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17 nov. 2016

ARGUMENTO:
“Tener conciencia no es lo que hace que un ser deba ser respetado”

RESUMEN: ¿Qué característica diferencia a las cosas (seres para usar: cortar, golpear, etc.) de las personas (seres para respetar)? ¿qué es el sensocentrismo? ¿qué argumentos usan algunas personas contra el sensocentrismo? Éstas son las principales preguntas a las que aquí se debe responder.

Un rasgo esencial de la Ética es utilizar un criterio que diferencie entre cosas (seres para usar: cortar, golpear, etc.) y personas (seres para respetar). No utilizar dicha diferenciación lleva a afirmar que uno mismo es una cosa usable cuyos intereses no deben ser considerados, lo cual es contradictorio con los propios intereses. Lógicamente, el criterio que diferencia éticamente a las cosas de las personas es «ser sintiente» o lo que es lo mismo «tener una conciencia», pues la capacidad para sentir permite sufrir y disfrutar y por lo tanto tener intereses respecto a dichas experiencias; a usar este criterio se llama sensocentrismo. Para ser coherentes con el sensocentrismo se debe defender y practicar el veganismo. Quien exige a las conciencias una característica o capacidad extra para considerarlas persona viola el Principio de Igual Consideración de Intereses. Estas personas se equivocan al no reconocer que el deber se origina en el interés, sino de una característica éticamente irrelevante a partir de la cual no se deriva lógicamente deber alguno.

Palabras clave: algo-alguien, cosa-persona, concienciasensocentrismo

Un rasgo esencial de la Ética es la utilización de un criterio mediante el cual se pueda diferenciar a las personas de las cosas. Popularmente se usa la palabra «persona» como sinónimo de «humano», por eso está recogida esa acepción en el diccionario. Sin embargo, en Ética se usa la palabra «persona» para categorizar a los seres que deben ser respetados, y diferenciarlos así de los seres que son cosas, es decir, que pueden ser poseídos y usados. Peter Singer lo explica así: «el uso del término persona es, en sí mismo, susceptible de despistar, ya que es una palabra que se usa con frecuencia como si quisiera decir lo mismo que ser humano. Sin embargo, los términos no son equivalentes; podría existir una persona que no fuera miembro de nuestra especie. También podrían existir miembros de nuestra especie que no fuesen personas». Por ejemplo, en el debate sobre el aborto inducido de embriones humanos se pone en cuestión en qué momento del embarazo un embrión humano se convierte en una persona[1]. Dependiendo de qué criterio se utilice para diferenciar a las personas de las cosas, se establecerán los elementos sobre los que posteriormente operarán las normas éticas. En la actualidad, la mayoría de sociedades humanas son antropocentristas, es decir, el criterio que usan para diferenciar a las personas de las cosas es «pertenecer a la especie humana»[2], aunque el liberalismo empuja para que la sociedad sea egocentrista[3], convirtiendo a los humanos no ricos en mercancías. La consecuencia de adoptar el antropocentrismo es el especismo antropocéntrico[4] el cual convierte a quienes no son humanos en cosas, es decir, considera éticamente correcto explotarles y matarles. A continuación vamos a mostrar que el criterio correcto es otro.


Algunas personas dicen que no debemos usar un criterio para diferenciar entre cosas y personas. Si se rechaza utilizar un criterio éticamente relevante que diferencie a las personas de las cosas entonces todo son cosas, y por lo tanto todo es utilizable, o todo son personas, y por lo tanto debemos respetar todo. Esta idea iguala todo en base a la característica que todos los seres comparten: la materia. Por ejemplo, según estas personas, una mesa, un perro y un humano ocuparían la misma categoría ética: todos ellos serían cosas, o todos ellos serían personas. Si todos los seres fueran considerados cosas entonces no tendría sentido hablar de Ética, pues todos los seres serían utilizables, incluido quien defendiera esto, lo cual contradeciría sus intereses, rebatiéndose a sí mismo, pues lógicamente un interés no puede ser autofrustrado[5]. No es casualidad que el deber o norma ética se origine en los intereses de cada conciencia[6], pues la materia por sí sóla no impone ningún deber. Por lo tanto el criterio que diferencia a las personas de las cosas es «tener una conciencia»; dicho criterio se llama sensocentrismo, y sensocentristas a quienes lo defienden. Por ello tampoco tiene sentido afirmar que «todo son personas», como si cada partícula elemental fuera una conciencia, o afirmar que «el sensocentrismo discrimina arbitrariamente a los seres que no tienen una conciencia»,  pues no es cierto que todos los seres tienen una conciencia y por lo tanto no todos los seres tienen intereses a los que discriminar. El sensocentrismo no discrimina arbitrariamente a nadie, ni considera cosas como si fueran personas. Daniel C. Dennett (1942-) en su libro «Tipos de Mentes» dice lo siguiente:


Algunas personas dicen que «como según el sensocentrismo debemos respetar a las conciencias entonces sería éticamente correcto matar a quienes están inconscientes». Estas personas confunden la «conciencia» con el estado de la conciencia llamado «consciencia», por eso creen erróneamente que según el sensocentrismo es éticamente correcto matar a quien está en estado inconsciente. El sensocentrismo considera persona a todo aquel ser que tiene una conciencia, aunque dicha conciencia se encuentre en un estado inconsciente. Algunas personas que entienden esto se preguntan por qué razón le hacemos un mal a alguien que matamos cuando está inconsciente o a quien matamos instantáneamente sin causarle sufrimiento; estas personas están respondidas en otro artículo[5].

Algunas personas dicen que el criterio «tener una conciencia» no es suficiente para que un ser sea catalogado como persona. Quienes dicen esto acusan al sensocentrismo de catalogar como personas a más seres de los que se debería. Dicen que sólo son personas los seres con conciencia que ADEMÁS poseen una/s determinada/s característica/s que no todos los humanos y no humanos poseen. Por ejemplo, Hugo Tristam Engelhardt (1941-) en su libro «The Foundations of Bioethics» («La Fundación de la Bioética»), publicado en 1991, dice lo siguiente: «Lo que caracteriza a las personas es su capacidad de ser autoconscientes, racionales e interesadas por el mérito de reprobación y elogio. […] no todos lo seres humanos son personas. No todos los seres humanos son autoconscientes, racionales y capaces de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio. Los fetos, los recién nacidos, los impedidos mentales mentales muy profundos y quienes están en coma sin esperanza [y podríamos agregar los seniles] constituyen ejemplos de no-personas humanas. Son miembros de la especie humana, pero no tienen en sí y por sí mismos un lugar en la comunidad moral laica». También Peter Singer defiendió en su libro «Ética Práctica» que: «la vida solamente empieza en sentido moralmente significativo, cuando hay consciencia de la propia existencia». Este tipo de ideas llevó en 2012 a la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), la sociedad científica más grande del mundo y propietaria de la revista Science, a defender que delfines y ballenas deben ser tratados como personas no humanas con derecho a la vidaEl error de estas personas es que no infieren el deber ético de los intereses[6], sino de otras características innecesarias que exigen a los seres sintientes. Debido a ello violan el Principio de Igual Consideración de Intereses[7], pues discriminan arbitrariamente a quienes supuestamente no poseen dichas características éticamente irrelevantes. Por ejemplo, apelan a características éticamente irrelevantes como «ser autoconsciente», «ser racional», «ser capaz de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio», etc. Toda conciencia es autoconsciente de sus propias sensaciones e intereses[8] pues lo sentido siempre lo siente alguien. Además, toda conciencia es necesariamente racional en cuanto a que reconoce el Principio Lógico de Identidad: «lo que es, es» (A=A) para poder relacionarse con la realidad y así sobrevivir. En cuanto a «ser capaz de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio», de ello tampoco se infiere lógicamente ningún deber, sino que el deber ya venía dado antes por los intereses. A pesar del error que cometen estas personas, parece una buena estrategia apoyarles para romper la barrera de especie y dar así un golpe mortal al antropocentrismo.


New Scientist: When is an animal a person? (Link)