3 de mayo de 2017

ARGUMENTO:
“Tener conciencia no es lo que hace que un ser deba ser respetado”

RESUMEN: ¿Qué característica diferencia a las cosas (seres para usar: cortar, golpear, etc.) de las personas (seres para respetar)? ¿qué es el sensocentrismo? ¿qué argumentos usan algunas personas contra el sensocentrismo? Éstas son las principales preguntas a las que aquí se debe responder.

Un rasgo esencial de la Ética es utilizar un criterio que diferencie a los seres que son personas (seres para respetar) de los seres que son meras cosas (seres para usar: cortar, golpear, etc.). Si no se utiliza dicha diferenciación entonces se llega a la contradicción de afirmar que uno mismo es una cosa usable cuyos intereses no deben ser considerados. Lógicamente, el criterio que diferencia éticamente a las personas de las cosas es «ser sintiente» o lo que es lo mismo «tener una conciencia», pues la capacidad para sentir permite sufrir y disfrutar y por lo tanto tener intereses respecto a dichas experiencias; a usar este criterio se llama sensocentrismo. La Ética nos lleva al sensocentrismo mediante el uso de la Lógica. La Ética utiliza la Lógica para inferir normas sobre lo que no se debe hacer, y dicho deber se origina en los intereses, que a su vez pertenecen a seres sintientes. Es por ello que la Ética es sensocentrista. Para ser coherente con el sensocentrismo se debe defender y practicar el veganismo. Quien exige a los seres sintientes una característica o capacidad extra para considerarles como personas viola el Principio de Igual Consideración de Intereses. El deber ético no se puede inferir lógicamente de características que no sean los intereses.

Palabras clave: algo-alguien, cosa-persona, concienciasensocentrismo

Un rasgo esencial de la Ética es que utiliza UN CRITERIO mediante el cual cataloga a los seres como personas o como cosas. Posteriormente dichas personas serán «gestionadas» dentro de un determinado marco normativo (deontologista, consecuencialista, etc). En las comunidades antropocentristas en las que vivimos se usa la palabra «persona» como sinónimo de «humano», por eso está recogida esa acepción en el diccionario. Sin embargo, en Ética se  usa la palabra «persona» para diferenciar a los seres que deben ser respetados de los seres que son meras cosas. Peter Singer lo explica así: «el uso del término persona es, en sí mismo, susceptible de despistar, ya que es una palabra que se usa con frecuencia como si quisiera decir lo mismo que ser humano. Sin embargo, los términos no son equivalentes; podría existir una persona que no fuera miembro de nuestra especie. También podrían existir miembros de nuestra especie que no fuesen personas». Por ejemplo, en el debate sobre el aborto inducido de embriones humanos se pone en cuestión en qué momento del embarazo un embrión humano se convierte en una persona[1]. En la actualidad, la inmensa mayoría de comunidades humanas son antropocentristas, es decir, el criterio que se usa en ellas para diferenciar a las personas de las cosas es «pertenecer a la especie humana»[2], aunque el liberalismo empuja a las comunidades hacia el egocentrismo[3], convirtiendo también en mercancías a los humanos que no son ricos. La consecuencia de aceptar el antropocentrismo es el especismo antropocéntrico[4] que discrimina arbitrariamente a quienes no son humanos: son hacinados, golpeados, amputados, degollados, desatendidos, etc., un trato que es rechazado cuando las víctimas son seres humanos.


Algunas personas dicen que no debemos usar un criterio para diferenciar a las personas de las cosas. Si se rechaza utilizar un criterio éticamente relevante que diferencie a las personas de las cosas entonces o todo son cosas, y por lo tanto todo es utilizable, o todo son personas, y por lo tanto debemos «respetar todo». En ambos casos se iguala a todos los seres por la característica que todos ellos comparten: son materia. Por ejemplo, según dicho argumento, una mesa, un perro y un humano ocuparían la misma categoría ética: o todos ellos serían cosas, o todos ellos serían personas. Sin embargo, si todos los seres fueran considerados éticamente como cosas entonces no tendría sentido hablar de Ética, pues todos los seres serían utilizables, incluido quien defendiera dicha idea, lo cual contradeciría sus intereses, rebatiéndose a sí mismo, pues lógicamente un interés no puede ser autofrustrado[5]. No es casualidad que la Regla de Oro de la Ética se origine en los intereses de conciencias[6], pues la materia por sí sóla no siente, no tiene interes, razón por la que ésta no puede imponer ningún deber. Como el deber se origina en intereses y los intereses sólo los tienen los seres sintientes es lógico que el criterio que convierte a una cosa en persona es que sea un ser sintiente (una conciencia); a usar dicho criterio se le llama sensocentrismo, y sensocentristas a quienes lo defienden. Tampoco es cierto que «todo son personas», como si cada átomo y electrón fuese una persona a la que debemos respetar, pues la materia por sí sóla no tiene intereses que podamos frustrar, por lo que es éticamente correcto usarla. Por ello no tiene sentido afirmar que «el sensocentrismo discrimina arbitrariamente a los seres que no tienen una conciencia», pues los seres que no tienen conciencia no tienen intereses que frustrar. El sensocentrismo es una idea que no discrimina arbitrariamente a nadie, ni considera éticamente a las cosas como si fueran personas. En relación a esto, Daniel C. Dennett (1942-) dice lo siguiente en su libro «Tipos de Mentes»:


Algunos veganos se inventan ideas erróneas sobre qué es el sensocentrismo. Por ejemplo, en los artículos «No hay centro», «La perversión del veganismo: el sensocentrismo» y en otros, se rechaza el sensocentrismo y se le atribuyen unas ideas que son ajenas a éste, incluso confundiéndo el sensocentrismo con un marco normativo. La Ética utiliza la Lógica para inferir deberes, deberes que se originan de intereses, e intereses que a su vez pertenecen a seres sintientes. Por lo tanto, en la Ética, los seres sintientes ocupan una categoría especial llamada «personas», y a defender dicha categorización ética es precísamente a lo que llamamos «sensocentrismo». Es por ello que la Ética es sensocentrista y que su Regla de Oro es: «a priori los intereses no deben ser frustrados»[6].

Algunas personas dicen que «como según el sensocentrismo debemos respetar a las conciencias entonces sería éticamente correcto matar a quienes están inconscientes». Estas personas confunden la «conciencia» con el estado de la conciencia llamado «conSciencia», por eso creen erróneamente que según el sensocentrismo es éticamente correcto matar a quien está en estado inconsciente. Sin embargo, el sensocentrismo considera éticamente a todo aquel ser que tiene una conciencia, aunque dicha conciencia se encuentre en un estado inconsciente. Algunas personas que entienden esto se preguntan por qué razón le hacemos un mal a alguien que matamos cuando está inconsciente o un mal a quien estando consciente es matado instantáneamente sin causarle sufrimiento; estas personas están respondidas en otro artículo[5]. En otras ocasiones se argumenta diciendo que el sensocentrismo no considera personas a quienes padecen una enfermedad que les impide sentir dolor físico, sin embargo esta idea sobre el sensocentrismo es errónea porque dichas personas siguen siendo seres sintientes con intereses.

Algunas personas dicen que el criterio «ser sintiente» o «tener una conciencia» no es suficiente para que un ser sea catalogado como persona. Quienes dicen esto acusan al sensocentrismo de catalogar como personas a más seres de los que se debería. Dicen que sólo son personas los seres con conciencia que ADEMÁS poseen una/s determinada/s característica/s que no poseen todos los humanos ni todos los animales no humanos. Por ejemplo, Hugo Tristam Engelhardt (1941-) en su libro «The Foundations of Bioethics» («La Fundación de la Bioética»), publicado en 1991, dice lo siguiente: «Lo que caracteriza a las personas es su capacidad de ser autoconscientes, racionales e interesadas por el mérito de reprobación y elogio. […] no todos lo seres humanos son personas. No todos los seres humanos son autoconscientes, racionales y capaces de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio. Los fetos, los recién nacidos, los impedidos mentales mentales muy profundos y quienes están en coma sin esperanza [y podríamos agregar los seniles] constituyen ejemplos de no-personas humanas. Son miembros de la especie humana, pero no tienen en sí y por sí mismos un lugar en la comunidad moral laica». En 2012, esta idea errónea llevó a la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), la sociedad científica más grande del mundo y propietaria de la revista Science, a defender que delfines y ballenas deben ser tratados como personas no humanas con derecho a la vida, pero no otros seres sintientes. El error de estas personas es que no infieren el deber ético de los intereses[6], sino de otras características innecesarias que exigen a los seres sintientes. Debido a ello violan el Principio de Igual Consideración de Intereses[7], pues discriminan arbitrariamente a quienes supuestamente no poseen dichas características éticamente irrelevantes. Por ejemplo, apelan a características éticamente irrelevantes como «ser autoconsciente», «ser racional», «ser capaz de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio», etc. Toda conciencia es autoconsciente de sus propias sensaciones e intereses[8], pues lo sentido siempre lo siente alguien. Además, toda conciencia es necesariamente racional porque reconoce el Principio Lógico de Identidad: «lo que es, es» (A=A) para poder relacionarse con la realidad y así sobrevivir. En cuanto a «ser capaz de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio», de ello tampoco se infiere lógicamente ningún deber, sino que el deber ya venía dado antes por los intereses. A pesar del error que cometen estas personas, parece una buena estrategia apoyar de manera temporal campañas como la de Proyecto Gran Simio con el objetivo de conseguir el reconocimiento legal de personas no humanas, rompiendo la barrera de especie y dando así un golpe mortal al antropocentrismo.


New Scientist: When is an animal a person? (Link)