no es mala per se, no es éticamente incorrecta. Ser dependiente de la ayuda de otros no implica ser maltratado por acción u omisión, así como «no ser dependiente» no implica ser respetado ni poder defenderse satisfactoriamente en todos los casos.

Algunas personas dicen que «deberíamos "soltar" a los animales domésticos (perros, gatos, vacas, cerdos, gallinas, etc.) en los campos y bosques para que se asilvestraran». Los animales domésticos pueden tener vidas plenas junto a humanos, no prefieren vivir en campos y bosques, ni sería lo mejor para ellos. Muchos podrían acabar de nuevo en perreras, morir de enfermedades, hambre sed, frío o ser atropellados y producir un accidente de tráfico. Independientemente de las consecuencias que produjera dicha «reinserción» (es un abandono), las condiciones de vida de un animal doméstico abandonado son peores que las condiciones que puede tener viviendo junto a humanos en un lugar adecuado a sus necesidades. Debemos habilitar espacios para que los animales domésticos puedan satisfacer sus intereses de movimiento, de relación con otros animales de su propia especie, de alimento, de medicinas, etc.

Excepto casos de razas con problemas congénitos, no existe la necesidad de extinguir a los animales domésticos. En diciembre de 2011, se publicó el libro «Zoopolis: A Political Theory of Animal Rights», cuyos autores, Sue Donaldson y Will Kymlicka, defienden que el necesario cese total de la explotación animal no tendría que suponer necesariamente la extinción de los animales domésticos. Es cierto que los animales domésticos no tienen el interés de existir como especie, pues desconocen qué es una especie, sino que tienen el interes de seguir viviendo. Aunque a los animales domésticos no les importe que su especie se extinga, existen humanos que no quieren que eso suceda y no hacen mal a nadie por evitar dicha extinción. La extinción de los animales domésticos tendría como consecuencia la eliminación de los fuertes lazos emocionales que los humanos mantienen con ellos, dificultando el desarrollo de la empatía de quienes son humanos hacia quienes no lo son. La existencia de animales domésticos facilita que los humanos comprendan que deben respetarles. Sólo los individuos de algunas razas de animales domésticos mal diseñadas por los humanos presentan problemas de salud congénitos; en estos casos no debería de permitirse que estos seres con defectos genéticos se reprodujeran, para así evitar problemas de salud y sufrimiento a su posible descendencia.