ARGUMENTO: “Si no maltratamos a los animales se extinguen”

RESUMEN:  ¿Es necesario maltratar a los animales para que no se extingan? ¿qué es lo éticamente relevante, el respeto a los demás o la conservación de especies? ¿el toro «de lidia» es una especie animal? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Todos los seres sintientes tenemos nuestra propia vida y no queremos ser dañados independientemente del número de individuos que pertenezcan a nuestra especie. Los animales no humanos también quieren disfrutar de sus vidas sin sufrimiento y por eso les debemos respetar, y esa es la misma razón por la que se debe respetar a los humanos. Para que no se extinga una especie, el Estado debe proteger sus hábitats y sus vidas, no matarles. Para protegerles, el Estado debería confiscar territorios si fuera necesario y usar el Ejército contra quienes les quisieran matar. Lo éticamente relevante es la salud/vida de los seres sintientes, no que haya más o menos especies; la «biodiversidad» es un concepto ecologista, no ético.

Palabras clave:  Bos taurusconservacionismoespecies, extinción

Es muy común encontrar a personas que están en contra de que se extingan especies, pero que están a favor de matar animales. Esto es contradictorio, pues si todos los humanos mataran a animales de determinadas especies las extinguirían.

Algunas personas dicen que «sólo es éticamente incorrecto matar a animales que están en peligro de extinción». Esta idea no la aplican con humanos porque son especistas[1]. Sin embargo, todos los seres sintientes tenemos nuestra propia vida y no queremos ser dañados independientemente del número de individuos que pertenezcan a nuestra especie. Los animales no humanos también quieren disfrutar de sus vidas sin sufrimiento y por eso les debemos respetar, y esa es la misma razón por la que se debe respetar a los humanos. Lo éticamente relevante es la salud/vida de los seres sintientes, no su número. Tampoco es éticamente relevante que haya más o menos especies; la «biodiversidad» es un concepto ecologista, no ético.

Algunas personas dicen que «debemos reproducir a los animales no humanos y maltratarles para que no se extingan». Los animales se extinguen porque se destruyen los hábitats en los que viven y porque se les mata. Para que no se extinga una especie, el Estado debe proteger sus hábitats y sus vidas, no matarles. Para protegerles, el Estado debería confiscar territorios si fuera necesario y usar el Ejército contra quienes les quisieran matar. Un ejemplo clásico es el de los taurinos que dicen que «sin corridas de toros los toros se extinguirían». La Realidad es que no es necesario hacer «corridas de osos panda» o «corridas de linces» para proteger a los osos panda o a los linces, y lo mismo ocurre con los toros. Los toros pueden vivir en dehesas mantenidas y protegidas por la ley, tal y como sucede con otros espacios naturales y con animales de otras especies. El problema es que a los taurinos realmente no les importan ni los toros como individuos ni las especies, sino el beneficio económico, Luis Gilpérez Fraile lo explica así[1]:

«Es evidente que a los taurinos lo que les preocupa es la desaparición de las corridas, no de los toros: a unos, los simples aficionados, porque perderán su divertimento; a otros -ganaderos, críticos, matadores, etc.- porque perderán su negocio. Pero ni a unos ni a otros les interesa la suerte de las pseudorrazas de lidia. Y para hacer esta afirmación me baso en las siguientes evidencias:

a) Muchas pseudorrazas se han perdido ya y otras se seguirán perdiendo, de forma provocada, y no por ello ponen el grito en el cielo(1).

b) Varias razas bovinas autóctonas (verdaderas razas) han desaparecido en estos últimos años (campurriana, pasiega, lebaniega, etc.) y otras muchas se encuentran en peligro eminente de desaparición (albera, blanca cacereña, cachena, murciana, etc.) y no son precisamente los taurinos los que destacan pidiendo su protección.»

- En marzo de 2012, la ganadería albaceteña de Mariano Cifuentes, una de las más demandadas en los festejos taurinos, envíó a todos los animales al matadero por razones económicas. El ganadero alegó que la sequía, el alto coste de los piensos y la dificultad para dar salida a los animales fueron las causas que provocaron que enviara a los 560 animales que formaban su ganadería al matadero para convertirlos en carne.

Las alegaciones vertidas siempre por los ganaderos de toros de lidia, como que la que ellos llaman «raza» se extinguiría si no fuera por su labor ganadera, quedan desmontadas con informaciones como esta. En ningún caso tienen interés en preservar el toro de lidia, sino sus propios intereses económicos. No dudan en mandar al matadero a toda una ganadería cuando ya no les resulta rentable. En los últimos años, también las ganaderías de Atanasio Fernández (Salamanca), Trifino Vegas (Valladolid), Benavides (León) o Sánchez Cobaleda (Salamanca) han seguido el mismo destino.

Algunas personas dicen que «los toros "de lidia" son una especie o una raza». Aclarar que ésta cuestión es irrelevante desde un punto de vista ético. Los toros «de lidia» pertenecen a la misma especie que las vacas. La vaca en el caso de la hembra, o toro en el caso del macho (Bos primigenius taurus/Bos taurus), es un mamífero artiodáctilo de la familia de los bóvidos. Además, el toro «de lidia» ni siquiera cumple alguna de las tres reglas necesarias para poder ser clasificado como una raza[1]:

1.- No existen caracteres morfológicos propios de los toros de la hipotética raza de lidia, ya que estos (los caracteres morfológicos de los toros de lidia) son indefinibles por dispares. Descrí­base cualquier ejemplar de cualquier ganaderí­a de las que crí­an toros para lidia, y se podrá comprobar que tal descripción no es aplicable a otros ejemplares de otras ganaderí­as que crí­an ejemplares con el mismo fin. Tampoco existen caracteres diferenciadores definibles entre los toros de la hipotética raza de lidia con respecto a otras razas de la misma especie.

2.- Los caracteres diferenciadores psicológicos que se le suponen a la hipotética raza de lidia (principalmente la difí­cilmente definible "bravura") no parecen perpetuarse de forma regular con la herencia, hasta tal punto que la inmensa mayorí­a carece ellos, según denuncian los propios taurómacos. De lo contrario, las tientas serí­an innecesarias, y todos los toros nacidos de padres "bravos" serí­an igualmente bravos. Tampoco parecen perpetuarse los caracteres morfológicos: observando fotografí­as de ejemplares de toros bravos de distintas épocas, incluso de las mismas ganaderí­as, puede observarse que presentan caracterí­sticas morfológicas muy diferentes.

3.- No conocemos ni una sola descripción cientí­fica de los caracteres diferenciadores de la hipotética raza de lidia. Y ello a pesar de haber consultado una muy amplia bibliografí­a. La razón es sencilla: no puede ser descrito lo que es inexistente. Tan es así­, que ni en el propio Reglamento de Espectáculos taurinos se describen, limitándose a prohibir que se lidien reses que no estén inscritas en el Registro de Empresas Ganaderas de Reses de Lidia, y que las mismas tengan las caracterí­sticas zootécnicas de la ganaderí­a a la que pertenezcan.