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19 mar. 2016

ARGUMENTO:
“El bien y el mal existen, pero de ello no se deduce que debamos hacer el bien y evitar el mal”

RESUMEN: ¿Se debe evitar hacer el mal? ¿se debe hacer el bien? es decir, ¿existe alguna razón lógica que fundamente el deber de respetar a los demás o tanta razón tiene el que hace el mal como el que hace el bien? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Una cosa es una descripción (hechos) y otra cosa es una prescripción o norma (deber). La falacia lógica consiste en inferir una conclusión normativa (un 'DEBE') a partir de premisas descriptivas (un 'ES'), lo cual es ilógico, es una falacia llamada «falacia lógica». La única manera de llegar lógicamente a una conclusión normativa es si hay una norma entre las premisas, pero entonces es necesario una norma autoevidente para no caer en una regresión infinita frente a la pregunta «¿por qué?». Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho. Por lo tanto si alguien tiene un interés entonces lógicamente es contradictorio que diga «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que diga «mi interés no debe frustrarse». El deber se origina en cada interés de cada sujeto y en base a que dicho deber es universalizable entonces inferimos la norma: «los intereses no deben ser frustrados». Como la Ética es inevitablemente consecuencialista eso añade un «a priori» al principio de dicha norma, quedando la «Regla de Oro de la Ética» como sigue: «A priori, los intereses no deben ser frustrados».

Palabras clave: falacia lógica, fundamentación racional de la Ética, lógica deóntica, problema del ser y el deber ser

Las personas que afirman que no existen el bien ni el mal ya están rebatidas en otro artículo del blog. En un artículo anterior se demostró que existe lo bueno universal (el bien) y lo malo universal (el mal): un interés satisfecho siempre es bueno para quien lo satisface, y un interés frustrado siempre es malo para quien se le frustra, independientemente de las consecuencias posteriores a dicha satisfacción y a dicha frustración[1]. Por lo tanto existe una base objetiva en la que basar las normas (tambien llamadas «prescripciones» o «deberes») que impone racionalmente la Ética, pero:

Algunas personas dicen que del HECHO de que existan el bien y el mal no se puede inferir lógicamente la conclusión de que DEBAMOS hacer el bien y evitar el mal. De esta manera denuncian la ilegitimidad del paso del ES al DEBE, también llamada falacia lógica o Ley de Hume, pues fue denunciada originalmente por David Hume (1711-1776) en su libro «Tratado de la naturaleza humana» (1739) de la siguiente manera: «En cada uno de los sistemas de moralidad con que hasta la fecha me he tropezado he observado que invariablemente el autor procede, durante un cierto tiempo, razonando a la usanza ordinaria (estableciendo, por ejemplo, la existencia de Dios, o haciendo observaciones relativas a los asuntos humanos) pero, de pronto, me encuentro sorprendido al comprobar que, en lugar de la cópula ES que, usualmente interviene en las proposiciones, ha dejado paso al verbo DEBE. El cambio es casi imperceptible, pero reviste, sin embargo, la máxima importancia. Porque, dado que dicho DEBE expresa una relación de nuevo cuño, es menester tomar nota del mismo y explicarlo». De una descripción no se puede inferir una norma, dice Hume. Es a estas personas a las que vamos a responder. Por ejemplo, el siguiente argumento (premisas y conclusión) usa la falacia lógica:

(P1) Existen humanos que tienen un útero. (descripción)
(P2) El útero es un órgano del aparato reproductor. (descripción)
(C)  Los humanos que tienen útero deben tener hijos. (norma)

Algunas personas usan la falacia lógica mediante la apelación a la «naturaleza». En un artículo anterior se rebatió la idea de que existen cosas y acciones «no naturales», pues todo es naturaleza y natural[2]. También, y apoyado en en dicho error, en otro artículo se rebatió el argumento de apelación a la naturaleza según el cual las cosas y acciones «naturales» son buenas y éticamente correctas, y las cosas y acciones «no naturales» son malas y éticamente incorrectas[3]. El argumento de apelación a la naturaleza también usa la falacia lógica porque infiere normas en base a la irrealidad y arbitrariedad de lo «no natural». Por ejemplo, normas como: «no debemos ser vegetarianos porque no es natural, es antinatural», «debemos ser vegetarianos porque es natural», «debemos rechazar la homosexualidad porque es antinatural», etc. son falacias lógicas.

Algunas personas usan la falacia lógica cuando intentan explicar por qué razón debemos respetar a los demás, es decir, cuando intentan fundamentar racionalmente la Ética. Por ejemplo, Luis Tovar en su artículo «El principio de identidad», publicado en su blog «Filosofía Vegana», intenta fundamentar racionalmente la Ética en el Principio lógico de identidad (A=A). El Principio lógico de identidad es el principio esencial de la Lógica, según el cual toda entidad es idéntica a sí misma (A=A). Según Luis, cada persona es física y psicológicamente igual a sí misma, es decir, tiene una identidad ontológica y una identidad psicológica que le diferencia de la identidad ontológica y psicológica del resto de personas. Estamos de acuerdo con dicha descripción, pero a partir de ella Luis dice que «debemos de respetar la identidad ontológica y psicológica de las personas porque no hacerlo viola el Principio lógico de identidad». La realidad, con las personas siendo parte de ella, cambia a cada instante sin que se viole el Principio lógico de identidad (At=At, At+1=At+1, etc.), al contrario: se violaría dicho principio afirmando que la realidad no cambia (At=At-1). A partir del hecho de que una persona ES, no se puede deducir lógicamente que tengamos el deber de no cambiarla, hacerlo es usar la falacia lógica, como hace Luis en este caso.

Formulamos de forma más clara las premisas y la conclusión del argumento:

ARGUMENTO QUE DENUNCIA EL PASO DEL «SER» AL «DEBER DER»:

(P1) El bien y el mal existen.
(P2) De una descripción no se puede deducir lógicamente una conclusión normativa.
(C) La Ética no es posible porque usa la falacia lógica.

A continuación vamos a mostrar cómo puede rebatirse este argumento.

La premisa (P1) es cierta, pues el bien y el mal existen[1].

PREMISA (P2): De una descripción no se puede deducir lógicamente una conclusión normativa

MacIntyre intentó probar que para David Hume es razonable inferir (no deductivamente) lo que debe hacerse a partir del interés común. Hume entendería el deber como aquellas acciones que son de interés común a largo plazo. Dice MacIntyre: «...la noción de ‘deber’ sólo se explica para Hume en término de la noción de consensus de interés. Decir que debemos hacer algo es afirmar que hay una regla comúnmente aceptada; la existencia de tal regla presupone un consenso de opinión en cuanto a nuestros intereses comunes»[1]. Como explicamos en un artículo anterior, es un hecho objetivo que toda persona tiene el interés de que no se frustren sus propios intereses, es decir, tiene interés en que se satisfagan[1]. A continuación se va a explicar cómo gracias a dicho interés común se llega a una conclusión normativa:

Podemos llegar a una conclusión normativa si hay una norma entre las premisas. David Hume denunció correctamente que no se puede inferir lógicamente una conclusión normativa a partir de premisas no normativas. Para que un «debe» aparezca en la conclusión de un razonamiento lógico es necesario que exista al menos un «debe» entre las premisas: es necesario que una premisa sea normativa para poder inferir lógicamente una conclusión normativa. Por ejemplo, el siguiente argumento normativo no usa la falacia lógica porque hay una norma entre las premisas (P4); es un argumento lógicamente válido o coherente. El problema que presenta es que las dos primeras premisas son falsas y por lo tanto la conclusión también es falsa. Además, la premisa normativa es obediencia a «alguien», lo cual no es racionalidad, sino arbitrariedad, y la Ética no se puede fundamentar racionalmente en la arbitrariedad[4]. Por ejemplo, Lane Craig defiende el mandato divino para no usar la falacia lógica.

(P1) Podemos deducir racionalmente la existencia de un dios. (Irracionalidad)
(P2) Dios creó a algunos humanos con un útero. (Creacionismo)
(P3) El útero es un órgano del aparato reproductor. (Teleología)
(P4) Los humanos deben obedecer a la voluntad de Dios. (Mandato divino) (norma)
(C) Los humanos que tienen útero deben tener hijos. (norma)

Es necesario un deber autoevidente para no caer en una regresión infinita frente a la pregunta «¿por qué?». Como explicamos antes, es necesario que una premisa sea normativa para poder inferir lógicamente una conclusión normativa, pero si preguntamos ¿por qué debemos hacer lo que dice esa premisa? eso nos llevará a una norma anterior y así consecutivamente. Para poder parar dicha regresión infinita necesitamos una norma autoevidente, es decir, indudable de manera absoluta. Explicamos en un artículo anterior que es un hecho autoevidente que toda persona quiere que no se frustren sus intereses, es decir, todos quieren que se satisfagan sus intereses: los intereses no pueden ser autofrustrados[1]. A continuación vamos a demostrar que este hecho autoevidente es en sí mismo un deber autoevidente:

El deber se origina en cada interés de cada sujeto. En un artículo anterior explicamos que los intereses no pueden ser autofrustrados[1]. Ahora vamos a explicar cómo el «debe» está implícito en cada interés. Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho. Por lo tanto si alguien tiene un interés entonces lógicamente es contradictorio que dijera «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que dijera «mi interés no debe frustrarse». Debido a ello intentará impedir, en la medida de sus posibilidades, que dicho interés sea frustrado, a no ser que se frustre su interés en no ser coaccionado y entonces ceda, dejando de tenerlo. Todo esto nos muestra que la existencia de un interés implica la existencia de una norma a nivel subjetivo. En base a la norma «mi interés no se debe frustrar» y a que dicha norma es defendida para todos sus intereses, se llega lógicamente a la conclusión de que «mis intereses no deben ser frustrados». Hay que tener en cuenta que aún nos encontramos analizando al individuo desde un punto de vista egocentrista[5], totalmente subjetivo, es decir, desde dicho punto de vista limitado la Ética no llega más allá de uno mismo, no importa que existan otras personas porque no se usa la racionalidad: importarán intereses ajenos sólo si le importan al egocentrista. A nivel egoísta llegamos a la siguiente conclusión irrebatible:

(P1) Si «quiero que ocurra algo» entonces eso significa que «tengo ese interés».
(P2) No puedo autofrustrar mis intereses, pues eso viola el Principio lógico de no contradición.
(P3) Si tengo un interés entonces lógicamente considero que éste no debe ser frustrado.
(C) Mis intereses no deben ser frustrados.  (REGLA DE ORO EGOCENTRISTA O PSICÓPATA)

La racionalidad universaliza la «Regla de Oro egocentrista», llevándonos a la «Regla de Oro de la Ética». El deontologismo usa la lógica deóntica para llegar a conclusiones normativas. En base a la norma individual autoevidente «mis intereses no deben ser frustrados» y a que dicha norma autoevidente es defendida por todas las personas, se llega lógicamente a la conclusión de que «los intereses no deben ser frustrados». A continuación formalizamos el argumento:

(P1) Mis intereses no deben ser frustrados. (REGLA DE ORO PSICÓPATA)
(P2) Lógicamente todos afirman: «mis intereses no deben ser frustrados».
(C) Los intereses no deben ser frustrados.  (REGLA DE ORO NO CONSECUENCIALISTA)

Añadimos consecuencialismo a la Regla de Oro. Como «Los intereses no deben ser frustrados» es una norma que comparte más de una persona, y como la Ética es inevitablemente consecuencialista[6] porque también somos responsables de las consecuencias de nuestras omisiones, entonces puede que las circunstancias obliguen a elegir que ocurra la frustración que se estima como menos mala. Esto añade un «a priori» al principio de dicha norma, quedando la «Regla de Oro de la Ética» así: «A priori, los intereses no deben ser frustrados».

A partir de la Regla de Oro de la Ética se infiere el Principio de Igual Consideración de Intereses (PICI). La consideración arbitraria de intereses viola la «Regla de Oro de la Ética», lo cual produce discriminaciones arbitrarias (racismo, sexismo, especismo, homofobia, egoísmo, etc.). Para no ser arbitrarios, «los intereses iguales deben ser considerados por igual», es a esto a lo que llamamos «Principio de Igual Consideración de Intereses»[7]. Por ejemplo, la «Regla de Oro egocentrista» por sí sola es arbitraria, es una norma irracional, pues el hecho de ser uno mismo no es una razón que justifique que los intereses propios deban ser considerados de manera diferente a los intereses de los demás.

La tradicional Regla de Oro de la Ética es un fraude intelectual. Es importante que nos demos cuenta que lo que se ha venido a llamar hasta ahora «Regla de Oro de la Ética», el «trata a los demás como quieres que te traten» o «no trates a los demás como no quieres que te traten» es una norma errónea. George Bernard Shaw (1856-1950) denunció dicha norma errónea afirmando «no hagas a los demás lo que deseas para ti; los demás pueden tener gustos diferentes». Tanto si no hacemos a otro lo que no queremos que nos hagan, como si les hacemos lo que queremos que nos hagan, podemos estar yendo contra los intereses de los demás. Por ejemplo, un médico que está en contra de las transfusiones de sangre no quiere que le hagan transfusiones y por lo tanto, según la «Regla de Oro de la Ética», dicha persona tampoco debe hacer transfusiones a los demás. Lo importante es considerar éticamente los intereses de las personas, no lo que nos gusta o disgusta a nosotros personalmente, y esto lo consigue la verdadera Regla de Oro: «a priori, los intereses no deben ser frustrados». Por ejemplo, si el médico no quiere que le hagan transfusiones entonces no se las deben hacer a él, pero él está obligado a hacer tranfusiones a quienes las necesitan y quieren recibirlas.

CONCLUSIÓN (C): La Ética no es posible porque usa la falacia lógica

No podemos llegar a la conclusión de que «la Ética no es posible porque usa la falacia lógica» porque el deber se origina en el interés y los intereses son reales: el deber es parte de la realidad. A partir del deber que lógicamente cada sujeto impone: «mis intereses no deben ser frustrados», se infiere lógicamente un deber universalizable que es la Regla de Oro de la Ética: «a priori, los intereses no deben ser frustrados».

Algunas personas hacen la pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?». Como hemos demostrado, la Regla de Oro de la Ética es «a priori, los intereses no deben ser frustrados» y ésta es una norma que se infiere lógicamente de manera irrebatible, es decir, es racional. Por lo tanto si alguien pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?» está preguntando «¿por qué debo ser racional?», y ésta es una pregunta lógicamente incorrecta porque nos pide razones para ser racionales: presupone racionalidad al solicitarnos justificar la racionalidad. La justificación resultante de la racionalidad sería circular, lo que demuestra, no que la racionalidad carezca de una justificación necesaria, sino que no necesita justificación, pues no se puede preguntar de forma inteligible a menos que ya se presuponga. Por lo tanto es redundante preguntar por qué debo cumplir con una norma que debo cumplir. Además, debe respetar a los demás, o él tampoco será respetado.