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12 jun. 2010

LIBRO:
Ponerología política: una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos (Andrew M. Lobaczewski, 1998) (Parte 1)

Por Andrew M. Lobaczewski.
Con comentario y material adicional citado por Laura Knight-Jadczyk.
28 de noviembre de 2005.



Presentación de la obra de Andrew Lobaczewski sobre la
psicopatía y la patocracia, el mal macrosocial. (Link)


PARTE 1

El libro de Andrew M. Lobaczewski ya está disponible en la Red Pill Press, ahora en formato impreso y como libro electrónico.

Este artículo consiste en 2 partes. Debo hacerle saber al lector que lo verdaderamente bueno está en la segunda parte, ¡así que no lo salte!

"La patocracia es una enfermedad de grandes movimientos sociales seguidos por sociedades enteras, así como naciones e imperios. Durante el transcurso de la historia de la humanidad, ha afectado a movimientos sociales, políticos y religiosos, al igual que a las ideologías que la acompañan, y los ha convertido en caricaturas de ellos mismos. Esto ocurrió como resultado de la participación de agentes patológicos en un proceso patodinámico similar. Esto explica porqué todas las patocracias del mundo son, o han sido, tan similares en sus propiedades esenciales.

Identificar estos fenómenos a lo largo de la historia y calificarlos adecuadamente según su verdadera naturaleza y contenidos –y no según la ideología en cuestión, la cual sucumbió al proceso de caricaturización– es un trabajo de historiadores. […]

Las acciones de [la patocracia] afectan a la sociedad entera, comenzando por los líderes e infiltrándose en cada pueblo, negocio e institución. La estructura social patológica cubre gradualmente todo el país, creando una “nueva clase” dentro de la nación. Esta clase privilegiada [de patócratas] se siente permanentemente amenazada por los “otros”, es decir, por la mayoría de la gente". Andrew M. Lobaczewski, Ponerología Política. Una ciencia de La Naturaleza del Mal ajustada a Propósitos Políticos (Political Ponerology. A Cience of the Nature of Evil adjusted for Political Purposes)

La palabra “psicópata” evoca generalmente imágenes del apenas moderado – si bien es sorprendentemente urbano – Dr. Hannibal Lecter de la película “El Silencio de los Corderos”. Admito que esta fue la imagen que se me venía a la mente cada vez que escuchaba esta palabra. Pero estaba equivocada, y tuve que aprender esta lección de una manera bastante dolorosa a través de mi experiencia directa. Los detalles exactos están escritos en una crónica en otro lugar; lo importante es que esta experiencia fue probablemente uno de los episodios más dolorosos e instructivos de mi vida, y que me permitió superar un bloqueo en mi conciencia del mundo que me rodea y de los que habitan en él.

En lo que se refiere a los bloqueos en la conciencia, es menester dejar en claro que he pasado 30 años estudiando psicología, historia, cultura, religión, mitos y lo que se llama paranormal. También he trabajado con la hipnoterapia durante muchos años – lo que me aportó un muy buen conocimiento mecánico de cómo la mente/el cerebro de los seres humanos opera a niveles muy profundos. Pero así y todo, todavía estaba operando con ciertas creencias firmemente arraigadas en su lugar, que fueron destruidas por mi investigación sobre la psicopatía. Me di cuenta de que había una cierta serie de ideas que mantenía sobre los seres humanos, que eran sacrosantas. Una vez hasta escribí acerca de esto de la siguiente manera:

… mi trabajo me ha demostrado que la gran mayoría de la gente desea hacer el bien, experimentar cosas buenas, tener buenos pensamientos, y tomar decisiones con buenos resultados. ¡Y tratan con todas sus fuerzas de que así sea! Con la mayoría de la gente sintiendo este deseo interno, ¿por qué diablos es que eso no sucede?

Fui ingenua, lo admito. Hay muchas cosas que no sabía y que he aprendido desde que escribí esas palabras. Pero hasta en aquél tiempo era conciente de cómo nuestra propia mente puede ser usada para engañarnos.

Ahora veamos, ¿qué creencias mantenía que me convirtieron en víctima de un psicópata? La primera y más obvia es que creía sinceramente que muy por dentro, todas las personas son básicamente “buenas” y que “quieren hacer el bien, experimentar cosas buenas, tener buenos pensamientos, y tomar decisiones con buenos resultados. Y que tratan con todas sus fuerzas de que así sea…”.

Sucede que esto no es cierto, tal y como yo – y todos los involucrados en nuestro grupo de trabajo – aprendimos para nuestra propia congoja, como dicen algunos. Pero también aprendimos para nuestra edificación. Para poder llegar a una cierta comprensión del tipo exacto de personas que podían hacer lo que me habían hecho (y a otros seres cercanos a mí), y porqué se sentían motivados – y hasta impulsados - a comportarse de esta manera, comenzamos a investigar la literatura sobre la psicología, para encontrar pistas, porque necesitábamos entenderlo para nuestra propia tranquilidad.

Si existe una teoría psicológica que pueda explicar un comportamiento vicioso y dañino, el poseer esta información es de mucha ayuda para la víctima de tales actos, para que no tenga que pasarse todo el tiempo sintiéndose herida o enojada. Y desde luego, si hay una teoría psicológica que ayude a la persona a encontrar qué tipo de palabras o actos pueden crear un puente en el abismo entre la gente, curar malos entendidos, este también es un objetivo que merece la pena. Es desde tal perspectiva que comenzamos nuestro arduo trabajo sobre los temas del narcisismo, lo que nos llevó al estudio de la psicopatía.

Por supuesto, no empezamos con tal “diagnóstico” o etiqueta sobre lo que estábamos presenciando. Comenzamos por observaciones, y buscamos en la literatura pistas, perfiles, cualquier cosa que pudiese ayudarnos a entender el mundo interior del ser humano – en realidad, de un grupo de seres humanos – que parecían completamente depravados y que no se asemejaban en nada a todo aquello con lo cual nos habíamos encontrado antes.

Imagine -si puede- no tener una conciencia, ninguna en absoluto, ningún sentimiento de culpa o de remordimiento, sin importar lo que haga, ningún sentido de preocupación por el bienestar de gente ajena, amigos, o hasta miembros de su familia, que pueda limitarlo. Imagine no vivir ninguna lucha contra la vergüenza, ni siquiera una en toda su vida, sin importar qué clase de acción egoísta, perezosa, dañina o inmoral usted haya realizado.

Y finja que el concepto de responsabilidad le es desconocido, excepto como una carga que otros parecen aceptar sin discutir, como tontos crédulos.

Ahora agregue a esta fantasía extraña la capacidad de esconderle a la gente que su psicología es radicalmente diferente a la suya. Puesto que todos asumen simplemente que la conciencia es universal entre seres humanos, ocultar el hecho de que usted no tiene conciencia no necesita casi ningún esfuerzo de su parte.

No es frenado de ninguno de sus deseos por culpabilidad o vergüenza, y otros nunca lo enfrentan por su sangre fría. El agua congelada en sus venas les es tan extraña, tan totalmente fuera de su experiencia personal, que raramente llegan a conjeturar siquiera sobre su condición.

En otras palabras, usted está totalmente libre de restricciones internas, y su libertad desenfrenada para hacer lo que le apetezca, sin remordimientos de conciencia es, favorablemente para usted, invisible al resto del mundo.

Usted puede hacer cualquier cosa, y aun así su extraña ventaja sobre la mayoría de la gente, que está en linea con sus conciencias, seguirá muy probablemente sin ser descubierta.

¿Como vivirá usted su vida?

¿qué hará con su ventaja enorme y secreta, y con la incapacidad correspondiente de la gente (conciencia)?

La respuesta dependerá en gran parte de tan sólo lo que sus deseos terminen siendo, porque no toda la gente es igual. Incluso los extremadamente inescrupulosos no son todos iguales. Alguna gente – así tengan o no una conciencia - honran la tranquilidad de la inercia, mientras que otras se llenan de sueños y de ambiciones salvajes. Algunos seres humanos son brillantes y talentosos, algunos son poco despiertos, y la mayoría, con o sin conciencia, se encuentran en algún lugar en medio. Hay gente violenta y no violenta, individuos a quienes los motiva el ansia de la sangre y otros que no tienen tal apetito. [... ]

Siempre y cuando no lo paren por la fuerza, usted puede hacer todo lo que quiera.

Si nace en el momento correcto, con un cierto acceso a alguna riqueza familiar, y poseyendo un talento especial para avivar el odio de la gente y el sentido de la pérdida, se las puede arreglar para matar a una gran cantidad de gente que ni lo sospeche siquiera. Con bastante dinero, usted puede lograr esto a distancia, y descansar con confianza observando todo con satisfacción. [... ]

Loco y espantoso - y verdadero, en aproximadamente un 4 por ciento de la población...

La tasa predominante de los desórdenes alimenticios anoréxicos se estima en un 3.43 por ciento, y se los juzga como casi epidémicos, pero esta cifra es una fracción más baja que la tasa de personalidad antisocial. Los desórdenes prominentes clasificados como esquizofrenia ocurren en solamente un 1 por ciento de [la población] – apenas un cuarto del índice de la personalidad antisocial - y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades dicen que el índice del cáncer de colon en los Estados Unidos, considerado como "alarmantemente alto," es aproximadamente de 40 por cada 100.000 – cien veces más bajo que el índice de la personalidad antisocial.

La gran incidencia de la sociopatía en la sociedad tiene un efecto profundo en el resto de nosotros, quienes también debemos vivir en este planeta, e incluso para los que no hemos sufrido trastornos clínicos. Los individuos que constituyen este 4 por ciento agotan nuestras relaciones, nuestras cuentas bancarias, nuestras realizaciones, nuestra autoestima, nuestra mismísima paz en la tierra.

Sin embargo, sorprendentemente, mucha gente no sabe nada sobre este desorden, o si lo hacen, sólo piensan en términos de psicopatía violenta - asesinos, asesinos en serie, asesinos de multitudes - gente que visiblemente ha quebrantado la ley muchas veces consecutivas, y que, si son detenidos, serán encarcelados, incluso llevados a la muerte por nuestro sistema jurídico.

No estamos comúnmente enterados, y por lo general tampoco identificamos a la gran cantidad de sociópatas no violentos que se encuentran entre nosotros, gente que a menudo no son infractores descarados, y contra quienes nuestro sistema jurídico oficial proporciona poca defensa.

La mayoría de nosotros no podría imaginar ninguna correspondencia entre la concepción de un genocidio étnico y, por ejemplo, el hecho de mentirle a su jefe sobre un compañero de trabajo sin sentir culpa alguna. Pero la correspondencia psicológica no sólo está allí; es escalofriante. Sencillamente, la relación está en la ausencia del mecanismo interno que nos tortura emocionalmente cuando elegimos hacer algo que vemos como inmoral, falto de ética, negligente o egoísta.

La mayoría de nosotros se siente ligeramente culpable si se come el último trozo de torta que queda en la cocina, e imagínese pues lo que sentiríamos si nos pusiéramos a lastimar a otra persona a propósito y de manera metódica.

Los que no poseen absolutamente ninguna conciencia constituyen un grupo por sí solos, así sean tiranos homicidas o simplemente francotiradores sociales despiadados.

La presencia o la ausencia de conciencia son una seria división humana, y podría decirse que es más significativa que la inteligencia, la raza, o hasta el género.

Lo que diferencia a un sociópata que vive del trabajo de otros de alguien que roba de vez en cuando en almacenes, o de uno que es un barón contemporáneo de ladrones - o lo que hace la diferencia entre un simple matón y un asesino sociopático - no es nada más que el estatus social, el instinto, el intelecto, el ansia de la sangre, o la simple oportunidad.

Lo que distingue a toda esta gente del resto de nosotros es un agujero completamente vacío en la psique, en donde deberían estar las funciones de humanización más desarrolladas. [Martha Stout, Ph.D., The Sociopath Next Door (El Vecino Sociópata)] (Altamente recomendado).

Al principio de nuestro proyecto de investigación no corrimos con la ventaja del libro de la Dra. Stout. Sí teníamos, por supuesto, a Hare, Cleckley, a Guggenbuhl-Craig y a otros. Hay todavía más que han aparecido en los últimos años en respuesta a las preguntas formuladas por muchos psicólogos y psiquiatras acerca del estado del mundo y de la posibilidad de que haya alguna diferencia esencial entre gente como George W. Bush y muchos de los que son llamados Neocons, y el resto de nosotros.

El libro de la Dra. Stout contiene una de las explicaciones más largas sobre cómo ninguno de sus ejemplos se asemeja a ninguna persona real que haya leído. Y luego, en uno de los primeros capítulos, describe un caso “compuesto” en los que el niño pasó su infancia haciendo explotar sapos con petardos. Se sabe muy bien que George W. Bush hacía esto, entonces uno se pregunta efectivamente si…

En cada caso, hasta sin el trabajo de la Dra. Stout, al mismo tiempo que estudiábamos este asunto, nos dábamos cuenta de que lo que estábamos aprendiendo era muy importante para todos, porque a medida que los datos eran recogidos, veíamos que las pistas y los perfiles nos revelaban que los temas con que nos estábamos confrontando eran temas con los que todos se confrontaban en algún u otro momento, en alguna u otra medida. También comenzamos a darnos cuenta de que los perfiles que emergían también describen con bastante precisión a muchos individuos que buscan posiciones de poder en campos de autoridad, y especialmente en la política y el comercio. Esta idea realmente no es sorprendente, pero sinceramente no se nos había ocurrido hasta que vimos los patrones y que los reconocimos en comportamientos de muchas figuras históricas, y más tarde incluimos también a George W. Bush y a miembros de su administración.

Las estadísticas del día de hoy nos dicen que hay más gente enferma psicológicamente que sana. Si Usted toma un muestreo de individuos en un área determinada, es muy probable que encuentre que un número significante de entre ellos manifiesta síntomas patológicos en un mayor o menor grado. La política no es una excepción, y simplemente por su naturaleza, tendería a atraer a más “tipos dominadores” patológicos que otros campos. Esto no puede ser más que lógico, y empezamos a darnos cuenta de que, no solo era lógico, sino también espantosamente preciso; espantosamente porque la patología entre la gente de poder puede tener efectos desastrosos en toda la gente que se encuentra bajo el control de este tipo de individuos patológicos. Es así que decidimos escribir acerca de este tema y publicarlo en Internet.

A medida que subíamos el material, comenzaron a llegarnos cartas de lectores agradeciéndonos por haberle puesto un nombre a lo que estaba ocurriendo en sus vidas, y por haberlos ayudado a entender lo que estaba sucediendo en un mundo que parece haberse vuelto completamente loco. Empezamos a creer que esto era una epidemia, y en cierto modo teníamos razón, sólo que no de la manera en que lo creíamos. Si un individuo con una enfermedad altamente contagiosa trabaja en contacto con el público, el resultado es una epidemia. Del mismo modo, si un individuo que ocupa un cargo político de poder es un psicópata, él o ella pueden llegar a crear una epidemia de psicopatología en gente que no es, esencialmente, psicopática. Nuestras ideas concernientes a este tema serían confirmadas poco tiempo más tarde por una fuente inesperada. Recibí un e-mail de un psicólogo polaco quien escribió lo siguiente:

Estimados Señoras y Señores:

Tengo su Proyecto de Investigación Especial frente a mi computadora. Ustedes están realizando un trabajo de lo más importante y valioso para las naciones futuras. […]

Soy un psicólogo anciano. Hace cuarenta años formé parte de una investigación secreta sobre la verdadera naturaleza de la psicopatía del fenómeno macro-social llamado “Comunismo”. Los otros investigadores fueron los científicos de la generación previa, que ya han fallecido.

El estudio profundizado de la naturaleza de la psicopatía, que jugó un papel esencial e inspirador en este fenómeno macro-social psicopatológico, y que se distingue de otras anomalías mentales, resultó ser una preparación necesaria para entender la naturaleza completa del fenómeno.

La mayoría del trabajo que Uds. están realizando ahora, fue hecho en aquellos tiempos…

Yo les puedo proporcionar un documento científico muy valioso, útil para su propósito. Se trata de mi libro “Ponerología Política – Una ciencia de la naturaleza del mal adaptada a propósitos políticos” (Political Ponerology – A science of the nature of evil adjusted for political purposes). También pueden encontrar una copia de este libro en la Biblioteca del Congreso y en algunas bibliotecas universitarias y públicas en los Estados Unidos.

¿Serían tan amables de contactarme a fin de que pueda enviarles una copia por mail?

Los saludo muy atentamente.

Andrew M. Lobaczewski

Le escribí una respuesta de inmediato. Unas semanas más tarde, el manuscrito llegó al correo.

A medida que leía, me iba dando cuenta de que lo que tenía en mis manos era esencialmente una crónica del descenso al infierno, y el retorno triunfante al mundo con el conocimiento de lo que era el infierno no tenía precio para el resto de nosotros, especialmente en estos días en los que parece evidente que un infierno semejante se está desarrollando en nuestro planeta. Los riesgos tomados por el grupo de científicos que realizaron la investigación en la cual está basado este libro están por encima de la comprensión de la mayoría de nosotros. Muchos de ellos eran jóvenes, apenas empezando sus carreras cuando los Nazis comenzaron a marchar con sus cien botas militares a través de Europa. Estos investigadores tuvieron que pasar por esto, y cuando los Nazis fueron expulsados y remplazados por los Comunistas bajo el mando de Stalin, se enfrentaron con años de opresión cuyo parecido los que hoy día están eligiendo resistir al Reich de Bush no pueden siquiera imaginar. Y entonces, dado que ellos estuvieron allí, y que lo vivieron y trajeron información para el resto de nosotros, podría muy bien llegar a salvarnos la vida si trazáramos un mapa para guiarnos durante la obscuridad que está cayendo. Es dentro de este contexto que me gustaría plantear cómo el Dr. Lobaczewski discute sobre el valor de un estudio cuidadoso y clínico del mal en su libro, antes de que nos tornemos verdaderamente hacia el tema de la Ponerología:

La ciencia nueva es incalculablemente rica en detalles casuistas… Contiene conocimientos y una descripción del fenómeno dentro de las categorías del punto de vista lógico del mundo, correspondientemente modificado de acuerdo con la necesidad de entender [muchos] temas…

El desarrollo de esta familiaridad con este fenómeno se ve acompañado por el desarrollo del lenguaje comunicativo, por medio del cual la sociedad puede permanecer informada y emitir advertencias de peligro. Un tercer lenguaje aparece entonces al lado de la ambigüedad ideológica… En parte, pide prestados términos utilizados por la ideología oficial en sus significados transformados y modificados. Y por otra parte, este lenguaje opera con palabras adoptadas de bromas que circulan aún más rápido. A pesar de esta extrañeza, este lenguaje se convierte en un medio de comunicación útil y adopta un rol importante al regenerar lazos sociales. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos efectuados por parte de los hombres de letras y de los periodistas, este lenguaje sigue siendo sólo comunicativo por dentro; se vuelve hermético fuera del ámbito de este fenómeno, incomprensible para las personas que carecen de una experiencia personal apropiada. […]

Esta ciencia nueva, expresada en un lenguaje derivado de una realidad pervertida, es algo extraño para la gente que desea entender este fenómeno macro-social pero que piensa en las categorías de países del hombre normal. El intento por entender este lenguaje produce una cierta sensación de impotencia que da lugar a la tendencia a crear sus doctrinas propias, edificadas a través de conceptos del mundo personal y de una cierta cantidad de material de propaganda patocrática cooptada y apropiada. Tal doctrina –un ejemplo podría ser la doctrina Anti-Comunista Estadounidense– hace aún más difícil de comprender esa otra realidad. Ojala que la descripción objetiva comunicada aquí les permita vencer el callejón que ha sido engendrado así […]

Vale la pena resaltar el rol específico de ciertos individuos durante tales tiempos; participaron en el descubrimiento de la naturaleza de esta nueva realidad, y ayudaron a otros a encontrar el camino correcto. Tenían una naturaleza normal pero una infancia desafortunada, habiendo sido sujetos desde muy temprano a la dominación por parte de individuos con desviaciones psicopáticas, incluyendo el egoísmo psicopático y métodos para aterrorizar a otros. El nuevo sistema de liderazgo golpeó a esa gente como una multiplicación social a grande escala de lo que ya conocían a través de su experiencia personal. Desde el comienzo vieron entonces esta realidad mucho más prosaicamente, tratando inmediatamente esta ideología en concordancia con las historias paralogísticas bien conocidas por ellos, cuyo propósito consistía en disimular la amarga realidad de sus experiencias de juventud. Pronto alcanzaron la verdad, dado que la génesis y la naturaleza del mal son análogas, independientemente de la escala social en la que aparece.

Dicha gente es raramente comprendida en sociedades felices, pero se volvió útil; sus explicaciones y consejos demostraron ser exactos y fueron transmitidos a las otras personas que se unieron al trabajo en red de esta herencia falta de perspicacia. Sin embargo, su propio sufrimiento se duplicó, ya que era demasiado de un tipo de abuso similar con qué poder en una vida.

Por fin, la sociedad ve aparecer a individuos que han coleccionado una percepción intuitiva excepcional y un conocimiento práctico en el terreno de cómo piensan los patócratas y cómo tal sistema de reglas opera.

Algunos de ellos se vuelven tan competentes en el lenguaje pervertido del psicópata y en su idiomática que son capaces de utilizarlo como si fuera un idioma extranjero que han aprendido bien. Como deben descifrar las intenciones de los que están en el poder, ofrece seguidamente consejo a gente que está teniendo problemas con las autoridades. Estos defensores de la sociedad de gente normal, generalmente desinteresados, juegan un rol irremplazable en la sociedad. Los patócratas, sin embargo, nunca pueden aprender a pensar en categorías humanas normales. Al mismo tiempo, la habilidad para predecir las formas de reacción de este tipo de autoridad lleva a la conclusión de que el sistema es rígidamente causativo y falto de libre elección natural.

Una vez me transfirieron una paciente que había sido recluta en un campo de concentración Nazi. Volvió de tal infierno en condiciones excepcionalmente buenas, y tal es así que fue todavía capaz de casarse y de cargar con tres hijos. No obstante, sus métodos de crianza eran tan extremadamente tiranos que no podían sino asemejarse a la vida en el campo de concentración, tan obstinadamente severa en los ex-prisioneros. La reacción de los niños fueron protestas neuróticas y agresividad contra los otros niños.

Durante la psicoterapia de la madre, hicimos volver a su memoria las figuras de oficiales SS[2] hombres y mujeres, señalando sus características psicopáticas (dicha gente era principalmente recluta). Para poder ayudarla a eliminar el material patológico de su persona, la suministré con datos estadísticos concernientes a la apariencia de tales individuos dentro de la población en general. Eso la ayudó a alcanzar una visión más objetiva de esa realidad y a recobrar la confianza en la sociedad de gente normal. …

Paralelamente al desarrollo de un conocimiento práctico y de un lenguaje de comunicación interno/específico, otros fenómenos psicológicos cobran forma; son verdaderamente significativos en la transformación de la vida social bajo el mando patocrático, y es esencial discernirlos si alguien desea entender a individuos y naciones destinados a vivir bajo tales condiciones y evaluar la situación en la esfera política. Incluyen una inmunización psicológica de la gente y su adaptación a la vida bajo tales situaciones pervertidas.

Los métodos de terror psicológico (ese arte especialmente patocrático), las técnicas de arrogancia patológica, y el pisoteo seguro del alma de los demás trae tales efectos traumáticos al principio que privan a la gente de reaccionar de manera resuelta. Ya he alegado los aspectos psicofisiológicos de tales estados. Diez o veinte años más tarde, se puede reconocer un comportamiento análogo como la tan conocida bufonería y que no priva a la víctima de su capacidad para pensar y reaccionar decididamente. Sus respuestas son por lo general estrategias bien planeadas, provenientes de la posición de superioridad de una persona normal, y a menudo envueltas en ridiculez. Uno puede mirar a los ojos el sufrimiento y hasta la muerte con la calma requerida. Un arma peligrosa se resbala de las manos del que manda.

Debemos entender que este proceso de inmunización no es simplemente un resultado del aumento descrito anteriormente del conocimiento práctico del fenómeno macro-social. Es el efecto de un proceso estratificado, gradual, de desarrollo del conocimiento, de la familiarización con el fenómeno, la creación de los hábitos de reacción adecuados, de auto-control, trabajando al mismo tiempo en una concepción general y en principios morales. Luego de algunos años, los mismos estímulos que antes causaban una impotencia espiritual escalofriante o una parálisis mental, ahora provocan el deseo de hacer gárgaras con algo fuerte para poder así deshacerse de esta porquería.

Hubo un tiempo en el que mucha gente soñaba con encontrar alguna píldora que hiciera más fácil soportar el trato con las autoridades o asistir a las sesiones de adoctrinamiento forzado, por lo general presididas por un personaje psicopático. De hecho, algunos antidepresivos demostraron provocar los efectos deseados. Veinte años más tarde esto había sido completamente olvidado.

Cuando fui arrestado por primera vez en 1951, la fuerza, la arrogancia y métodos psicopáticos de confesión por la fuerza me privaron casi por completo de mis capacidades de auto-defensa. Mi cerebro dejó de funcionar luego de tan sólo unos días de arresto sin agua, a tal punto que ni siquiera podía recordar bien el incidente que había resultado en mi detención repentina. Ni siquiera estaba conciente de que ésta había sido intencionadamente provocada, ni de que las condiciones para permitir la auto-defensa existían en verdad. Me hicieron casi todo lo que quisieron.

Cuando fui detenido por última vez en 1968, fui interrogado por cinco funcionarios de la seguridad con una mirada feroz. En un cierto punto, después de haber considerado sus reacciones predichas, dejé que mi mirada fija se posara en cada cara de manera secuencial muy atentamente. El más importante me preguntó: “¿En qué estas pensando, bastardo, mirándonos así?” Yo respondí sin ningún miedo a las consecuencias: “Sólo me ando preguntando porque tantos de entre Ustedes con carreras dignas de caballeros terminan en un hospital psiquiátrico”. Se quedaron desconcertados por un tiempo, luego de lo cual el mismo hombre exclamó: “¡Porque éste es un maldito trabajo horrible!” “Yo opino que es justo lo contrario”, respondí calmamente. Después fui llevado nuevamente a mi celda.

Tres días más tarde tuve la oportunidad de volver a hablar con él, pero esta vez fue mucho más respetuoso. Después ordenó que me sacaran – afuera, según resultó ser. Viajé en travía a casa a través de un gran parque, siendo todavía incapaz de creer lo que veía. Una vez en mi habitación, me acosté en la cama; el mundo aún no era demasiado real, pero la gente exhausta se duerme rápido. Cuando desperté, dije en voz alta: “Querido Dios, ¡no se supone que tú estás a cargo de este mundo!”

En ese entonces, no sólo sabía que hasta ¼ de los oficiales secretos de la policía terminan en un hospital psiquiátrico. Sino que también sabía que su “enfermedad ocupacional” es la demencia congestiva que antes sólo podía encontrarse entre las viejas prostitutas. Uno no puede violar los sentimientos humanos naturales dentro suyo con impunidad, sin importar la clase de profesión que tenga. Desde ese punto de vista, el Camarada Capitán tenía razón. Al mismo tiempo, no obstante, mis reacciones se habían vuelto resistentes, muchísimo mejores que lo que había sido diecisiete años atrás.

Todas estas transformaciones del consciente y del inconsciente humano resultan en una adaptación individual y colectiva para vivir en tales sistemas. Bajo condiciones alteradas de limitaciones tanto materiales como morales, emerge una inventiva existencial que está preparada para superar muchas dificultades. También es creado un nuevo trabajo en red en la sociedad de gente normal para autoayuda y ayuda mutua.

Esta sociedad actúa conjuntamente y es conciente del estado de las cosas; comienza a desarrollar maneras de influenciar a varios miembros de la autoridad y a lograr objetivos que son útiles a nivel social. … Por consecuente, la opinión de que la sociedad se ve privada de toda influencia sobre el gobierno es inexacta. En realidad, la sociedad sí cogobierna hasta un cierto punto, a veces con éxito y a veces fracasando en su intento de crear condiciones de vida más tolerables. Esto, sin embargo, ocurre de una manera totalmente distinta de lo que sucede en países democráticos.

Estos procesos: la inmunización cognitiva y psicológica y la adaptación permiten la creación de nuevos vínculos interpersonales y sociales, que opera dentro del alcance de la gran mayoría que ya hemos llamado “la sociedad de gente normal.” Estos vínculos se extienden discretamente hacia el mundo de la clase media del régimen, dentro de la cual se encuentra gente a quien se le puede tener confianza hasta un cierto punto. …

El intercambio de información, las advertencias, y la asistencia abarcan toda la sociedad. Cualquiera que sea capaz de hacer esto ofrece ayuda a cualquier otra persona que se encuentre en problemas, por lo general de tal manera que la persona ayudada no sabe quién le brindó asistencia. Sin embargo, si él mismo provocó su mala suerte con su propia falta de cuidado prudente en lo que concierna a las autoridades, se encontrará con reproches y no con una asistencia oculta.

Es posible crear dichos vínculos porque la nueva división de la sociedad sólo aporta una consideración limitada a factores tales como el nivel de talento o de educación, o las tradiciones arraigadas a tales capas sociales. La reducción en las diferencias de prosperidad tampoco disuelven estos vínculos. Un lado de esta división contiene a todos aquellos con la cultura mental más elevada, gente común y corriente, intelectuales, especialistas de pensamiento inteligente, obreros, y paisanos reunidos por una protesta en común de su naturaleza humana contra la dominación de una experiencia y métodos gubernamentales Para humanos. Estos vínculos engendran una comprensión interpersonal y un sentimiento de compañerismo en gente y grupos sociales anteriormente divididos por diferencias económicas y tradiciones sociales. Los procesos mentales que sirven a estos vínculos poseen un carácter más psicológico, capaces de comprender las motivaciones de otros. Al mismo tiempo, el sujeto común y corriente retiene un respeto hacia gente que ha sido educada y que representa valores intelectuales. También aparecen algunos valores morales y sociales, y muchos de ellos resultan ser permanentes.

Sin embargo, la génesis de esta gran solidaridad interpersonal sólo se torna comprensible una vez que ya conocemos la naturaleza del fenómeno patológico macro-social que ocasionó la liberación de tales actitudes, completada con el reconocimiento de la humanidad propia y la de los otros. Otra reflexión se auto-sugiere, a saber, qué tan diferentes son estos grandes vínculos para la “sociedad competitiva” de los Estados Unidos. …

Este trabajo es tan importante que creo que todo ser humano normal debería leerlo por su propia seguridad e higiene mental. Voy a presentar aquí algunos fragmentos importantes del libro que ya está disponible en su totalidad.

Del prefacio del autor:

Presento a mis honorables lectores este volumen en el cual trabajé por lo general a tempranas horas del día antes de salir para ganarme la vida de una manera difícil. Primeramente, me gustaría disculparme por los defectos que son el resultado de circunstancias anómalas, tales como la ausencia de un laboratorio adecuado. Admito sin problema que estas lagunas deberían ser colmadas, por más tiempo que esto lleve, porque los hechos en los que se basa este libro se necesitan urgentemente. A través de ningún error del autor, estos hechos han llegado demasiado tarde.

Se provee al lector con una explicación de la larga historia y de las circunstancias bajo las cuales este trabajo fue recompilado. Esta es la tercera vez que trato el mismo tema. Arrojé el primer manuscrito en un horno de calefacción central, habiendo sido advertido justo a tiempo acerca de un registro oficial, que tuvo lugar minutos más tarde. Envié el segundo manuscrito a un dignatario de la Iglesia en el Vaticano por intermedio de un turista estadounidense y me fue absolutamente imposible conocer el destino del paquete una vez que lo dejé en sus manos.

Esta…historia… hizo que el trabajo en la tercera versión fuera mucho más laborioso. Párrafos precedentes y frases anteriores acechan la mente del autor y hacen más difícil un plan de contenido adecuado.

Los primeros dos borradores fueron escritos con un lenguaje muy complicado para en beneficio de especialistas con la formación necesaria, especialmente en el campo de la psicopatología. La desaparición irrecuperable de la segunda versión también incluía una mayoría impresionante de datos estadísticos y de hechos que habrían sido tan valiosos y concluyentes para los especialistas. También se extraviaron muchos análisis de casos individuales.

La presente versión contiene solamente aquellos datos estadísticos que fueron memorizados, dado su uso frecuente, o los que podrían ser reconstruidos con una precisión satisfactoria. […] También tengo la esperanza de que este trabajo pueda llegar a una audiencia más grande y hacer más disponibles algunos datos científicos útiles que podrían servir de base a una comprensión del mundo contemporáneo y de su historia. También puede que facilite a los lectores a entenderse a sí mismos, a sus vecinos y a otras naciones.

¿Quién produjo este conocimiento y realizó este trabajo resumido dentro de las páginas de este libro? Es un esfuerzo conjunto que contiene no sólo mis esfuerzos, sino que también representa el trabajo de muchos investigadores.

El autor trabajó en Polonia durante muchos años, lejos de centros políticos y culturales activos. Es allí que llevé a cabo una serie de pruebas detalladas y de observaciones que serían combinadas dentro de las generalizaciones resultantes con el propósito de producir una introducción global para la comprensión del fenómeno macro-social que nos rodea. El nombre de la persona que se esperaba llevase a cabo esta síntesis era secreto, y esto era entendible y necesario dados el momento y la situación. De vez en cuando me llegaban resúmenes anónimos de resultados de exámenes de Polonia o Hungría. Pocos datos fueron publicados, porque así no levantaban ninguna sorpresa de que un trabajo especializado estaba siendo recopilado, y esos datos todavía podrían ser localizados hoy día.

La síntesis esperada de este trabajo no tuvo lugar. Todos mis contactos perdieron vigencia como resultado de las detenciones secretas al principio de los sesenta. Los datos científicos restantes en mi poder eran muy incompletos aunque su valor no tuviera precio. Me llevó muchos años de trabajo solitario poder soldar estos fragmentos en un todo coherente, llenando las lagunas de mi propia experiencia e investigación.

Mi investigación en psicopatía en general y en su rol excepcional dentro del fenómeno macro-social fue conducida al mismo tiempo, o poco después de la investigación realizada por otros. Sus conclusiones me llegaron más tarde y confirmaron las mías. El punto más característico dentro de mi trabajo es el concepto general de una nueva disciplina científica llamada “ponerología.” […]

Como autor del trabajo final, presento en esta ocasión mi profundo respeto hacia todos aquellos que iniciaron la investigación y que continuaron llevándola a cabo arriesgando su carrera, salud y vida. Rindo homenaje a todos los que pagaron el precio a través del sufrimiento o la muerte. Ojala que este trabajo constituya una especie de recompensa por sus sacrificios…

Nueva York, Agosto del 1984.

El Dr. Lobaczewski se escapó a los Estados Unidos en donde volvió a reunir y a escribir su investigación antes de que la Solidaridad trajera la caída del comunismo en Polonia. Lobaczewski añadió algunas palabras a esta introducción:

Pasaron quince años, cargados con importantes acontecimientos políticos. El mundo cambió esencialmente a causa de las leyes naturales del fenómeno descrito en este libro, y de los esfuerzos de gente de buena fe. No obstante, el mundo así como está aún no ha recobrado su buena salud; y lo que queda de la gran enfermedad está todavía muy activo y amenaza con la recurrencia de la enfermedad. Tal es el resultado de un gran esfuerzo completado sin el respaldo de un conocimiento objetivo acerca de la verdadera naturaleza del fenómeno. […]

Se reconoció al autor como el portador de esta ciencia “peligrosa” en Austria, por un físico “amistoso” que resultó ser un agente “rojo.” Los grupos comunistas en Nueva York se rearmaron entonces para organizar una “acción de contrarresto.” Era terrible ver cómo funcionaba el sistema de peones concientes e inconcientes. Peor aún fue la gente que confió crédulamente en sus “amigos” concientes, y que realizó las actividades insinuadas con un sello patriótico. Al autor se le negó asistencia y tuvo que salvar su vida trabajando de soldador. Mi salud se deterioró, y perdí dos años. Resultó ser que yo no era la primera persona llegada a los Estados Unidos trayendo un conocimiento similar, y una vez allí, tratada de una manera similar.

A pesar de todas estas circunstancias, el libro fue escrito a tiempo, pero nadie estaba dispuesto a publicarlo. Describían el trabajo como “muy informativo” pero para los editores de libros de psicología contenía demasiada política, y para los editores de política, contenía demasiada psicología o simplemente “la fecha límite de edición acaba de cerrarse.” Gradualmente quedó claro que el libro no pasaba la inspección del conocedor. […]

Queda el valor científico que podrá servir en el futuro, y más investigaciones podrán dar como resultado una nueva comprensión de los problemas humanos con progreso hacia la paz universal. Esta es la razón por la cual me tomé la labor de volver a escribir, en mi computadora, el manuscrito entero, que ya estaba desvaneciéndose. Se lo presenta aquí tal como fue escrito en 1983-84 en Nueva York, USA. Entonces, que se lo tome como un documento de buena ciencia y de labor peligrosa. El deseo del autor es dejar este trabajo en manos de eruditos con la esperanza de que ellos lo releguen y progresen con investigación teórica en la ponelorogía - y que se lo ponga en práctica por el bien de la gente y de las naciones.

Polonia, Junio, 1998.

El Dr. Lobaczewski dejó los Estados Unidos y regresó a Polonia antes del 11 de Septiembre del 2001. Pero sus comentarios fueron proféticos:

No obstante, el mundo así como está aún no ha recobrado su buena salud; y lo que queda de la gran enfermedad está todavía muy activo y amenaza con la recurrencia de la enfermedad.

¿Qué ciencia “peligrosa” llevaba el Dr. Lobaczewski consigo cuando escapó de la Polonia comunista?

Él la llama “Ponerología”, que el diccionario define como: s., división de la teología que trata acerca del mal; doctrina teológica sobre la fragilidad o el mal; del griego: poneros-> mal.

Pero el Dr. Lobaczewski no proponía un estudio “teológico”, sino un estudió más bien científico de lo que podemos llamar claramente el Mal. El problema es que nuestra cultura científica materialista no admite fácilmente que el mal existe verdaderamente, per se. Sí, el “mal” tiene su lugar en los sermones religiosos, pero hasta allí se le da una importancia menor como “error” o “rebelión” que se corregirá algún día en el futuro, lo que se discute en otra división teológica: la escatología, que trata de los eventos finales en la historia del mundo, del destino final de la humanidad.

Existe un número bastante importante de psicólogos que de hecho se están moviendo en dirección a lo que el Dr. Lobaczewski dijo que ya se había hecho detrás de la Cortina de Hierro hace muchos años. Tengo una pila de sus libros sobre mi escritorio. Algunos de ellos parecen volver a caer en la perspectiva religiosa, simplemente porque no poseen ninguna otra base científica en la cual apoyarse. Yo creo que esto es contraproducente. Como lo escribe George K. Simon, Jr. en su libro “En ropa de oveja” (“In Sheep’s Clothing”) (ALTAMENTE recomendado):

…Hemos sido preprogramados para creer que la gente sólo exhibe problemas de comportamiento cuando son “perturbados” por dentro o que están ansiosos por algo. También nos han enseñado que la gente sólo ataca cuando ha sido atacada de alguna manera. Por lo tanto, hasta cuando nuestra intuición nos dice que alguien nos está atacando sin razón, no acepamos fácilmente la noción. Generalmente comenzamos a preguntarnos qué es lo que está molestando tanto a esa persona “por debajo de todo” que la está haciendo actuar de una manera tan molesta. Hasta podemos llegar a pensar que quizás hayamos dicho o hecho algo que la “amenazó”. Casi nunca pensamos que pueda estar luchando simplemente para obtener algo, salirse con las suyas o tomar el mando. Entonces, en lugar de verla simplemente luchando, la vemos como si estuviesen principalmente sufriendo de algún modo.

No sólo nos cuesta por lo general reconocer la manera en que la gente nos puede agredir, sino que también tenemos dificultades para discernir el carácter notablemente agresivo de algunas personas. El legado del trabajo de Sigmund Freud tiene mucho que ver con esto. Las teorías de Freud (y las de otros que se basaron en su trabajo) influenciaron fuertemente la psicología de la personalidad durante mucho tiempo. Elementos de las teorías clásicas de la personalidad se hicieron un camino hacia otras disciplinas además de la psicología, así como en muchas instituciones sociales y empresas. Los principios básicos de estas teorías y su constructo con un sello contrastante, la neurosis, se fueron grabando relativamente bien en la conciencia pública.

Las teorías psicodinámicas de la personalidad tienden a ver a todos, por lo menos hasta un cierto grado, como neuróticos. Los individuos neuróticos son gente extremadamente inhibida que sufre de miedo (ansiedad), culpa y vergüenza desproporcionados cuando se trata de asegurarse sus deseos y necesidades básicos. Nunca es suficiente recalcar el impacto maligno de generalizar las observaciones de Freud acerca de un grupo de individuos extremadamente inhibidos en una serie importante de suposiciones sobres las causas de la enfermedad o la salud psicológica de todos. […]

Terapeutas cuyo entrenamiento los ha indoctrinado por demás con la teoría de la neurosis, pueden llegar a “encuadrar” problemas presentándolos incorrectamente. Pueden, por ejemplo, asumir que una persona que durante toda su vida ha perseguido la independencia de manera agresiva y demostrado poca infinidad con los demás, debe necesariamente estar “compensando” un “miedo” a la intimidad. Dicho de otro modo, verán a un luchador empedernido como a alguien que escapa aterrorizado, y dejarán de percibir por lo tanto la realidad esencial de la situación. […]

Necesitamos un margen de estudio completamente diferente si queremos entender verdaderamente, ocuparnos de, y tratar a la clase de gente que lucha demasiado, en contraste con aquellos que se acobardan o “salen corriendo” exageradamente.

El problema es, por supuesto, que cuando uno lee todos los libros acerca de gente como la que el Dr. Simon está describiendo, descubre que “tratamiento” en realidad significa tratar a las víctimas, porque los agresores casi nunca buscan ayuda.

Volviendo al Dr. Lobaczewski: escribí para pedir más detalles sobre porqué este trabajo importante era generalmente desconocido. Cuál era el significado de su frase: “Resultó ser que yo no era la primera persona llegada a los Estados Unidos trayendo un conocimiento similar, y una vez allí, tratada de una manera similar.” Respondió por correo electrónico:

[…] Hace unos años la publicación del libro en los Estados Unidos fue aniquilada impresionantemente por el Sr. Zbigniew Brzezinski. Cuál fue su motivación, eso sólo lo puedo adivinar. ¿Fue su propia estrategia privada, o actuó como lo que seguramente es, un conocedor del “gran sistema”? Cuántos billones de dólares y cuántas vidas humanas la falta de esta ciencia ha costado al mundo. […]

En cuanto a quién más estuvo envuelto en este trabajo: en aquellos tiempos, un tal trabajo sólo podía ser realizado en secreto absoluto. Durante la ocupación alemana, aprendimos a no pedir nunca nombres si bien se sabía muy bien que esa era una comunicación internacional entre científicos. Le puedo decir que un científico húngaro fue asesinado por causa de su trabajo en este proyecto, y en Polonia, el profesor Stephan Blachowski murió misteriosamente mientras trabajaba en estas investigaciones. Con certeza el profesor Kasimir Dabrowski estaba activo en el estudio, ya que era un experto en psicopatía. Escapó a los Estados Unidos, y en Nueva York se convirtió en objeto de acoso, del mismo modo que yo ya lo había sido. Fue a Canadá y trabajó en la universidad de Edmonton.

Luego de haber leído el trabajo de Lobaczewski, es fácil entender porqué Brzezinski lo suprimió. ¡Expone a los Neocons y a los Patócratas de manera tan completa que no podían dejar que eso se propagara! También es posible que lo hayan utilizado como una libreta de anotaciones para tomarle aún más el pelo a las masas.

Siguiendo con el libro de Lobaczewski:

La Patocracia

De joven leí un libro acerca de un naturalista paseando a través de tierras vírgenes en la cuenca amazónica. En un momento un animalito cayó de un árbol encima de su nuca, arañando dolorosamente su piel y chupándole la sangre. El biólogo lo sacó cuidadosamente –sin rabia, ya que esa era su manera de alimentarse– y procedió a su estudio minucioso. Este cuento trajo sorprendentemente a mi mente aquellos tiempos muy difíciles en los que un vampiro caía sobre nuestros cuellos, chupándole la sangre a una nación infeliz.

La actitud de un naturalista –que trata de rastrear la naturaleza de fenómenos macro-sociales a pesar de la adversidad– aseguró una cierta distancia intelectual y una mejor higiene psicológica, aumentando también ligeramente el sentimiento de seguridad y acomodando la premonición de que este mismo método puede ayudar a encontrar una solución creativa. Esto requería controlar los reflejos naturales y moralizantes de revulsión y otras emociones dolorosas que este fenómeno provoca en cualquier persona normal cuando la priva de su alegría de vida y seguridad personal, arruinando su propio futuro y el de su nación. La curiosidad científica se convierte en un aliado leal durante tales tiempos.

Que el lector imagine, por favor, un hall muy grande en algún antiguo edificio Gótico de una universidad. Muchos de nosotros nos juntábamos allá al comienzo de nuestros estudios para escuchar las clases de filósofos sobresalientes. Fuimos arrastrados allí el año que precedió a nuestra graduación para escuchar las clases de adoctrinamiento que han sido introducidas recientemente. Alguien que nadie conocía apareció detrás del podio y nos informó que iba a ser el profesor a partir de ese momento. Su discurso era fluido, pero no tenía nada de científico: no distinguía conceptos científicos de los utilizados a diario, y trataba pensamientos dudosos como si fueran un conocimiento que no se podía discutir. Durante noventa minutos cada semana, nos inundaba con paralogísticas inocentes y presuntuosas y con una visión patológica de la realidad. Éramos tratados con desdén y con un odio mal controlado. Dado que burlarse podía atraer consecuencias horrorosas, teníamos que escuchar atentamente con la mayor gravedad.

El rumor no tardó en dejar al descubierto el origen de esta persona. Había llegado de un suburbio de Cracovia y había ido a la universidad, aunque nadie sabía si se había graduado. De cualquier forma, esta era la primera vez que atravesaba los portales de la universidad – ¡y como profesor, encima! […]

Luego de dicha tortura mental, llevó mucho tiempo para que alguien rompiera el silencio. Estudiamos por nuestra cuenta, ya que sentíamos que algo extraño se había apoderado de nuestras mentes y que algo valioso se estaba perdiendo definitivamente. El mundo de la realidad psicológica y los valores morales parecía estar suspendido como en una niebla escalofriante. Nuestro sentimiento humano y la solidaridad estudiantil perdieron su sentido, del mismo modo que el patriotismo y nuestros criterios establecidos desde hacía tiempo. Entonces nos preguntamos mutuamente: “¿Nosotros también estamos atravesando esto?” Cada uno de nosotros experimentaba a su manera esta preocupación acerca de su propia personalidad y porvenir. Algunos respondían a las preguntas en silencio. La profundidad de estas experiencias resultó ser diferente para cada individuo.

Entonces nos preguntamos cómo podíamos protegernos de los resultados de este “adoctrinamiento.” Teresa D. hizo la primera sugerencia: pasemos un fin de semana en las montañas. Funcionó. En compañía agradable, un poco de bromas, y luego el agotamiento, seguido por un sueño profundo en un refugio, y nuestras personalidades humanas regresaron, aunque con ciertas reminiscencias. El tiempo también demostró crear una suerte de inmunidad psicológica, si bien no con todos. Analizar las características psicopáticas la personalidad del “profesor” se convirtió en otra manera excelente de proteger nuestra propia higiene psicológica.

Ya sólo puede imaginar nuestra preocupación, desilusión y sorpresa cuando algunos colegas que conocíamos bien comenzaron de repente a cambiar su visión del mundo; sus patrones de pensamiento nos recordaban además el parloteo del “profesor”. Sus sentimientos, que recientemente habían sido amistosos, se volvieron remarcablemente más fríos, si bien aún no hostiles. Argumentos benévolos o críticos por parte de estudiantes les rebotaban. Daban la impresión de poseer algún tipo de conocimiento secreto; éramos tan sólo sus antiguos colegas, creyendo todavía en lo que los profesores de otros tiempos nos habían enseñado. Teníamos que ser cuidadosos con lo que les decíamos.

Poco después nuestros antiguos colegas se alistaron en el Partido. ¿Quiénes eran? ¿De qué grupos sociales provenían? ¿Cómo y por qué cambiaron tanto en menos de un año? ¿Por qué ni yo ni la mayoría de mis compañeros sucumbimos a este fenómeno y proceso? Muchas preguntas como estas flotaban en nuestras mentes en ese entonces. Aquellos tiempos, preguntas y actitudes hicieron nacer la idea de que este fenómeno podía ser entendido objetivamente, una idea que se fue cristalizando con el tiempo. Muchos de nosotros participamos en las observaciones y reflexiones iniciales, pero la mayoría se desmoronaron al enfrentarse directamente con problemas materiales o académicos. Sólo quedamos algunos; así que el autor de este libro puede ser el último de los Mohicanos.

Fue relativamente fácil determinar los ambientes y el origen de la gente que sucumbió a este proceso, que luego llamé “transpersonificación”. Provenían de todos los grupos sociales, incluyendo aristócratas y familias fervientemente religiosas, y provocaban una ruptura en la solidaridad estudiantil del orden de aproximadamente un 6%. La mayoría restante sufrió diferentes grados de desintegración de la personalidad que trajeron como consecuencia esfuerzos individuales en búsqueda de valores necesarios para volver a encontrarse consigo mismos; los resultados fueron variados y a veces creativos.

Mismo en ese momento, no teníamos duda alguna acerca de la naturaleza patológica de este proceso de “transpersonificación”, el cual transcurría de manera similar pero no idénticamente en todos los casos. La duración de los resultados de este fenómeno también variaba. Algunas de estas personas se convirtieron luego en fanáticos. Otros más tarde tomaron ventaja de las distintas circunstancias para retirarse y restablecer los vínculos perdidos con la sociedad normal. Fueron remplazados. El único valor constante de este nuevo sistema social era el mágico número 6%.

Intentamos evaluar el nivel de talento de aquellos colegas que habían sucumbido a este proceso de transformación de la personalidad, y llegamos a la conclusión de que en promedio, era ligeramente inferior al promedio de la población estudiantil. Su menor resistencia residía obviamente en otros rasgos bio-psicológicos que eran muy probablemente cualitativamente heterogéneos.

Tuve que estudiar temas bordeando la psicología y la psicopatía para lograr responder a las preguntas que nacían de nuestras observaciones; la negligencia científica en estas áreas demostró ser un obstáculo difícil de vencer. Al mismo tiempo, alguien guiado por un conocimiento especializado aparentemente vació las bibliotecas de todo lo que podríamos haber encontrado sobre el tema.

¿Aún queda alguna duda del porqué, hoy en día, cualquier grupo que busque suministrar este mismo conocimiento sería catalogado como “culto”?

Si analizamos ahora minuciosamente estas recurrencias, podríamos decir que el “profesor” estaba colgando un anzuelo por encima de nuestras cabezas, basado en el conocimiento psicológico específico de los psicópatas. Supo de antemano que sería capaz de pescar individuos susceptibles, pero su limitado número lo desilusionó. El proceso de transpersonificación tomaba el mando generalmente cuando el substrato instintivo de un individuo estaba marcado por una cierta palidez o algunas fallas. En un menor grado, también funcionaba con gente que manifestaba otras deficiencias, y el estado provocado en su interior también era parcialmente temporal, ya que constituía mayormente el resultado de una inducción psicopatológica.

Este conocimiento acerca de la existencia de individuos susceptibles y de cómo trabajar con ellos continuará siendo una herramienta para la conquista del mundo mientras tanto siga siendo el secreto de “profesores” así. Cuando se convierta en una ciencia popularizada competentemente, ayudará a naciones a desarrollar una inmunidad. Pero ninguno de nosotros sabía eso en aquel momento.

Sin embargo, debemos admitir que al demostrar las propiedades de un psicópata de tal forma a obligarnos a experimentarlas de manera profunda, el profesor nos ayudó a entender la naturaleza del fenómeno en una mayor escala que muchos otros verdaderos científicos que participaron en este trabajo de algún modo u otro. […]

La visión lógica psicológica, social y moral del mundo es producto del proceso de desarrollo del hombre dentro de una sociedad, bajo la influencia constante de sus rasgos innatos. Ninguna persona se puede desarrollar sin ser influenciada por otra gente y sus personalidades, o por los valores embebidos por esta civilización y sus tradiciones morales y religiosas. Es por eso que esta visión del mundo no puede ser universal ni verdadera.

Es entonces importante que los principales valores de esta visión humana del mundo indiquen similitudes básicas a pesar de grandes lapsos de tiempo, raza y civilización. Se sugiere entonces que la “visión humana del mundo” deriva de la naturaleza de nuestras especies y de la experiencia de las sociedades humanas que han alcanzado un cierto grado de civilización. Refinamientos basados en valores literarios o reflexiones filosóficas y morales sí indican algunas diferencias, pero de manera general, tienden a atraer el leguaje conceptual natural de diversas civilizaciones y eras.

Personas con una educación humanística pueden tener la impresión de que han alcanzado la sabiduría, pero aquí nos acercamos a un problema; debemos hacernos la pregunta siguiente: Por más que la visión natural del mundo haya sido refinada, ¿refleja la realidad de una manera lo suficientemente fiable? ¿O refleja la percepción de nuestras especies? ¿Hasta qué punto podemos depender de ella como base de la toma de decisiones en las esferas individual, social y política de la vida?

La experiencia nos enseña, primeramente, que esta visión lógica del mundo tiene tendencias permanentes y características hacia la deformación, dictadas por nuestros rasgos instintivos y emocionales. Segundamente, nuestro trabajo nos expone a muchos fenómenos que no pueden ser entendidos ni descritos sólo con el lenguaje lógico.

Cuando consideramos la tendencia más importante a deformar la realidad, notamos que esas características emocionales que son un componente natural de la personalidad humana nunca se adecuan completamente a la realidad que está siendo experimentada. Esto resulta tanto de nuestro instinto como del condicionamiento recibido durante nuestra educación. Es por eso que las mejores tradiciones de pensamiento filosófico y religioso han aconsejado dominar las emociones, con el propósito de alcanzar una visión más exacta de la realidad.

Otro problema es el hecho de que nuestra visión lógica del mundo se caracteriza generalmente por una tendencia a dotar a nuestras opiniones de juicios morales, a menudo tan negativos que las hacen parecer ultraje. Esto apela a tendencias que están profundamente arraigadas en la naturaleza humana y en las costumbres sociales.

A menudo nos encontramos con gente sensata, dotada de una visión lógica del mundo bien desarrollada en lo que concierna a los aspectos psicológicos, sociales y morales, frecuentemente refinados por medio de influencias literarias, deliberaciones religiosas y reflexiones filosóficas. Tales personas tienen una profunda tendencia a sobreestimar los valores de su visión del mundo. No toman en cuenta el hecho de que su sistema también puede ser erróneo, ya que no es lo suficientemente objetivo.

Llamemos a este tipo de actitud el egoísmo de la visión lógica del mundo. Hasta la fecha, ha sido el tipo de egoísmo menos pernicioso, ya que es apenas una sobreestimación de ese método de comprensión que contiene los valores de la experiencia humana.

Hoy, sin embargo, el mundo está siendo puesto en peligro por un fenómeno imposible de entender y describir por medio de tal lenguaje lógico conceptual; esta clase de egoísmo se convierte entonces en un factor peligroso que asfixia la posibilidad de tomar medidas de contrarresto. El hecho de desarrollar y de popularizar la visión psicológica objetiva del mundo podría así expandir significantemente las oportunidades de tratar con el mal a través de acciones razonables y precisas para contrarrestar sus efectos.

Desde el comienzo de los tiempos, filósofos y pensadores religiosos que representaban diversas actitudes en diferentes culturas han estado buscando la verdad en lo que se refiere a los valores morales, tratando de hallar criterios de lo que es correcto, de lo que constituye un buen consejo. Describieron las virtudes del carácter humano y sugirieron que éstas fuesen adquiridas. Crearon una herencia… que contenía siglos de experiencia y reflexiones. A pesar de las diferencias obvias entre las actitudes, la similitud o complementariedad de las conclusiones alcanzadas por antiguos famosos son agazapadotas, a pesar de que hayan funcionado en tiempos y lugares altamente divergentes. Después de todo, cualquier cosa que es valiosa se ve condicionada y es causada por las leyes de la naturaleza que actúan sobre la personalidad tanto de individuos humanos como de sociedades colectivas.

Esto hace reflexionar de manera semejante, sin embargo, acerca de lo relativamente poco que se ha dicho sobre la otra cara de la moneda; la naturaleza, las causas y la génesis del mal. De hecho, estos temas están escondidos detrás de las conclusiones generalizadas mencionadas anteriormente, con una cierta cuota de secreto. Tal estado de las cosas puede ser atribuido parcialmente a las condiciones sociales y a las circunstancias históricas bajo las cuales estos pensadores trabajaban. Su modo de proceder puede haber sido dictado, por lo menos en parte, por un destino personal, por tradiciones heredadas, y hasta por un carácter remilgado. Después de todo, la justicia y la virtud son lo opuesto a la fuerza y a la perversidad, y lo mismo vale para la honestidad vs. las mentiras, similarmente a cómo la salud es lo opuesto de la enfermedad.

El carácter y la génesis del mal se mantuvieron por lo tanto escondidos bajo sombras discretas, dejándole al azar el tratar este tema en su lenguaje más expresivo, pero esto no alcanzó la primera fuente del fenómeno. Un cierto espacio cognitivo queda entonces sin ser investigado, una inspección de cuestiones morales que resistieron el entendimiento y las generalizaciones filosóficas. […]

Desde hace un tiempo inmemorial, el hombre sueña con una vida en la que sus esfuerzos por acumular beneficios puedan ser puntuados por descanso, tiempo durante el cual él disfrutará de esos beneficios. Aprendió a cómo domesticar animales para acumular beneficios, y cuando eso ya no colmó más sus necesidades, aprendió a esclavizar a otros seres humanos simplemente porque él era más poderoso y podía hacerlo.

Sueños con una vida feliz de “beneficios más acumulados” de los cuales beneficiar, y más tiempo libre durante el cual disfrutarlos, dio lugar a la fuerza sobre los demás, una fuerza que corrompe a la mente del que la usa. Es por eso que los sueños de felicidad del hombre aún no se han hecho realidad a lo largo de toda la historia: la visión hedonística de la “felicidad” contiene la semilla de la miseria. El hedonismo, el perseguir la acumulación de beneficios con el único propósito del goce propio, alimenta el ciclo eterno en el cual los tiempos buenos conducen a los tiempos malos.

Durante los buenos tiempos, la gente pierde noción de la necesidad de pensar, de introspección, del conocimiento de los demás, y de la comprensión de la vida. Cuando las cosas van “bien”, la gente se pregunta si vale la pena ponderar la naturaleza humana y en los trastornos de la personalidad (la propia o la de otro). En los buenos tiempos, generaciones enteras pueden crecer sin entender el significado creativo del sufrimiento ya que nunca lo hay experimentado personalmente. Cuando todos los placeres están aquí para ser tomados, el esfuerzo mental y las leyes de la naturaleza –para adquirir conocimiento que puede no estar directamente relacionado con la acumulación de objetos materiales– parece una labor sin sentido. Tener una “mente saludable,” y positiva –un buen deporte sin nunca una palabra de desaliento– es visto como algo bueno, y a cualquiera que prediga graves consecuencias como resultado de tal despreocupación se lo trata de aguafiestas.

La percepción de la verdad acerca de la realidad, especialmente un verdadero entendimiento de la naturaleza humana en todas sus facetas y permutaciones, deja de ser una virtud que haya que adquirir. Las personas pensantes que dudan son “entrometidos” a quienes es mejor dejar vivir solos. “No lo repares si no está roto.” Esta actitud lleva a un empobrecimiento del conocimiento psicológico, incluyendo la capacidad de diferenciar las propiedades de la naturaleza humana y la personalidad, de la habilidad de moldear mentes sanas creativamente.

El culto del poder suplanta así los valores mentales y morales, tan esenciales para mantener la paz a través de medios pacíficos. El enriquecimiento o la involución de una nación en lo que concierne su visión psicológica del mundo podrían ser considerados como un indicador para saber si el futuro será bueno o malo.

En esos tiempos, la búsqueda de un sentido a la vida, de la verdad de nuestra realidad, se torna incómoda porque revela factores poco prácticos. La eliminación inconsciente de datos que son o que parecen ser inadecuados comienza a ser algo habitual, una costumbre aceptada por sociedades enteras. El resultado es que cualquier proceso de pensamiento basado en dicha información troncada no puede traer conclusiones correctas. Esto conlleva luego a la substitución de mentiras cómodas hacia sí mismo, para remplazar verdades incómodas acercándose de ese modo a los límites de fenómenos que deberían ser vistos como psicopatológicos.

El hecho es que los “buenos tiempos” para un grupo de gente encuentran sus raíces históricas en alguna injusticia hacia otros grupos de gente. En una sociedad así, en la cual todas las mentiras escondidas se esconden por debajo de la superficie del iceberg, el desastre está a la vuelta de la esquina.

Está claro que los Estados Unidos han experimentado un largo período de “buenos tiempos” durante casi toda su existencia, (sin importar cuanta gente hayan tenido que oprimir o matar para hacerlo), pero especialmente durante los 50 años que precedieron al 11 de Septiembre del 2001. Durante esos 50 años, muchas generaciones de niños nacieron, y los que nacieron al comienzo de aquél período, que no han conocido “tiempos malos”, están ahora en una edad en la que quieren “disfrutar” de los beneficios que han acumulado. Desafortunadamente, no parece que eso fuera a suceder; el 11/9 ha cambiando todo tan profundamente que da la impresión de que no habrá ningún disfrute para nadie durante un muy, pero muy largo tiempo.

¿Cómo es posible que esto haya ocurrido?

La respuesta es que el valor de unas pocas generaciones de “buenos tiempos” resulta en déficits sociales como los descritos anteriormente acerca de las habilidades psicológicas y el criticismo social. Largos períodos de preocupación por uno mismo y de “acumulación de beneficios” para sí, disminuyen la capacidad de descifrar precisamente el ambiente y a otra gente. Pero la situación es más grave que la simple fragilidad generalizada de una sociedad con la que se podría ser “más duro” con un poco de “tiempos malos.”

Lobaczewski escribe:

Las características psicológicas de cada crisis son únicas a cada cultura y época, pero un denominador común que existe al comienzo de tales “tiempos malos” es una exacerbación de la condición histérica de la sociedad. El emocionalismo que domina en la vida individual, colectiva y política, combinado con la selección subconsciente y la substitución de datos al razonar, conducen al egoísmo individual y nacional. La manía de sentirse ofendido por nada provoca respuestas constantes, aprovechándose de la hiperirritabilidad y de la hipocresía por parte de los demás. Es esta característica, esta “histerización” de la sociedad, que permite a conspiradores patológicos, a víboras encantadoras, y a otros depravados primarios actuar como factores esenciales en los procesos de creación del mal en la escala macro-social.

¿Quiénes son, exactamente los “conspiradores patológicos,” y qué puede motivar a tales individuos en tiempos que generalmente son vistos por otros como “buenos”? ¿Si los tiempos son “buenos”, por qué hay alguien que querría organizar y generar el mal?

Bueno, desde luego que la administración actual de los EEUU ha llegado a una respuesta: “Nos odian a causa de nuestras libertades.” Este es un ejemplo primordial de “selección y substitución de datos al razonar” las cuales son voluntaria y alegremente aceptadas por el público como una explicación, a causa de sus déficits en habilidades psicológicas y criticismo moral.

Lobaczewski dice:

filósofos de hoy en día que desarrollan la metaética están tratando de avanzar en su grado de comprensión, y mientras resbalan y patinan a lo largo del espacio flexible que lleva al análisis del lenguaje de la ética, contribuyen a eliminar algunas imperfecciones y hábitos del lenguaje lógico conceptual. Sin embargo, el penetrar este núcleo eternamente misterioso es muy tentador para un científico. […]

Si los médicos se comportaran como los eticistas y les faltara estudiar enfermedades porque sólo se interesarían en estudiar cuestiones de salud, no existiría nada parecido a la medicina moderna. […] Los médicos tenían razón en su hincapié en estudiar la enfermedad antes que nada para lograr descubrir las causas y propiedades biológicas de las enfermedades, y luego para comprender la patodinámica de sus tratamientos. Una comprensión de la naturaleza de la enfermedad, y el curso que siga, permite después de todo elaborar y utilizar los métodos curativos apropiados. […]

Entonces nace la pregunta: ¿No se podría utilizar algún modo de proceder análogo para estudiar las causas y la génesis de otros tipos de mal que azotan a individuos, familias y sociedades? La experiencia le enseñó al autor que el mal es de naturaleza similar a la enfermedad, si bien también posiblemente más complejo y elusivo para nuestro entendimiento. […]

Paralelamente a la perspectiva tradicional, problemas comúnmente percibidos como morales también pueden ser tratados en base a datos proveídos por la biología, la medicina y la psicología, dado que este tipo de factores están presentes simultáneamente en la pregunta en general. La experiencia nos enseña que una comprensión de la esencia y génesis del mal utilizan por lo general datos de estas áreas. […]

Puede ser que el pensamiento filosófico haya engendrado a todas las disciplinas científicas, pero estas últimas no maduraron hasta no haber sido independientes, basándose en datos detallados y en una relación con otras disciplinas que proveían tales datos.

Alentados por el descubrimiento a menudo “coincidencial” de estos aspectos naturalísticos del mal, el autor inició una metodología de la medicina; psicólogo clínico y colaborador médico de profesión, tenía estas tendencias de todos modos. Así como ocurre con los médicos y las enfermedades, él tomó el riesgo de un contacto cercano con el mal y sufrió las consecuencias. Su propósito era el de asegurar las posibilidades de un entendimiento de la naturaleza del mal, de sus factores etiológicos y rastrear su patodinámica. […]

Así nació una nueva disciplina: la Ponerología. El proceso de la génesis del mal fue llamado, correspondientemente, “ponerogénesis.” […]

Ventajas morales, intelectuales y prácticas considerables pueden ser deducidas de una comprensión de la génesis del Mal gracias a la objetividad requerida para estudiarlo neutralmente. No se destruye la herencia ética al tomar esta óptica: en realidad se la fortalece, ya que el método científico puede ser utilizado para confirmar los valores básicos de enseñanzas morales.

Entender la naturaleza de la patología macro-social nos ayuda a encontrar una actitud saludable y a proteger así nuestras mentes de que sean controladas o envenenadas por los contenidos de la enfermedad y la influencia de su propaganda.

Solo podemos conquistar a este enorme cáncer social si entendemos su esencia y sus causas etiológicas.

Dicha comprensión de la naturaleza de los fenómenos conduce a la conclusión lógica de que las medidas a tomar para curar y reordenar el mundo hoy en día deberían ser completamente diferentes de las usadas hasta este momento para resolver conflictos internacionales. También es cierto que, tan sólo el hecho de poseer el conocimiento y la conciencia de los fenómenos de la génesis del Mal macro-social puede comenzar a curar individuos y ayudarlos a que sus mentes recobren la armonía. […]

Lobaczewski habla acerca del hecho de que los “malos tiempos” parecen tener un “propósito” histórico. Pareciera que el sufrimiento durante tiempos de crisis conduce a una actividad mental que tiene como propósito el resolver o acabar con el sufrimiento. Esta amargura de la pérdida conduce invariablemente a la regeneración de valores y de la empatía.

Lobaczewski dice:

Cuando llegan los malos tiempos y la gente se siente abrumada por un exceso del mal, deben juntar toda su fuerza física y mental para luchar por la existencia y proteger la razón humana. La búsqueda de alguna forma de salir de las dificultades y peligros reaviva poderes enterrados hace tiempo, o discreción. Tales personas tienen la tendencia inicial de apoyarse en la fuerza para poder contrarrestar la amenaza; puede ser que, por ejemplo, se conviertan en “gatillos fáciles” o que se vuelvan dependientes de las fuerzas armadas. Lenta y laboriosamente, sin embargo, descubren las ventajas otorgadas al esfuerzo mental: un entendimiento más avanzado de las situaciones psicológicas en especial, una mejor diferenciación de caracteres humanos y de la personalidad, y finalmente, la comprensión de sus propios adversarios. Durante esos tiempos, virtudes que generaciones pasadas relegaron a temas literarios recobran su verdadera y útil sustancia y son apreciadas por su valor. Se le tiene mucho respeto a una persona sabia capaz de proveer un consejo sólido.

Pareciera que ha habido muchos de esos “tiempos malos” en el transcurso de la historia de la humanidad. Y fue durante tales tiempos que se desarrollaron los grandes sistemas de ética. Desafortunadamente, durante los “buenos tiempos” nadie quiere oír nada acerca de eso. Quieren “disfrutar” de las cosas, obtener placer y experiencias placenteras, y entonces cualquier libro que se relacione con aquellos tiempos se pierde, se olvida, se lo suprime o de lo contrario es ignorado. Esto conduce a un mayor degradación del uso del intelecto y deja espacio para que los tiempos malos vuelvan una vez más.

Si se colectaran todos los libros que describen los horrores de las guerras, las crueldades de las revoluciones y los actos sangrientos de líderes políticos y de sus sistemas, la mayoría de la gente evitaría tal biblioteca. En esa biblioteca, se podrían encontrar trabajos antiguos junto con libros de historiadores y periodistas contemporáneos. La evidencia documentada de la exterminación en Alemania y de los campos de concentración, completada con datos estadísticos reales, describiendo la “labor” tan bien organizada de la destrucción de la vida humana, serían vistos como una información de lenguaje adecuadamente calmo, y fundarían las bases de un reconocimiento de la naturaleza del Mal.

La autobiografía de Rudolf Hess, el comandante de campos de concentración en Osweicim (Auschwitz) y Brzezinka, (Birkenau) es un ejemplo clásico de cómo piensa y siente un psicópata inteligente.

Nuestra biblioteca de la muerte incluiría obras en filosofía que discutirían los aspectos sociales y morales de la génesis del Mal, usando al mismo tiempo la historia para justificar parcialmente las “soluciones” sangrientas.

La biblioteca mostraría al lector despierto una suerte de evolución que va desde actitudes primitivas, en las que está bien esclavizar y asesinar a pueblos vencidos, hasta la moral de hoy en día que declara que tal comportamiento es bárbaro y digno de ser condenado.

No obstante, a dicha biblioteca le faltaría un tomo crucial: no habría ni siquiera un solo trabajo que ofrezca una explicación suficiente de las causas y procesos de los cuales provienen tales dramas históricos ni del porqué los seres humanos se degeneran periódicamente en una locura sedienta de sangre.

Las preguntas de antes seguirían sin ser respondidas: ¿Qué ha hecho que esto ocurra? ¿Todos traemos dentro de nosotros las semillas del crimen, o sólo algunos de nosotros? No importa cuán fieles sean a los acontecimientos, ni cuán precisos psicológicamente los libros disponibles puedan llegar a ser, no pueden responder a esas preguntas ni explicar el origen del Mal por completo.

Entonces, la humanidad juega con una gran desventaja, porque sin una explicación científica completa de los orígenes del Mal, no existe ninguna posibilidad de desarrollar principios lo suficientemente eficaces como para contrarrestar el Mal.

La mejor descripción literal de la enfermedad no puede producir una comprensión de su etiología básica, y por lo tanto tampoco suministra principios para un tratamiento. Del mismo modo, las descripciones de tragedias históricas son incapaces de elaborar medidas eficaces para contrarrestar la génesis, la existencia y la propagación del Mal.

Al usar el leguaje corriente para hablar de conceptos psicológicos, sociales y morales, nos encontramos con que sólo podemos producir una aproximación, lo que lleva a una sospecha molesta de impotencia.

Nuestro sistema usual de conceptos no está envuelto en el contenido factual necesario – las observaciones científicas del Mal – que permitiría una comprensión de la calidad de muchos factores (en especial los psicológicos) que se encuentran activos antes de y durante el nacimiento de los tiempos inhumanamente crueles.

Sin embargo, los autores de algunos de los libros que podríamos encontrar en nuestra Biblioteca del Mal se encargaron de infundir sus palabras con la precisión adecuada como si estuvieran esperando que alguien, en algún momento, usara sus archivos para explicar lo que ellos mismos no podían explicar siquiera con el mejor lenguaje literario.

La mayoría de los seres humanos se horrorizan con tal documentación. Las sociedades hedonísticas tiene la fuerte tendencia a promover la escapatoria hacia la ignorancia o hacia doctrinas inocentes. Algunas personas hasta sienten desprecio por el sufrimiento de otros.

Es verdad que, al rastrear los mecanismos conductuales de la génesis del Mal, uno debe mantener bajo control a ambos la repugnancia y el miedo, someterse a una pasión por la ciencia, y desarrollar una perspectiva calma necesaria en la historia natural.

Este libro tiene como propósito llevar de la mano al lector dentro de un mundo más allá de los conceptos e imágenes en los que ha confiado y los cuales ha utilizado desde su infancia. Esto es necesario, dados los problemas con los que el mundo se enfrenta en este momento, cosas que ya no podemos ignorar más, a menos que pongamos a toda la humanidad en peligro. Debemos tomar conciencia de que no nos es posible distinguir entre el camino hacia una catástrofe nuclear del camino hacia una dedicación creativa, a menos que nos paremos más allá del mundo subjetivo de los conceptos bien conocidos, y también debemos darnos cuenta de que este mundo subjetivo fue elegido para nosotros por fuerzas poderosas contra las cuales nuestra nostalgia de ideas hogareñas y humanas sobre la calidez y la seguridad no aportan ningún resultado exitoso.

El mal moral y el mal psicológico están interrelacionados a través de tantas relaciones causales e influencias mutuas, que no se los puede separar por medio de la abstracción. No obstante, la capacidad de distinguirlos cualitativamente nos protege de interpretaciones moralizantes que pueden envenenar la mente humana tan fácilmente de una manera insidiosa.

Los fenómenos macrosociales del Mal, que constituyen el objeto más importante de este libro, parecen estar sujetos a las mismas leyes de la naturaleza que operan dentro de los seres humanos a nivel individual o grupal. El rol de personas con defectos psicológicos variados y con anomalías de un bajo nivel clínico parece ser una característica perenne de tales fenómenos.

En el fenómeno macrosocial en el cual se prolifera el Mal, la “Patocracia”, una cierta anomalía hereditaria a la que se aísla como “psicopatía de base”, es esencial catalítica y causativamente para la génesis y la supervivencia de tal Estado. […]

Este último comentario es la clave de las “grandes conspiraciones” que muchos están convencidos de que no existen. El Dr. Lobaczewski habla acerca de los tipos de individuos que forman una “Patocracia,” o un “gobierno psicopático,” y más adelante elabora los detalles acerca de los psicópatas, basándose en sus estudios y en los de aquellos con quienes se había asociado, que nunca han sido discutidos abiertamente hasta lo que puedo decir luego de haber leído miles de páginas de material generado en el Oeste acerca de este tema. El Dr. Lobaczewski, por otro lado, emprendió sus estudios en “el ombligo de la bestia”, por así decirlo, con “especimenes” vivos. No se puede sobrestimar el valor de dicho tipo de estudio.

Lobaczewski dice:
Los procesos patológicos han tenido históricamente una profunda influencia sobre la sociedad en general debido al hecho de que muchos individuos con personalidades deformadas han efectuados roles asombrosos en la formación de construcciones sociales. El poseer ciertos antecedentes en esto ayuda.

El tejido cerebral es muy limitado en su capacidad regenerativa. Si es dañado y al cambio subsecuentemente mejora, eso da lugar a un proceso de rehabilitación gracias al cual un tejido vecino sano remplaza la función de la porción dañada. Esta substitución nunca es totalmente perfecta, por lo que se pueden detectar, usando los exámenes apropiados, algunos fallos en lo que concierne la habilidad y los procesos psicológicos correctos, mismo en casos de un daño menor. […]

En cuanto a los factores patológicos de los procesos ponerogénicos, daños perinatales o de temprana infancia tienen resultados más activos que los daños que ocurren más tarde.

En sociedades con un sistema médico altamente desarrollado, encontramos que dentro de los primeros grados de la escuela elemental, de un 5 a un 7 por ciento de los niños han sufrido lesiones en el tejido cerebral, que causan ciertas dificultades en el comportamiento académico. […]15

Esta es de hecho una cifra aterrorizante. Si tomamos conciencia de que un porcentaje aún más elevado de gente sufrió lesiones en el tejido cerebral durante una época en la cual no existía un cuidado perinatal ni neonatal altamente desarrollado, sin mencionar el daño que debe ser sufrido dentro de las poblaciones en las cuales hoy en día tal cuidado es todavía primitivo, podemos entender que mucho en nuestra propia cultura ha sido diseñado por gente con un daño cerebral ¡y debemos confrontarnos con un mundo en el que individuos con daños cerebrales poseen una gran influencia en la edificación social! Tenga en cuenta que si su abuelo sufrió un daño cerebral perinatal o neonatal, eso afectó cómo crió a alguno de sus padres, ¡lo que afecta la manera en la que alguno de sus padres lo crió a Usted!

La epilepsia constituye el resultado más antiguo de tales lesiones; se observa un número relativamente bajo de personas que sufren de tal daño. Investigadores en estos temas creen más o menos unánimemente que Julio César, y más tarde Napoleón Bonaparte, tenían ataques de epilepsia. La medida en la que estas enfermedades tuvieron un efecto negativo sobre sus personalidades y la toma de decisiones en la historia, o en que jugaron un papel ponerogénico, puede ser sujeto a un estudio independiente. El la mayoría de los casos, sin embargo, la epilepsia es una enfermedad evidente, lo que limita su rol como factor ponerogénico. 16

En una porción mucho mayor de estos portadores de daños del tejido cerebral, la deformación de sus personalidades crece con el transcurso del tiempo. Se deben adquirir diversas fotografías mentales, dependiendo de las propiedades y localizaciones del daño, del momento en el que éste se originó, y también de las condiciones de vida del individuo luego de su aparición.

Llamaremos “Caracteropatías” a los desórdenes de la personalidad que resultan de tal patología.

Algunas caracteropatías juegan un papel destacado como agentes patológicos en los procesos de la génesis del mal en una gran escala social. […]

Un ejemplo relativamente bien documentado de tal influencia de una personalidad caracteropática en una escala macrosocial es el del último emperador alemán, Wilhelm II. Sufrió un trauma cerebral al momento de su nacimiento. Durante y luego de su reinado completo, su minusvalía física y mental fue ocultada del conocimiento público. Las capacidades motoras de la parte superior izquierda de su cuerpo eran disminuidas. De niño, tenía dificultades para aprender la gramática, la geometría y el dibujo, lo que constituye la tríada típica de las dificultades académicas causadas por lesiones cerebrales. Desarrolló una personalidad con características infantiles y con un control insuficiente de sus emociones, y también una cierta forma paranoica de pensar que eludía fácilmente lo primordial de algunos temas importantes en el proceso de esquivar problemas.

Poses militares y uniformes de general compensaban por demás sus sentimientos de inferioridad y disimulaban sus defectos de manera efectiva. A nivel político, el control insuficiente de sus emociones y algunos factores de rencor personal saltaron a la vista. El viejo Canciller de Hierro, ese político astuto y despiadado que había sido tan leal a la monarquía y que había construido el poder de Prusia, tuvo que partir. Después de todo, conocía demasiado bien los defectos de su príncipe y había trabajado en contra de su coronación. Otra gente demasiado crítica se encontró con un destino similar, y fue remplazada por personas con menor cerebro, más servilismo, y a veces, leves desviaciones psicológicas. Una selección negativa tuvo lugar.

Observe este último término: “una selección negativa tuvo lugar.” Quiere decir que un jefe de estado defectuoso seleccionó a sus empleados, basándose en su propia visión del mundo dañada patológicamente. Estoy segura de que el lector puede percibir cuán peligrosa puede llegar a ser tal situación para la gente gobernada por tal cábala “negativamente seleccionada.” Lo que es importante considerar aquí es el efecto que esto tuvo en las estructuras sociales bajo el dominio de tales individuos.

Lobaczewski explica:

la experiencia de personas con dichas anomalías crece por encima del mundo humano normal al cual pertenecen por naturaleza. Así, su modo diferente de pensar, su violencia emocional y su egoísmo encuentran una entrada relativamente fácil en la mente de otra gente y son percibidos como categorías de la visión lógica del mundo. Dicho comportamiento por parte de personas con tales desórdenes de la personalidad traumatiza la mente y los sentimientos de la gente normal, disminuyendo gradualmente su capacidad para hacer uso de su sentido común. A pesar de su resistencia, la gente se acostumbra a los hábitos rígidos de pensamiento y experiencia patológicos. Como resultado, en la gente joven la personalidad sufre un desarrollo anormal que conduce a una malformación. De este modo presentan factores patológicos ponerogénicos los cuales, a través de su actividad oculta, engendran fácilmente nuevas fases en la eterna génesis del mal, abriéndole las puertas a una activación posterior de otros factores que luego se apoderan del rol principal.[…]

[En el caso del efecto de Wilhelm II], muchos alemanes fueron progresivamente privados de su capacidad para usar su sentido común a causa del impacto de material psicológico de tipo caracteropático, dado que el común de la gente es propensa a identificarse con el emperador…

Una nueva generación creció con deformidades en lo que concierne los sentimientos y la comprensión de realidades morales, psicológicas, sociales y políticas. Es extremadamente típico que dentro de muchas familias alemanas que contenían un miembro no demasiado normal psicológicamente, se volviera una cuestión de honor (hasta disculpando conductas nefastas) el esconder este hecho de la opinión pública – y hasta de amigos cercanos y parientes. Grandes porciones de la sociedad ingirieron material psicopatológico, junto con una manera irrealista de pensar, en la que los slogans pasan a dominar el poder de los argumentos y en la que los datos reales son sujetos a una selección subconsciente.

Esto ocurrió en una época en la que una ola de histeria crecía por toda Europa, incluyendo una tendencia a que las emociones dominaran y a que el comportamiento humano contuviera elementos de histrionismo. […] Esto tomó progresivamente tres imperios y otros países sobre el continente.

¿Hasta qué punto Wilhelm II contribuyó a esto, junto con otros dos emperadores cuyas mentes tampoco comprendieron los verdaderos hechos históricos y de gobierno? ¿Hasta qué punto fueron también ellos influenciados por una intensificación de la histeria durante sus reinados? Esto constituiría un tema de discusión interesante entre historiadores y ponerologistas.

Las tensiones internacionales aumentaron; el Archiduque Ferdinand fue asesinado en Sarajevo. Sin embargo, ni el Kaiser ni ninguna otra autoridad gubernamental en su país poseían uso de razón. (Debido al proceso de selección negativa mencionado anteriormente). Lo que entró en juego fue la actitud emocional de Wilhelm y los estereotipos de pensamiento y acción heredados del pasado. La guerra estalló. Planes de guerra generales preparados antes, que habían perdido su vigencia bajo las nuevas condiciones, revelaron sobre todo maniobras militares. Hasta aquellos historiadores familiarizados con la génesis y el carácter del estado de Prusia, incluyendo su tradición ideológica de expansionismo sangriento, intuyeron que estas situaciones contenían algún tipo de actividad de una fatalidad incomprendida, lo que elude un análisis en cuanto a su causalidad histórica.

Mucha gente reflexiva continúa haciendo la misma pregunta ansiosa: ¿Cómo puede la nación alemana haber elegido como Fuehrer[3] a un psicópata con aires de payaso que reconocía claramente su visión patológica del gobierno de un superhombre? Bajo su liderazgo, Alemania desencadenó luego una segunda guerra, criminal y políticamente absurda. Durante la segunda mitad de esta guerra, oficiales del ejército altamente entrenados llevaron a cabo honorablemente las órdenes inhumanas sin sentido desde el punto de vista político y militar, dadas por un hombre cuyo estado psicológico correspondía a los criterios de rutina suficientes como para ser enviado a un hospital psiquiátrico.

Cualquier intento de explicar lo que ocurrió durante la primera mitad de nuestro siglo haciendo uso de categorías aceptadas generalmente en el pensamiento histórico deja atrás una sensación constante de insuficiencia. Sólo una perspectiva ponerológica puede compensar este déficit en nuestra comprensión, ya que hace justicia al rol de varios factores patológicos en la génesis del mal a todo nivel social.

Habiendo sido alimentada durante generaciones con un material psicológico patológicamente alterado, la nación alemana cayó en un estado comparable a lo que vemos en algunos individuos criados por personas que son caracteropáticas e histéricas a la vez. Los psicólogos saben por experiencia lo frecuentemente que dicha gente se permite luego cometer actos que hieren gravemente a otros. […]

Los alemanes infligieron y sufrieron una pena enorme durante la Primera Guerra Mundial; así que no sintieron ninguna culpa sustancial, y hasta pensaron haber sido inocentes, ya que estaban comportándose de manera habitual sin ser concientes de las causas patológicas del mismo. La necesidad de este estado de vestirse de héroe después de una guerra para evitar la desintegración amarga se volvió demasiado común.

Un ansia misteriosa surgió, como si el organismo social se hubiera… hecho adicto a alguna droga. Esa era el hambre del material psicológico patológicamente modificado, un fenómeno conocido por la experiencia psicoterapéutica. Esta hambre solo podía ser colmada por otra personalidad y otro sistema de gobierno, ambos patológicos de manera similar.

Una personalidad caracteropática abrió las puertas al gobierno de un individuo psicopático.

Lo interesante en este punto del discurso de Lobaczewski es su indicio de que este modelo se repite una y otra vez en la historia: un individuo con daños cerebrales patológicos crea circunstancias que condicionan en cierta manera al público, y esto luego abre la puerta al psicópata para llegar al poder. A medida que leía esto, recordaba los últimos 45 o 50 años de historia en los Estados Unidos y me di cuenta de que la “guerra fría,” la amenaza nuclear, el asesinato de JFK, las payasadas de Nixon, Johnson, Reagan, Clinton, la manipulación a los estadounidenses través de los medios, eran sólo condicionamientos psicopáticos que abrían las puertas a los Neocons y a su títere simbólico, George W. Bush, quien puede ser descrito sin ninguna duda como un “psicópata con aires de payaso que reconoce abiertamente su visión patológica de un mandato super-americano.” Hasta podemos ver en la cábala reunida alrededor de George W. Bush la misma “selección negativa” de consejeros y funcionarios de su gabinete como los que Lobaczewski describió que se habían reunido alrededor del Kaiser Wilhelm.

Entonces, comenzamos a entender qué tan importante puede llegar a ser esta “ciencia del mal ajustada a propósitos políticos”, y cuánto nos falta entender como sociedad. Para poder comprender exactamente cómo una sociedad entera, y hasta una nación entera, pueden volverse una Patocracia, necesitamos entender algo acerca de los tipos de individuos que componen el centro de tal “conspiración.” Lobaczewski habla de las caracteropatías más frecuentes y de su relación con las lesiones cerebrales, dando ejemplos.


Fuente: quantumfuture.net - Ponerología Política: Una Ciencia de La Naturaleza del Mal [1] ajustada a Propósitos Políticos


Continúa en la Parte 2