20 de diciembre de 2016

ARGUMENTO:
“Dios es necesario para fundamentar las normas éticas”

RESUMEN: ¿Qué dice la teoría del mandato divino? ¿qué son los principios éticos? ¿es necesario que exista un «dios» para que existan el bien y el mal? ¿es necesario creer en un «dios» para hacer el bien? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Aunque supongamos que existe un «ser sobrenatural», aún debería demostrarse que dicho ser es bueno y no malo, y al hacerlo se rebate la necesidad de dicho ser para fundamentar normas éticas. El bien y el mal existen antes de que un supuesto «dios» los señale, por lo tanto podemos hacer el bien y rechazar el mal sin necesidad de seguir una religión y sin necesidad de creer en «dioses». Podemos ser ateos y hacer el bien.

Palabras clave: fundamentación, normas religiosas, principios, obediencia

Algunas personas dicen que el ateísmo lleva al relativismo ético porque creen que sin la existencia de un dios no pueden existir valores objetivos. Por ejemplo, los Testigos de Jeová en su folleto «¡Despertad!» titulado «¿Una cruzada en pro del ateísmo?» (noviembre, 2010), escrito por Phillip E. Johnson, podemos leer lo siguiente: «la negación de Dios supone no tener ningún compromiso con la autoridad divina, así como no estar bajo la obligación de respetar valores objetivos, en consecuencia la moralidad adquiere un caracter relativo, permitiendo que cada cual establezca sus propias normas, si acaso las desea. No es de extrañar pues que el ateísmo sea una filosofía de vida tan atrayente». La defensa de la religión como salvaguarda de las actitudes y comportamientos correctos y de la paz nos recuerda a la advertencia de Fiódor Dostoievsky (1821-1881) en su obra «Los Hermanos Karamazov» (1880): «Si Dios no existe, todo está permitido». Sin embargo, en dos artículos anteriores demostré que existen el bien y el mal sin necesidad de que existan «diose[1] y que a partir de ellos podemos inferir lógicamente la Regla de Oro de la Ética: A priori, los intereses no deben ser frustrados[2]. A continuación voy a demostrar que las religiones son las que llevan al relativismo, pues no se fundamentan en la razón, sino en la obediencia.

Algunas personas dicen que existen «seres sobrenaturales». Las personas que afirman que existen «seres sobrenaturales» suelen ponerlos un nombre y asignarles unas determinadas características, incluida la bondad y la maldad. A partir de dicha idea aparecen las religiones teístas que afirman la existencia de «seres sobrenaturales». Por ejemplo, la religión católica romana defiende la existencia de un «ser sobrenatural bueno» al que llama «Dios», o «Al-lāh» para el Islam. Las religiones son monoteístas o politeístas, dependiendo de si afirman que existe un sólo dios o más de uno, respectivamente. En dos artículos anteriores demostré que la idea «dios» es lógicamente absurda[3] y que no está demostrada empíricamente[4]. Aunque a priori no hay nada éticamente incorrecto en que alguien crea o afirme que existen «seres sobrenaturales», el problema aparece cuando dichas personas pretenden imponer a los demás normas arbitrarias diciendo que debemos obedecer a dichos supuestos «seres sobrenaturales». Las religiones pretenden sustituir la Ética Basada en la Realidad, que podemos conocer razonando sobre el deber, por normas arbitrarias que se inventan algunas personas. A continuación voy a suponer que existiera un «ser sobrenatural» llamado «Dios» y a analizar qué implicaciones éticas tendría eso.

Algunas personas dicen que existe un «dios» y que por lo tanto debemos obedecerle. Estas personas siguen la teoría del mandato divino. El mandato divino esencialmente dice que «lo éticamente correcto» es «lo que Dios ordena», y «lo éticamente incorrecto» es «lo que Dios prohíbe», pues dicen que «Dios» es infalible para diferenciar el bien del mal y que la Bibla, el Corán, etc. es su palabra. Por lo tanto dicen que para actuar de manera éticamente correcta debemos obedecer la palabra de Dios. Por ejemplo, Emil Brunner (1889-1966) dice en su libro «The Divine Imperative» (1947) que «el Bien consiste en hacer siempre la voluntad de un dios, en cualquier momento particular». Por ejemplo, en 2003 George W. Bush dijo «Dios me pidió acabar con la tiranía de Irak» y poco después EEUU invadió Irak ilegalmente (sin una resolución de la ONU), produciendo cientos de miles de muertos, la destrucción del país y la aparición de grupos terroristas. En la Biblia aparece un clásico ejemplo sobre la defensa del mandato divino:


Aceptar la teoría del mandato divino convierte la doctrina de la bondad de Dios en un sinsentido y lleva a la teología, desde un punto de vista ético, a la arbitrariedad de valores, es decir, al relativismo ético[3], pues según dicha teoría no existirían acciones buenas ni malas antes de que «Dios» las ordenara hacer o las prohibiese. Si aceptamos la teoría del mandato divino entonces podemos dar la vuelta a la cita de Dostoyevski y decir: «Si Dios existe, todo está permitido». Así lo expresó Gottfried Leibniz (1646-1716) en su «Discurso de Metafísica» (1686): «Diciendo que las cosas no son buenas por ninguna regla de bondad, sino sólo por la voluntad de Dios, se destruye sin darse cuenta, me parece a mí, todo el amor de Dios y toda su gloria. ¿Por qué alabarlo por lo que ha hecho si sería igualmente loable habiendo hecho todo lo contrario?». En lo que respecta a quienes no son humanos, Isaac Bashevis Singer (1902-1991) se expresó contra el mandato divino de la siguiente manera:

«Cuando un humano mata a un animal para la alimentación, está descuidando su propia hambre de justicia. El hombre reza por la misericordia, pero no está dispuesto a extenderla a otros. ¿Por qué entonces el hombre debe esperar la misericordia de Dios? Es injusto esperar algo que usted no está dispuesto a dar. Es incoherente. Nunca podré aceptar la incoherencia o la injusticia. Incluso si se trata de Dios. Si viniese una voz de Dios diciendo: "Estoy en contra del vegetarianismo!" Yo diría: "¡Bueno, yo estoy a favor de ello!" Así es como me siento firmemente en este sentido.» Isaac Bashevis Singer, Prólogo de Food for Spirit: Vegetarianism and the World Religions (1986) de Steven Rosen

Algunas personas que dicen que existe un «dios» se dan cuenta que la teoría del mandato divino lleva al relativismo ético y entonces dicen que «dios» ha establecido unos principios absolutos que debemos respetar. La «teoría de los principios éticos universales o absolutos» dice que existen valores objetivos que debemos respetar. Los religiosos añaden que los humanos sólo podemos conocer dichos principios gracias a que un supuesto «dios» se los dijo a un iluminado por medio de revelación divina. Un ejemplo de principios éticos religiosos serían los Diez Mandamientosque un supuesto «ser sobrenatural» supuestamente le dictó a Moises reconviniéndole sobre ellos que «no deben tolerar la desobediencia». La paradoja es que los principios absolutos establecidos por un supuesto «dios» también son un mandato divino, son obediencia arbitraria, por lo tanto no hay en ellos una fundamentación racional. Sin un punto de referencia previo sobre qué es el bien y qué es el mal, Moises no pudo saber si el supuesto «ser sobrenatural» que dice que le dictó los Diez Mandamientos era un «dios» o un «demonio». En el diálogo platónico llamado «Eutifrón», hay una discusión acerca de si lo que es éticamente correcto es aquello que los dioses nos ordenan. En dicho texto Sócrates formula una de las preguntas más célebres de la Filosofía: «¿es la conducta correcta porque los dioses así la ordenan, o la ordenan los dioses porque es correcta?». Refiriéndose a esta pregunta, el filósofo británico Antony Flew (1923-2010) sugirió que «una buena prueba para la aptitud de una persona para la filosofía es descubrir si puede captar su fuerza y su sentido». Por lo tanto, la única manera de no caer en el relativismo ético es que el bien y el mal existan antes que «lo que ordenan los dioses»; y si el bien y el mal existen sin necesidad de que un dios nos los señale entonces podemos comportarnos de manera éticamente correcta siendo ateos. En el siguiente gráfico muestro que podemos hacer el bien y podemos evitar hacer el mal aunque no creamos que existe un «dios».


Algunas personas que afirman que existe un «dios» se dan cuenta que la obediencia lleva al relativismo ético y entonces dicen que las normas éticas se fundamentan en «la naturaleza creada por dios». Debido a que la teoría del mandato divino lleva al relativismo ético, ésta fue rechazada por Tomás de Aquino (1224-1274) y sustituida por la teoría del derecho natural, también llamada «ley natural» o «justicia natural», y es en lo que está basada la teología de la Iglesia católica y la «Declaración Universal de los Derechos Humanos», aunque parten de diferentes teleologías. Según el derecho natural, «cada ser tiene su propia 'naturaleza' con un propósito o fin racional», por lo que ir contra dichos fines es «ir contra la naturaleza» o irracional. Dicha idea se llama teleología y Tomás de Aquino la obtuvo del libro «Ética a Nicómaco» de Aristóteles (s. IV a.C.), pero la conectó con la idea según la cual la «naturaleza» fue creada por «dios» según su «plan divino». En su libro «Suma Teológica», Tomás de Aquino dice que «Dios» dotó a los humanos con racionalidad para que pudieran comprender su plan divino: «menospreciar el dictado de la razón es equivalente a condenar el mandato de Dios», dice Tomás. Por lo tanto, el creyente y el no creyente pueden acceder a la razón y seguir sus directivas. Ambos funcionan como agentes éticos de la misma manera, a pesar de que la falta de fe de los no creyentes les impida comprender que un «dios» es el supuesto autor de dicho orden racional en el que participan y que sus propios juicios éticos expresan. La teoría del derecho natural asume que existe «lo no natural» y basándose en eso dice que las acciones naturales son buenas y éticamente correctas, y que las acciones «antinaturales» o «contra natura» son malas y éticamente incorrectas. Sin embargo ya demostré que todo es naturaleza y natural[5] y además que «lo natural» no tiene nada que ver con el deber ético[6].