ARGUMENTO: “Los animales no tienen interés en seguir viviendo”

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RESUMEN: ¿Qué es proyectarse en el futuro? ¿pueden proyectarse en el futuro quienes no son humanos? ¿tienen interés en seguir viviendo quienes no son humanos? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Puede que los animales no humanos no tengan pensamientos sobre el número de años que vivirán, pero en virtud de que tienen interés de disfrutar, eso implica que tienen el interés de seguir viviendo para satisfacer dicho interés. Además, es biológicamente necesario que todos los animales sintientes planifiquen en menor o en mayor medida lo que van a hacer en el futuro y que recuerden experiencias pasadas; numerosos experimentos científicos nos muestran evidencias de que todo esto es así.

Palabras clave: interés en seguir viviendo

1. Algunas personas dicen que existe «el interés en vivir». Sin embargo dicha afirmación es absurda porque los muertos y otros objetos no tienen intereses. Por lo tanto lo que existe es el interés en seguir viviendo.

2. Algunas personas dicen que «los animales no tienen interés en seguir viviendo, por tanto no les hacemos un mal si les matamos sin causarles sufrimiento». A veces esta idea es defendida de manera especista (no incluyendo a humanos) y otras veces es defendida de manera no especista (incluyendo a algunos humanos). Por ejemplo, en su versión no especista, esta idea es defendida por Damo y por otros. Damo dice: «Para mí es un error muy frecuente el pensar que existe el interés en vivir en otro ser que no sea humano. El interés en vivir existe a veces en algunos humanos, solamente».


EN OBRAS....................................


 

Si alguien no tiene interés en seguir viviendo no serían conscientes de que llegará el día en el que sus vidas acabarán, y por tanto estos creerían que vivirán por siempre. Por tanto no tendrían interés en no morir, pero tendrían interés en hacer cosas en el presente y en el futuro. Al matar a dichos sujetos frustraríamos todos esos intereses y por tanto les haríamos un mal.

Como ya explicamos en la entrada sobre «bienestarismo»[2], no existe explotación sin sufrimiento: quienes son explotados y matados sí sufren, y mucho, en las granjas, en los camiones que los trasportan, en los mataderos y en los barcos pesqueros. Los "bienestaristas" suelen hacer la vista gorda ante dicho sufrimiento, pues realmente no miran por el bienestar de los demás, sino por sus propios intereses gastronómicos y/o económicos. Por lo tanto, los "bienestarias" intentan hacernos creer que les preocupa que quienes son explotados no sufran.

Si pasamos por alto esto que acabamos de comentar, los "bienestaristas" dicen que es éticamente correcto matar a los animales no humanos sin producirles sufrimiento porque, según ellos, sólo los humanos tienen interés en seguir viviendo. Si esto fuera cierto, es decir, si los animales no humanos no tuvieran interés en seguir viviendo entonces no habría nada éticamente incorrecto en matarlos sin producirlos sufrimiento.

Para negar el interés de seguir viviendo de los animales no humanos, los "bienestaristas" suelen decir que: o bien estos no tienen un deseo consciente por seguir viviendo, o no pueden hacer planes a largo plazo, o no pueden imaginarse a sí mismos viviendo en el futuro, o no tienen una suficiente complejidad psicológica a lo largo del tiempo, etc.

Algunas personas dicen que «los animales no humanos no tienen interés en seguir viviendo porque no pueden proyectarse a sí mismos en el futuro».


Algunas personas dicen que quienes no son humanos no pueden proyectarse en el futuro. Por ejemplo, según el etólogo William A. Roberts, los animales no humanos están «atrapados en el tiempo» porque mentalmente no pueden «viajar en el tiempo» ni hacia el pasado ni hacia el futuro, es decir, no poseen la habilidad mental necesaria para percibir el tiempo -como dar forma a los recuerdos-, por lo tanto ningún animal no humano viviría psicológicamente fuera del presente[3]. En cambio, según Roberts, todos los humanos, consciente y voluntariamente, son capaces de comprender el tiempo, es decir, pueden recuperar recuerdos específicos o pensar en el futuro para planificar y anticipar acontecimientos, por ejemplo, la muerte; pero Roberts utiliza la falacia ecológica para llegar a estas conclusiones sobre las capacidades de los humanos[1].

En una posición intermedia se encuentra Peter Singer. Singer define la conciencia de uno mismo como una capacidad para representarse así mismo en tanto que entidad distinta de las otras que poseen un pasado y un futuro, como una actitud para representarse como un “continuador de sí mismo” (a continuing self) en el curso del tiempo. Singer defiende que sólo ciertos animales no humanos y ciertos humanos poseen dicha capacidad y que, por lo tanto, se debería respetar el interés de seguir viviendo de dichas personas humanas y no humanas, no sería éticamente incorrecto matar sin sufrimiento al resto de individuos sintientes si fuera necesario.

Una versión poco frecuente del argumento es la teoría que dice que no existe un “yo” que continúe a lo largo del tiempo sino un individuo distinto en cada instante de tiempo. Si esto fuera cierto entonces la muerte sin sufrimiento no nos dañaría, pues no supondría nuestro fin sino que otros seres (con nuestro mismo cuerpo y personalidad) no existirán en el futuro. Asumir como cierta esta teoría supondría que los animales no humanos, pero también los humanos, no tendrían interés en seguir viviendo, pues no serían ellos quienes supuestamente vivirán un instante más tarde sino que lo hará otra persona inexistente. Por lo tanto, quienes creen que tienen interés en seguir viviendo no pueden usar esta teoría para decir que los demás animales no lo tienen. Esta versión del argumento no la vamos a tratar aquí.

Formulamos de forma más clara el argumento general que utilizan dichas personas. Las premisas y la conclusión serían las siguientes:

ESTRUCTURA DEL ARGUMENTO GENERAL:

P1: "Todos los humanos tienen capacidad para proyectarse a sí mismos fuera del presente".
P2: "Los animales no humanos no tienen capacidad para proyectarse a sí mismos fuera del presente".
C1: Como P2 es verdadera entonces "Los animales no humanos no tienen interés en seguir viviendo".
C2: Como C1 es verdadera entonces "Es éticamente correcto matar a animales no humanos sin producirles sufrimiento".

Este argumento puede rebatirse de las siguientes maneras:


Intuitivamente parece que es cierto que los animales no humanos quieren seguir viviendo pero, aunque las intuiciones pueden ayudarnos a tomar ciertas decisiones cuando algo no está claro, éstas no son razones concluyentes debido a que pueden engañarnos. A continuación enumeramos las razones que nos llevan a concluir que los animales sintientes sí tienen interés en seguir viviendo.

(i) La capacidad e interés en disfrutar implica un interés en seguir viviendo para poder disfrutar. Podemos observar que los seres sintientes no sólo podemos ser perjudicados directamente, por ejemplo, si nos producen un sufrimiento que consideramos innecesario, sino que también se nos perjudica indirectamente cuando se nos impide disfrutar, sobretodo cuando nos matan. Cuando la muerte impide a alguien disfrutar, ésta le afecta negativamente, pues la muerte le impide tener dichas experiencias positivas. Como todos los seres sintientes tienen capacidad e interés en disfrutar[5] entonces, por lógica, todos ellos tienen interés en seguir viviendo para poder hacerlo, independientemente de las capacidades psicológicas que tengan: no hace falta tener la capacidad para hacer planes a largo plazo, ni imaginarse a uno mismo en el futuro, etc. Óscar Horta lo explica de la siguiente manera en su artículo "El argumento de por qué los animales sintientes tienen un interés en vivir":

"Para los seres con la capacidad de sufrir y disfrutar es malo tener experiencias negativas (como, por ejemplo, un dolor, una pena, un miedo, etc.). Esto es así por definición, por eso mismo se llaman experiencias negativas, si no, no podrían recibir tal nombre. O sea, se llama experiencia negativa a toda experiencia que es negativa para quien la tiene, es realmente tan sencillo como eso. A una experiencia que no afecte negativamente a alguien no la podemos llamar “negativa”. Y lo mismo pasa si pensamos en una experiencia positiva (como un disfrute, una sensación de felicidad, un sabor delicioso…). Si tiene ese nombre es porque esa experiencia afecta positivamente a quien la tiene.

Ahora bien, hay situaciones, eventos o acciones que pueden beneficiarnos o perjudicarnos no porque en sí mismas constituyan experiencias buenas o malas, sino porque tienen efectos que nos afectan. Nos pueden afectar para bien o para mal. ¿De qué manera? Pues, por ejemplo, si como consecuencia de ellas nos pasen cosas buenas o malas. O también de otra forma: impidiendo que esas cosas buenas o malas nos sucedan.

Por ejemplo, supongamos que sufro un gran dolor y alguien me administra un cierto tratamiento que por lo demás es totalmente inocuo. El tratamiento no me causa en sí mismo ni placer ni dolor, pero gracias a él el gran dolor que sufría desaparece totalmente. Parece claro que podemos decir que el tratamiento fue positivo para mí. ¿Por qué? Simplemente porque evitó que continuase sufriendo el dolor, que es algo negativo.

Supongamos ahora que alguien me envía por correo en secreto un regalo que me hará mucha ilusión y con el que disfrutaré mucho. Sin embargo, el regalo no me llega: alguien lo roba sin que yo lo sepa. Así, nunca me entero ni de que me habían hecho el regalo ni de que me lo han quitado. Aun así, tiene perfecto sentido decir que la persona que me lo roba me ha causado un mal. ¿Por qué? Porque con su robo ha impedido que yo pueda disfrutar de todo lo positivo que ese regalo habría resultado para mí.

Es por esto por lo que aquellos hechos o circunstancias que impiden que podamos disfrutar de cosas positivas nos afectan negativamente. Y es por ello por lo que la muerte es un mal. La muerte impide que podamos tener experiencias positivas en el futuro.

Dado todo esto, ¿quién podemos decir que tiene un interés en vivir? Pues todos aquellos seres que tengan la capacidad de tener experiencias positivas. La muerte es un daño para ellos porque impide que puedan tener esas experiencias." Óscar Horta, "El argumento de por qué los animales sintientes tienen un interés en vivir"

Puede que los animales no humanos no tengan pensamientos sobre el número de años que vivirán, pero en virtud de que tienen interés de disfrutar, eso implica que tienen el interés de seguir viviendo para satisfacer dicho interés. Una idea similar ha sido defendida por Gary Francione[7], entre otros.


(ii) Proyectarse a sí mismo en el futuro es una característica biológicamente necesaria. En menor o en mayor medida, todos los animales planificamos lo que vamos a hacer en el futuro. Pensar sobre lo que queremos hacer en los próximos segundos es una planificación de eventos futuros a muy corto plazo. Nadie puede sobrevivir sin recordar dónde ha estado antes, dónde encontrar comida, o qué tipo de peligros le conviene evitar. Los seres sintientes no se limitan a ir de un sitio a otro al azar o automáticamente por sus instintos, pues si no tomaran decisiones sobre lo que van a hacer entonces no podrían adaptarse a los cambios que se producen en su entorno y, por lo tanto, no tendrían ninguna posibilidad de sobrevivir. Planificar lo que se va a hacer en el futuro, aunque sea a muy corto plazo, es necesario para la supervivencia.

En el Diccionario de etología y aprendizaje animal podemos leer lo siguiente[6]:

Expectativa (expectancy):

Anticipación de un suceso futuro. Tolman desarrolló una teoría del aprendizaje basada en la noción de expectativa, siendo la idea fundamental: los organismos expuestos a secuencias regulares de sucesos llegan a esperar o anticipar los elementos ulteriores de la secuencia en cuanto se producen los elementos precedentes. Una rata que ha aprendido a recorrer un laberinto para obtener comida se dice que espera (tiene expectativa de) recibir ese alimento si ejecuta ciertas respuestas o si aparecen ciertos estímulos (los asociados al camino correcto).

No hay duda de que los animales son sensibles a secuencias se sucesos regularmente repetidas. Un experimento de habituación ofrece una demostración sencilla. Si se expone repetidamente un animal a un estímulo determinado (un ruido, una luz) presentado a intervalos regulares, la reacción provocada inicialmente por ese estímulo no tarda en hacerse habitual. Pero, si la secuencia regular se interrumpe, por ejemplo, omitiendo simplemente el estímulo en un momento en el que ocurría normalmente, el animal mostrará con un adrupto cambio de conducta (parar las orejas o volver la cabeza hacia la fuente del estímulo) haber detectado la omisión. Para ello, debe haberse formulado presumiblemente alguna representación de la secuencia regular: en otros términos, debe de haber estado a la espectativa del estímulo y se ha sorprendido de que no apareciera.

La resistencia a la teoría de la espectación proviene de la adhesión doctrinal a una forma estricta de conductismo, que requiere del psicólogo estudiar y predecir sólo lo que el sujeto hace y no le permite recurrir a ningún tipo de experiencia interna para explicar la conducta. Pero pronto se hizo evidente que, aún en el caso de organismos sin expresión articulada, y quizá más particularmente en ellos, lo que un animal ha aprendido o puede decirse que sabe no siempre es inmediátamente evidente en su conducta. Aunque pueda ser verdad que en la teoría de Tolman, como dijo Guthrie, "se deja a la rata sumida en sus pensamientos"; esto es, paradójicamente, una virtud si significa que la teoría pone el acento en el hiato entre conocimiento y acción. Las tendencias recientes en teoría del aprendizaje señalan un retorno a las concepciones de Tolman, y hoy pocos teorizadores se siente incómodos por expresiones como expectativas de refuerzo, diferencias de afectividad entre refuerzos esperados e inesperados, o sorpresa de un animal ante la parición de un suceso inesperado o ante la omisión de un suceso esperado (Gray, 1975).




(iii) La ciencia afirma que muchos animales no humanos planifican el futuro. A continuación mostraremos estudios que demuestran que los animales no humanos piensan sobre lo que van a hacer en el futuro:

Antes de 1997, se habían encontrado escasas evidencias científicas de que los animales pueden planificar eventos en el futuro.

PLANIFICACIÓN DEL FUTURO EN PRIMATES:

- Desde 1997, Mathias Osvath, un científico cognitivo de la Universidad de Lund en Suecia, inició un estudio sobre la capacidad de planificar el futuro de un chimpancé llamado Santino que vivía encerrado en el zoológico de Furivik. El estudio comenzó cuando los carceleros se percataron que siempre había piedras amontonadas en la sección del pabellón que mira hacia el público visitante. Santino acumulaba las piedras para posteriormente lanzárselas a los degenerados visitantes que pagaban para observarle en cautiverio. Estas observaciones forman parte de un informe publicado en 2009 en la revista científica Current Biology. Esto da a entender que Santino era capaz de anticipar un estado mental futuro, una capacidad que ha sido difícil de demostrar a ciencia cierta en los animales, así lo explica Mathias Osvath:

Santino en el zoológico-cárcel de Furivik


"Hemos llevado a cabo estudios experimentales y a mi entender los chimpancés demostraron de forma muy clara que sí planifican para sus necesidades futuras. Sin embargo hay argumentos de que quizás esto haya sido un artilugio experimental." (...) "Ahora tenemos este comportamiento espontáneo, que de cierta forma es una evidencia más sólida". (...) "Estoy personalmente convencido de que al menos los chimpancés son capaces de planificar para sus necesidades futuras" (...) "Espero que otros zoológicos o los que están en el campo observen más de cerca lo que sucede". (...) "Apostaría que debe haber muchos de estos comportamientos de por ahí. No me sorprendería que los encontremos en los delfines y otras especies". Mathias Osvath, en una entrevista a la BBC en marzo de 2009

Las actividades matutinas de Santino justo antes de que se abriera el zoológico en la ciudad al norte de Estocolmo fueron las más reveladoras. Ese era el momento para pertrecharse tranquilamente, en anticipo de lo que vendría más tarde.

Además, Santino aprendió cómo y cuándo podría desarmar componentes de su pabellón de hormigón para fabricar más proyectiles. Las filtraciones de agua en las grietas del hormigón generan desprendimientos al congelarse. Santino se inventó un procedimiento de golpear el hormigón suavemente para detectar las partes huecas a través del sonido y luego golpea con fuerza para sacar trozos que pasan a formar parte de su arsenal.

- En mayo de 2006, La resvista Science publicó un artículo titulado "Planning of the Apes". En él se habla sobre las conclusiones de Joseph Call, investigador jefe del Instituto Max Plank de Antropología Evolucionaria en Leipzig (Alemania), y Nicholas Mulcahy que muestran que los chimpancés pigmeos (bonobos) y los orangutanes son animales con capacidad para planificar el futuro[8].

Los investigadores encontraron que estos simios pueden escoger una herramienta que les servirá para realizar una tarea posterior, llevársela, guardarla por un tiempo y volverla a sacar, horas después, para resolver el problema.

El equipo de científicos alemanes cree que esta capacidad puede haber surgido hace unos 14 millones de años, cuando los chimpancés pigmeos, los orangutanes y los seres humanos compartían un ancestro común.

Según Josep Call, investigador jefe del Instituto Max Plank de Antropología Evolucionaria, "estudios previos habían demostrado que chimpancés y otros animales pueden transportar herramientas para resolver un problema en el momento".

Pero la principal diferencia en este caso, "es que cuando los simios se llevan la herramienta, la guardan y no la usan. Pero eso significa que ellos anticipan que la van a necesitar después para solucionar algo".

Simios en el Salón de espera:

Para llegar a estas conclusiones los científicos hicieron varios experimentos. En uno de ellos, les enseñan a los simios cómo usar una determinada herramienta para conseguir algo de comer que está en un repostero.

Después, los simios tienen que escoger de entre varias herramientas que les ofrecen, algunas de las cuales sirven para el propósito de conseguir la comida guardada y otros no. Pero el acceso a la comida se cierra con llave.

Acto seguido se lleva a los simios a otro lugar, donde tienen que esperar una hora antes de regresar a la habitación donde se había dejado la comida.

Si ellos habían escogido la herramienta correcta, entonces podían conseguir el premio.

En seis casos de 16, los simios consiguieron escoger la herramienta correcta, llevársela a la sala de espera y usarla después para recuperar la comida.

El equipo de científicos también encontró que el nivel de éxito se repetía cuando se extendía aún más el periodo de espera: unas 14 horas.

"Para la teoría tradicional del aprendizaje es muy difícil explicar esto y varios científicos habían sostenido que la planificación a futuro es algo que estaba más allá de la capacidad de los animales", comenta Josep Call.

El equipo alemán se centró en los chimpancés pigmeos y en los orangutanes porque estos tipos de simios representan nuestros parientes más cercanos, en el primer caso, y más lejanos, en el segundo, en la cadena del gran simio.

Humanos y chimpancés evolucionaron en diferentes caminos entre cinco y siete millones de años atrás; los orangutanes, hace unos 14 millones de años.

En la siguiente etapa, el equipo piensa investigar si los simios son capaces de proteger la herramienta si es que comparten el salón de espera con un competidor.

Y es que hasta ahora las observaciones de uso de herramientas y planificación habían implicado sólo hambre inmediata por parte de los animales, lo que no suponía un pensamiento a largo plazo. De este modo, cuando los chimpancés transportan piedras para usarlas para abrir nueces, o los cuervos de Nueva Caledonia hacen herramientas con forma de anzuelo para pescar insectos, lo hacen en un intento por satisfacer su actual estado de hambre, no uno futuro... Eso es lo que se pensaba.

Pero los científicos realizaron un experimento aún más complejo, para así demostrar que en las acciones de ciertos animales si está implicado el futuro. Construyeron un cilindro de metal con una pieza de espagueti crudo sujetando dos racimos de uvas. Para obtener la recompensa tenían que romper el espagueti insertando un tubo de plástico a través del agujero superior del cilindro. Eso hacía que las uvas cayeran y colgaran frente a los agujeros frontales de tal forma que podían acceder a ellas.

En otra prueba, los simios tenían que utilizar un gancho de metal para pescar una botella de jugo de uvas. Para pasar los experimentos, los animalitos tenían que recordar sacar la herramienta adecuada de la habitación y devolverla un tiempo después. Tanto los orangutanes como los bonobos pasaron las pruebas varias veces.

PLANIFICACIÓN DEL FUTURO EN AVES:

- En 1999, la revista Science publicó un experimento de los psicólogos Nicola Clayton y Anthony Dickinson, de la Universidad de Cambridge, que demostró que los arrendajos recuerdan perfectamente, no sólo dónde escondieron comida, sino también qué tipo de comida enterraron en cada escondite e, incluso, cuándo la enterraron.

Para demostrar esto, Clayton y Dickinson le dieron a una serie de pájaros la oportunidad de esconder dos tipos de comida, cacahuetes (maní) o gusanos, en unas cubetas que los investigadores habían preparado llenándolas con arena. Cada arrendajo tenía a su disposición varias cubetas, y alrededor de ellas había determinados objetos para permitir a los pájaros tomar referencias espaciales que les pudieran servir posteriormente de guía durante el proceso de recuperación del alimento.

Una vez que cada pájaro había enterrado todos los alimentos disponibles en su sesión experimental, la primera prueba consistía en averiguar si recordaba los escondites y qué había escondido en cada sitio. Pudiendo recuperar ambos tipos de alimento, lo normal sería que se inclinaran por los gusanos, su comida favorita. Efectivamente, al devolver a los pájaros al recinto experimental unas horas después de haber almacenado los alimentos, los pájaros fueron directamente a los lugares en los que habían escondido ¡los gusanos!.

Así, el experimento demostró que sabían perfectamente qué habían escondido y dónde. Por supuesto, los alimentos habían sido retirados y la arena renovada antes de realizar la prueba, con el objeto de evitar claves olfativas o pequeñas marcas que pudieran guiar la búsqueda. Pero venía la otra parte: averiguar si recordaban no sólo qué han escondido y dónde, sino también cuándo. Para investigar esto se utilizó información acerca de sus preferencias gastronómicas y de las leyes de la naturaleza: prefieren los gusanos a los cacahuetes, y los gusanos se descomponen mucho antes que los cacahuetes. Entonces, si se les permitía recuperar la comida poco tiempo después de haberla escondido, lo normal era que recuperaran antes los gusanos, que les gustan más. Sin embargo, si pasaba mucho tiempo desde que escondían la comida hasta que se les permitiera recuperarla, y si tienen memoria temporal, deberían recuperar los cacahuetes en vez de los gusanos.

Los resultados del experimento mostraron, efectivamente, que si habían pasado unas pocas horas desde el almacenamiento de comida hasta que les permitían recuperarla, los arrendajos buscaban los gusanos, dejando los cacahuetes para otra ocasión. Por el contrario, si habían pasado ya varios días no se molestaban en recuperar los gusanos: de alguna manera calculaban que debían estar ya podridos e invertían su tiempo (y sus ganas de comer) en buscar los cacahuetes.

Esta recuperación selectiva de los cacahuetes cuando han pasado muchas horas desde el almacenamiento se da sólo en los pájaros que previamente han tenido la oportunidad de aprender que la carne de gusano se estropea con el paso del tiempo. Es decir, los pájaros recuerdan perfectamente qué alimentos han guardado y cuándo lo han hecho, pero requieren de la experiencia para aprender que determinados alimentos se echan a perder con el tiempo.

Los pájaros que, criados en cautividad, no han tenido la oportunidad de aprender esto, no seleccionan adecuadamente sus alimentos. Eso sí: esta dependencia del aprendizaje no limita la actuación de los pájaros, sino que más bien la hace más flexible y capaz de adaptarse a la recogida de una enorme variedad de alimentos diferentes.

- Joanna Dally, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y sus colegas pusieron a prueba a arrendajos en cautividad, y vieron que los pájaros podían recordar qué otra aves estaban mirando cuando escondieron por primera vez ciertos alimentos. Si un pájaro con más autoridad que los arrendajos les había visto almacenar su comida, los arrendajos movían el escondite cuando el ave dominante no estaba mirando.

- De acuerdo a Thomas Suddendorf, de la Universidad de Queensland en Brisbane (Australia), planear las necesidades futuras no es únicamente humano, ya que simios y arrendajos pueden anticipar también futuras necesidades recordando acontecimientos pasados, lo que contradice la idea de que dicho comportamiento cognitivo sólo aparecía en homínidos.

- En febrero de 2007, la revista Nature publicó un estudio titulado "Planning for the future by western scrub-jays"[9][10], llevado a cabo durante siete meses por el investigador Andy Radford, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Bristol en el Reino Unido, con el que demostró que los pájaros intensifican sus relaciones intragrupales cuando aumentan las posibilidades de un conflicto con un grupo rival. Esta conducta parece indicar que las aves pueden ser capaces de anticiparse a una situación y planificar de antemano, comportamiento que normalmente se atribuye a los seres humanos y a los primates más evolucionados.

(iv) La limitación para anticipar el futuro implica un sufrimiento aún más intenso. Algunas personas dicen que el sufrimiento de los animales no humanos es distinto al sufrimiento de los humanos adultos sanos porque es a corto plazo; argumentando que los demás animales no pueden anticipar el futuro ni hacer planes a largo plazo, como lo hace nuestra especie. Si este argumento es cierto, no haría más que apoyar el supuesto contrario, es decir, que los animales no humanos pueden tener un sufrimiento aún más intenso que los humanos, ya que si no pueden tener la habilidad de anticipar cuando va a cesar el estímulo o la situación que les causa malestar, dolor o miedo, –porque es un evento nuevo y desconocido para ellos–, esto no hará más que aumentar su ansiedad, y con ello, su sufrimiento[11]. Sería similar a lo que ocurriría con el sufrimiento de un bebé humano.





NOTAS Y REFERENCIAS

[1] William A. Roberts, Miranda C. Feeney, Krista MacPherson, Mark Petter, Neil McMillan, Evanya Musolino. "Episodic-Like Memory in Rats: Is It Based on When or How Long Ago?", Science 4 April 2008: Vol. 320 no. 5872 pp. 113-115. DOI: 10.1126/science.1152709
[6] Harre, Rom y Lamb, Roger. Diccionario de etología y aprendizaje animal. Editorial Paidos, 1991. pag. 83
[7] Francione, Gary L. (2000): Introduction to Animal Rights. Your Child or the Dog?, Temple University Press, Filadelfia. pp.137-138
- Francione, Gary L. (1999): «El error de Bentham (y el de Singer)», Teorema, vol. XVIII/3, p.46.
[8] "Planning of the Apes". Science. Yudhijit Bhattacharjee on 18 May 2006, 12:00AM y BBC Ciencia, 22-05-2006 // www.news.bbc.co.uk
[9] C. R. Raby1, D. M. Alexis, A. Dickinson & N. S. Clayton. "Planning for the future by western scrub-jays". Vol 445|22 February 2007| doi:10.1038/ Nature.
[10] bbc.co.uk - Las aves tienen la capacidad de planificar
[11] Dolan, K: Ethics, animals and science. London: Blackwell Science,1999: 157.

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- eltamiz.com - Pasado y futuro en la mente animal
- masalladelaespecie.wordpress.com - El argumento de por qué los animales sintientes tienen un interés en vivir