20 de mayo de 2017

ARGUMENTO:
“El bien y el mal existen, pero de ello no se deduce que debamos hacer el bien y evitar el mal”

RESUMEN: ¿Se debe evitar hacer el mal? ¿se debe hacer el bien? es decir, ¿existe alguna razón lógica que fundamente el deber de respetar a los demás o tanta razón tiene el que hace el mal como el que hace el bien? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Una cosa es una descripción (hechos) y otra cosa es una prescripción o norma (deber). Inferir una conclusión normativa (un 'DEBE') a partir de premisas descriptivas (un 'ES') es ilógico, es una falacia llamada «falacia lógica». La única manera de llegar lógicamente a una conclusión normativa es si hay una norma entre las premisas, pero entonces es necesario una premisa que contenga una norma autoevidente para no caer en una regresión infinita frente a la pregunta «¿por qué?». Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho. Por lo tanto si alguien tiene un interés entonces lógicamente es contradictorio que diga «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que diga «mi interés no debe frustrarse». El deber se origina en cada interés de cada sujeto y en base a que dicho deber es universalizable entonces inferimos la norma: «los intereses no deben ser frustrados». Como la Ética es inevitablemente consecuencialista eso añade un «a priori» al principio de dicha norma, quedando la «Regla de Oro de la Ética» como sigue: «A priori, los intereses no deben ser frustrados».

Palabras clave: falacia lógica, fundamentación racional de la Ética, lógica deóntica, problema del ser y el deber ser

En un artículo anterior demostré que existen lo bueno universal (el bien) y lo malo universal (el mal)[1]: a cualquiera que le satisfagan un interés lo considera bueno, y a cualquiera que le frustren un interés lo considera malo, independientemente de las buenas o malas consecuencias posteriores a dicha satisfacción y a dicha frustración. Por lo tanto existe una base objetiva en la que fundamentar las normas (tambien llamadas «prescripciones» o «deberes») que impone racionalmente la Ética, pero:

Algunas personas dicen que del HECHO de que existan el bien y el mal no se puede inferir lógicamente la conclusión de que DEBAMOS hacer el bien y evitar el mal. De esta manera denuncian la ilegitimidad del paso del ES al DEBE, también llamada falacia lógica o Ley de Hume, pues fue denunciada originalmente por David Hume (1711-1776) en su libro «Tratado de la naturaleza humana» (1739) de la siguiente manera: «En cada uno de los sistemas de moralidad con que hasta la fecha me he tropezado he observado que invariablemente el autor procede, durante un cierto tiempo, razonando a la usanza ordinaria (estableciendo, por ejemplo, la existencia de Dios, o haciendo observaciones relativas a los asuntos humanos) pero, de pronto, me encuentro sorprendido al comprobar que, en lugar de la cópula ES que, usualmente interviene en las proposiciones, ha dejado paso al verbo DEBE. El cambio es casi imperceptible, pero reviste, sin embargo, la máxima importancia. Porque, dado que dicho DEBE expresa una relación de nuevo cuño, es menester tomar nota del mismo y explicarlo». Es decir, de una descripción no se puede inferir lógicamente una norma, dice correctamente Hume. Por ejemplo, el siguiente argumento (premisas y conclusión) usa la falacia lógica:

(P1) Existen humanos que tienen un útero. (descripción)
(P2) El útero es un órgano del aparato reproductor. (descripción)
(C) Los humanos que tienen útero deben tener hijos. (norma que usa la falacia lógica)


A continuación voy a explicar en 5 pasos cómo se fundamenta la Ética sin caer en la falacia lógica:

PASO 1) Podemos llegar a una conclusión normativa si hay una norma entre las premisas. David Hume denunció correctamente que es falaz inferir lógicamente una conclusión normativa a partir de premisas no normativas. Para poder inferir lógicamente una conclusión normativa es necesario que al menos una de las premisas sea normativa: para que un «debe» aparezca en la conclusión de un razonamiento lógico es necesario que al menos exista un «debe» entre las premisas. Por ejemplo, el siguiente argumento normativo no usa la falacia lógica porque hay una norma entre las premisas (P4); por lo tanto es un argumento lógicamente válido o coherente, pero el error que presenta es que las premisas P1 y P2 son falsas y por lo tanto la conclusión C también es falsa. Además, la premisa P4 es obediencia a «alguien», lo cual no es racionalidad, sino arbitrariedad[4]. Por ejemplo, Lane Craig defiende la arbitrariedad del mandato divino para no usar la falacia lógica.

(P1) Podemos deducir racionalmente la existencia de un dios. (Irracionalidad)
(P2) Dios creó a algunos humanos con un útero. (Creacionismo)
(P3) La finalidad del útero es la reproducción. (Teleología)
(P4) Los humanos deben obedecer a la voluntad de Dios. (Mandato divino) (norma)
(C) Los humanos que tienen útero deben tener hijos. (norma)

PASO 2) Es necesario que el deber en las premisas sea autoevidente para no caer en la arbitrariedad ni en una regresión infinita frente a la pregunta «¿por qué?». Como expliqué antes, es necesario que una premisa sea normativa para poder inferir lógicamente una conclusión normativa, pero si preguntamos ¿por qué debemos hacer lo que dice esa premisa? eso nos llevará a una norma anterior y así consecutivamente ad infinitum. Para poder parar dicha regresión infinita necesitamos una norma autoevidente, es decir, indudable de manera absoluta. En un artículo anterior expliqué que es un hecho autoevidente que toda persona siempre quiere que no se frustren sus intereses, es decir, todos quieren que se satisfagan sus intereses, es decir, los intereses no pueden ser autofrustrados[1], pues sería contradictorio. Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho. Pues si quisiera que dicho interés fuera frustrado entonces no tendría ese interés. A continuación voy a demostrar que este hecho autoevidente es en sí mismo un deber autoevidente:

PASO 3) El deber se origina en cada interés de cada sujeto. En un artículo anterior expliqué que los intereses no pueden ser autofrustrados[1]. Ahora voy a explicar cómo el «debe» está implícito en cada interés. Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho. Por lo tanto si alguien tiene un interés entonces lógicamente es contradictorio que quiera y diga: «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que quiera y diga: «mi interés no debe frustrarse». Debido a ello, en la medida de sus posibilidades intentará impedir que su interés X sea frustrado, a no ser que previamente se frustre su interés en no ser coaccionado y entonces ceda, o que no le merezca la pena tenerlo, dejando de tener el interés X. Todo esto nos muestra que la existencia de un interés implica la existencia de una norma a nivel subjetivo. Hay que tener en cuenta que aún me encuentro analizando al individuo desde un punto de vista egocentrista[5], totalmente subjetivo, es decir, desde un punto de vista «ético» limitado a uno mismo, aún no importa que existan otras personas porque no se usa la racionalidad: importarán intereses ajenos sólo si le importan al egocentrista. A partir de la norma «mi interés no se debe frustrar» y a que lógicamente defiende dicha norma para todos sus intereses, inferimos la siguiente conclusión irrebatible: «mis intereses no deben ser frustrados».

(P1) Si «quiero que ocurra algo» entonces eso significa que «tengo ese interés».
(P2) No puedo autofrustrar mis intereses, pues eso viola el Principio Lógico de No Contradición.
(P3) Si tengo un interés entonces lógicamente considero que dicho interés no debe ser frustrado.
(C) Mis intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro Egocentrista o Psicópata)

PASO 4) La racionalidad universaliza la «Regla de Oro egocentrista», llevándonos a la «Regla de Oro», que es la norma esencial de la Ética. El deontologismo usa la lógica deóntica para llegar a conclusiones normativas. En base a la norma individual autoevidente «MIS intereses no deben ser frustrados» y a que dicha norma autoevidente es defendida por todas las personas, se llega lógicamente a la conclusión de que «LOS intereses no deben ser frustrados». A continuación formalizamos el argumento:

(P1) Mis intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro Psicópata)
(P2) Lógicamente todos afirman: «mis intereses no deben ser frustrados».
(C) Los intereses no deben ser frustrados.  (Regla de Oro de la Ética No Consecuencialista)

PASO 5) Añadimos consecuencialismo a la Regla de Oro. Como «Los intereses no deben ser frustrados» es una norma que comparte más de una persona, y como la Ética es inevitablemente consecuencialista[6] porque también existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos no hacer y lo que ocurre por dichas omisiones, entonces puede que las circunstancias nos obliguen a elegir que ocurra la frustración que se estima como menos mala (el mal menor). Esto añade un «a priori» al principio de dicha norma, quedando la «Regla de Oro de la Ética» así: «A priori, los intereses no deben ser frustrados». El consecuencialismo realmente entra en juego a nivel egoísta (en el PASO 3): «a priori, mis intereses no deben ser frustrados» y luego se universaliza, pero lo he colocado al final por una pura cuestión divulgativa.

A partir de la «Regla de Oro de la Ética» se infiere lógicamente el Principio de Igual Consideración de Intereses (PICI). Como debemos respetar a todos los seres que tienen intereses entonces no considerar los intereses de alguno de ellos viola dicha Regla de Oro, lo cual puede estar originado por una discriminación arbitraria (racismo, sexismo, especismo, homofobia, egoísmo, etc.). Para no ser arbitrarios, «intereses iguales deben ser considerados por igual», es a esto a lo que llamamos «Principio de Igual Consideración de Intereses»[7]. Por ejemplo, la «Regla de Oro egocentrista» por sí sola es arbitraria, es una norma irracional, pues el hecho de «ser uno mismo» no es una razón que justifique que los intereses propios deban ser considerados de manera diferente a los intereses de los demás.

Algunas personas dicen «debes tratar a los demás como quieres que te traten» o, en su forma negativa, «no debes tratar a los demás como no quieres que te traten». Estanorma es lo que se ha venido a llamar hasta ahora «Regla de Oro de la Ética», y es un fraude intelectual. George Bernard Shaw (1856-1950) denunció dicha norma errónea afirmando: «no hagas a los demás lo que deseas para ti; los demás pueden tener gustos diferentes». Tanto si no hacemos a otros lo que no queremos que nos hagan, como si les hacemos lo que queremos que nos hagan, podemos estar yendo contra los intereses de los demás. Por ejemplo, un médico que está en contra de las transfusiones de sangre no quiere que le hagan transfusiones y por lo tanto, según la «Regla de Oro de la Ética», dicha persona tampoco debe hacer transfusiones a los demás. Lo importante es considerar éticamente los intereses de las personas, no lo que nos gusta o disgusta a nosotros personalmente, y esto lo consigue la verdadera Regla de Oro: «a priori, los intereses no deben ser frustrados». Por ejemplo, si el médico no quiere que le hagan transfusiones entonces no se las deben hacer a él, pero a priori él debe hacer tranfusiones a quienes las necesitan y quieren recibirlas.


Algunas personas hacen la pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?». Como hemos demostrado, la Regla de Oro de la Ética es «a priori, los intereses no deben ser frustrados» y ésta es una norma que se infiere lógicamente de manera irrebatible, es decir, es racional. Por lo tanto si alguien pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?» está preguntando «¿por qué debo ser racional?», y ésta es una pregunta lógicamente incorrecta porque nos pide razones para ser racionales: presupone racionalidad al solicitarnos justificar la racionalidad. La justificación resultante de la racionalidad sería circular, lo que demuestra, no que la racionalidad carezca de una justificación necesaria, sino que no necesita justificación, pues no se puede preguntar de forma inteligible a menos que ya se presuponga. Por lo tanto es redundante preguntar por qué debo cumplir con una norma que debo cumplir. Además, se debe respetar a los demás, o él tampoco será respetado.