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30 abr. 2012

ARGUMENTO:
“Dios es necesario para fundamentar la Ética”

RESUMEN: En esta entrada contestaremos a la siguientes preguntas: ¿es necesario un supuesto dios para fundamentar la ética? ¿es necesario creer en un dios o seguir una religión o creer en un dios para comportarse de manera éticamente correcta

Aunque un supuesto "ser sobrenatural" existiera, aún debería probarse que dicho ser es bueno y no malo, y al hacerlo  se rebate la necesidad de dicho ser para cuestiones éticas. El bien y el mal existen antes de que un supuesto dios los señale, por lo tanto, podemos hacer el bien y luchar contra el mal sin necesidad de seguir ninguna religión y sin creer en ningún Dios. Podemos ser ateos y comportarnos de manera éticamente correcta. Por otro lado, vemos cómo en los libros religiosos hay citas en las que se defiende hacer el mal.

Palabras clave: ética religiosa, obediencia

Algunas personas dicen que existen «seres sobrenaturales». Las personas que afirman que existen seres sobrenaturales suelen ponerlos un nombre y asignarles unas ciertas características, incluida la bondad y la maldad. Por ejemplo, la religión católica romana defiende la existencia de un «ser sobrenatural bueno» al que llama «Dios». Las religiones son  monoteístas o politeístas, dependiendo de si afirman que existe un sólo dios o más de uno, respectivamente. En un artículo anterior se demostró que los «seres sobrenaturales» no existen, en el mismo sentido que tampoco existen las hadas ni las teteras celestiales[1]. A priori, no hay problema en que alguien crea o afirme que existe un «ser sobrenatural», incluso a algunas personas puede hacerlas sentir mejor; el problema aparece cuando dichas personas pretenden imponer normas arbitrarias a los demás basándose en dicho «ser sobrenatural». A continuación vamos a suponer que existieran «seres sobrenaturales» y a analizar qué implicaciones éticas tendría dicha existencia.

Algunas personas dicen que es necesario que existan «seres sobrenaturales» para saber cómo debemos comportarnos. En este sentido ético, la religión puede optar básicamente por dos enfoques posibles: «la teoría del mandato divino» y «la teoría de los principios éticos universales o absolutos».

Algunos religiosos defienden la teoría del mandato divino. El mandato divino esencialmente dice que «lo éticamente correcto» es «lo que Dios ordena», y «lo éticamente incorrecto» es «lo que Dios prohíbe». Por ello, quienes defienden la teoría del mandato divino afirman que para actuar de manera éticamente correcta debemos obedecer la voluntad de Dios. Por ejemplo, Emil Brunner (1889-1966) dice en su libro «The Divine Imperative» (1947) que «el Bien consiste en hacer siempre la voluntad de Dios, en cualquier momento particular». Por ejemplo, en 2003 George W. Bush dijo «Dios me pidió acabar con la tiranía de Irak» y poco después EEUU invadió Irak sin una resolución de la ONU, produciendo cientos de miles de muertos y el caos en dicho país.

Algunos religiosos dicen que existen unos principios absolutos que debemos obedecer. La «teoría de los principios éticos universales o absolutos» dice que existen valores objetivos. Los religiosos añaden que los humanos sólo podemos conocer dichos principios gracias a que nos los dijo Dios (revelación divina), y que sin ellos nos perderíamos en el relativismo ético. Un ejemplo de principios éticos religiosos serían los Diez Mandamientos que un «ser sobrenatural» le dictó a Moises reconviniéndole sobre ellos que «no deben tolerar la desobediencia». La paradoja es que dichos principios también son un mandato divino, son obediencia arbitraria, no hay en ellos ninguna fundamentación racional. Se desconoce cómo Moises pudo saber que el supuesto «ser sobrenatural» que le dictó los Diez Mandamientos era bueno, es decir, un dios y no un demonio.

Los religiosos dicen que el ateísmo lleva al relativismo ético porque sin dios no hay valores objetivos. Por ejemplo, los Testigos de Jeová en su folleto «¡Despertad!» titulado «¿Una cruzada en pro del ateísmo?» (noviembre, 2010), escrito por Phillip E. Johnson, podemos leer lo siguiente: «la negación de Dios supone no tener ningún compromiso con la autoridad divina, así como no estar bajo la obligación de respetar valores objetivos, en consecuencia la moralidad adquiere un caracter relativo, permitiendo que cada cual establezca sus propias normas, si acaso las desea. No es de extrañar pues que el ateísmo sea una filosofía de vida tan atrayente». El hecho es que sí que existen valores objetivos sin necesidad de dioses[2].

La defensa de la religión como salvaguarda de las actitudes y comportamientos correctos y de la paz nos recuerda a la advertencia de Fiódor Dostoievsky (1821-1881) en su obra Los Hermanos Karamazov (1880): «Si Dios no existe, todo está permitido». Esta idea de que si no existiera Dios entonces no existiría el mal lleva a algunos religiosos a decir que si se demostrara que Dios no existe entonces asesinarían a otras personas: «¿Si los ateos no creen en Dios por que hacen el bien? Si yo fuera ateo estaria matando gente todo el dia». Por lo tanto estas personas subordinan hacer el bien a la creencia en Dios, creencia que se impone sobre ellos mediante el miedo al castigo: «El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios» (San Juan 3:18).

Formulamos de forma más clara el argumento que utilizan dichas personas. Las premisas y la conclusión serían las siguientes:

ARGUMENTO DE LA FUNDAMENTACIÓN DE LA RELIGIÓN:

(P1) El bien y el mal existen.
(P2) La Ética no se puede fundamentar en la razón.
(C) Necesitamos un Dios para fundamentar la Ética.

Este argumento puede rebatirse de las siguientes maneras:

(i) La supuesta existencia de un "ser sobrenatural" no nos dice por sí misma si dicho ser es bueno (Dios) o malo (Satanás). Los seres sobrenaturales no existen, en el mismo sentido que no existen las hadas ni las teteras celectiales, pero suponiendo que un "ser sobrenatural" existiera, aún tendríamos que saber si dicho "ser sobrenatural" es bueno o malo, es decir, si es "Dios" o "Satanás", ¿cómo podemos saberlo?...


(ii) Si el bien y el mal existen sin necesidad de que un Dios los señale entonces podemos comportarnos de manera éticamente correcta sin creer en Dios. En el diálogo platónico llamado Eutifrón, hay una discusión acerca de si lo que es éticamente correcto es aquello que los dioses nos ordenan. En él Sócrates es escéptico y formula una de las preguntas más célebres de la Filosofía: "¿es la conducta correcta porque los dioses así la ordenan, o la ordenan los dioses porque es correcta?". Refiriéndose a esta pregunta, el filósofo británico Antony Flew (1923-2010) sugirió que "una buena prueba para la aptitud de una persona para la filosofía es descubrir si puede captar su fuerza y su sentido". En el siguiente diagrama mostramos las dos posibles respuestas que se pueden dar a dicha pregunta junto a la alternativa ética atea.




En la Biblia (Génesis 22:1-18) podemos leer el clásico ejemplo sobre esta cuestión. Abraham supuestamente escucha la voz de "Dios" que le ordena asesinar a su propio hijo; la pregunta es ¿Abraham debe obedecer a esa voz u obedecer el principio ético "no matarás"? Este pasaje de la Biblia muestra cómo "Dios" pone a Abraham ante un dilema ético de máxima importancia.  Mediante la orden "mata a tu hijo", "Dios" intenta comprobar si Abraham obedece su mandato o si, por el contrario, obedece el principio ético "no matarás". Abraham decide obedecer la voluntad de "Dios" e intenta asesinar a su propio hijo, pero en el último momento "Dios" lo impide y se alegra de la ciega obediencia de Abraham. Abraham, al guiarse éticamente por el mandato divino, no tiene manera de saber si obedece la voluntad de "Dios" o la voluntad de "Satanás", al carecer de un punto de referencia sobre qué es el bien y qué es el mal.

"Después de estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abraham: «¡Abraham!», le dijo. El respondió: «Aquí estoy». Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré». A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes». Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos. Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!». El respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». «Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos. Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!». «Aquí estoy», respondió él. Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único». Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá», y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá». Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: «Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz»". (Génesis 22:1-18)

Aceptar el mandato divino llevaría a la teología, desde un punto de vista ético, a la arbitrariedad de valores, es decir, al relativismo[4]. Aceptar el mandato divino haría de la doctrina de la bondad de Dios un sin sentido, pues no existirían acciones buenas ni malas antes de que Dios las ordenara hacer o las prohibiese, por lo tanto, en este caso podríamos dar la vuelta a la cita de Dostoievsky y decir: "Si Dios existe, todo está permitido". Así lo expresó Gottfried Leibniz (1646-1716) en su Discurso de Metafísica en 1686:

"Diciendo que las cosas no son buenas por ninguna regla de bondad, sino sólo por la voluntad de Dios, se destruye sin darse cuenta, me parece a mí, todo el amor de Dios y toda su gloria. ¿Por qué alabarlo por lo que ha hecho si sería igualmente loable habiendo hecho todo lo contrario?". Gottfried Leibniz

Ante tal situación, algunas autoridades religiosas afirman que Dios nunca se equivoca al señalar el bien y el mal porque posee la sabiduría perfecta, por lo tanto, nunca existiría contradicción entre sus mandatos, un hecho bastante discutible si leemos detenidamente los libros religiosos. Bibviz construyó junto a escépticos, infieles y organizaciones pro-seculares una infografía que muestra de manera interactiva las 673 incoherencias que hay en la Biblia.

Debido a las consecuencias que trae consigo el mandato divino, éste fue rechazado por Tomás de Aquino (1224-1274). Tomás de Aquino conectó la ética con la religión mediante la teoría del derecho natural, también llamada ley natural o justicia natural. Para ello se basó en el libro Ética a Nicómaco de Aristóteles (s. IV a.C.), y es en lo que está basada la teología moral de la Iglesia católica. La idea de que "todo en la Naturaleza tiene un propósito" fue parte del antiguo pensamiento griego y continuó en el pensamiento occidental durante más de 1700 años, y aproximádamente en el año 350 a.C, Aristóteles incorporó esta idea a su sistema filosófico. En Ética a Nicómaco, Aristóteles distingue entre la justicia legal o convencional y la justicia natural: "que en todo lugar tiene la misma fuerza y no existe porque la gente piense esto o aquello" (Libro V, cap.7). De esta manera, Aristóteles defiende que el mundo o Naturaleza está ordenado racionalmente, y posee valores éticos y propósitos que son partes integrales de su misma naturaleza, es decir, cada cosa tiene su propio lugar y sirve a un propósito especial propio:

"De modo que hay que pensar evidentemente que, de manera semejante, las plantas existen para los animales, y los demás animales para el hombre: los domésticos para su servicio y alimentación; los salvajes, si no todos, al menos la mayor parte, con vistas al alimento y otras ayudas, para proporcionar vestido y diversos instrumentos. Por tanto, si la naturaleza no hace nada imperfecto ni en vano, necesariamente ha producido todos esos seres para el hombre". Aristóteles, Ética a Nicómaco

Según la teología -no según Aristóteles-, el supuesto "orden racional" de la Naturaleza que describe Aristóteles es obra de Dios, es decir, es un plan divino y, por lo tanto, las cosas deben ser así como son. Esta idea de tomar cómo ES la naturaleza como referencia a qué es el bien y a cómo DEBEN ser las cosas enlaza con el argumento: "Lo natural es bueno, lo que no es natural es malo" que tratamos en otra entrada[5].

Según la teología, Dios habría dotado a los humanos de racionalidad para poder comprender su plan divino: "menospreciar el dictado de la razón es equivalente a condenar el mandato de Dios" (Tomás de Aquino, Suma teológica). Por lo tanto, tanto el creyente como el no creyente pueden acceder a la razón y seguir sus directivas. Ambos funcionan como agentes éticos de la misma manera, a pesar de que la falta de fe de los no creyentes les impida comprender que Dios es el supuesto autor de dicho orden racional en el que participan y que sus propios juicios éticos expresan. Esto quiere decir que podemos hacer el bien y rechazar el mal sin necesidad de que Dios los señale, por lo tanto, no hay ninguna necesidad de Dios ni de la religión para actuar de manera éticamente correcta.

"Cuando un humano mata a un animal para la alimentación, está descuidando su propia hambre de justicia. El hombre reza por la misericordia, pero no está dispuesto a extenderla a otros. ¿Por qué entonces el hombre debe esperar la misericordia de Dios? Es injusto esperar algo que usted no está dispuesto a dar. Es incoherente. Nunca podré aceptar la incoherencia o la injusticia. Incluso si se trata de Dios. Si viniese una voz de Dios diciendo: "Estoy en contra del vegetarianismo!" Yo diría: "¡Bueno, yo estoy a favor de ello!" Así es como me siento firmemente en este sentido." Isaac Bashevis Singer, Prólogo de Food for Spirit: Vegetarianism and the World Religions (1986) de Steven Rosen


Por lo tanto, lo éticamente importante es hacer el bien, no creer en un supuesto "dios" (Vídeo):

Pregunta: Si Dios existe y te reunes con él en el "más allá", si es que hay tal cosa, y él te pregunta: "¿Por qué no creíste en mí?" ¿qué le responderías?

Richard Dawkins: Suponga, cuando esté en el "cielo" y resulta no ser su Dios sino Baal, o Mitra, o Zeus... y él te pregunte ¿por qué creíste en ese terrible Jehová en vez de creer en mí, Baal? En cualquier caso, ¿por qué supones que Dios valora las creencias? entonces "Quizás no creí en ti, Dios, pero fui un buen hombre. Fui honesto, amable... ¿es que eso no es más importante que las creencias? ¿qué tienen de especiales las creencias?


(iii) Actuar por amenaza de condenación o para recibir un premio, en lugar de actuar por convicción de acuerdo a lo correcto, no es actuar de manera ética sino por interés. Las  religiones amenazan a las personas con un castigo imaginario (el infierno, la reencarnación, el karma, etc.) para que actúen de manera éticamente correcta. Esto es algo similar a lo que ocurre cuando la sociedad, mediante normas o leyes jurídicas, amenaza con un castigo real (multas, cárcel, tortura, pena de muerte, etc.) para que los individuos actúen de acuerdo a dichas normas o leyes. Algunas personas dicen que necesitamos la amenaza de la religión para que no haya un caos social, pero para evitar eso ya está la policía. Como dijo H.L. Mencken: "La gente dice que necesitamos religión cuando lo que realmente quieren decir es que necesitamos policías".

Quien actúa de manera éticamente correcta para no ir al infierno, o para no acumular karma que le condene en la siguiente reencarnación, lo hace por la misma razón que quien actúa de manera éticamente correcta para no ir a la cárcel: por miedo. Actuar de manera éticamente correcta por miedo no es ética sino mirar por el propio interés. La acción que viene determinada por una autoridad externa no es ética sino obediencia por miedo (miedo al infierno, miedo al karma negativo, etc.) y la esperanza de recompensa (vida eterna, buena reencarnación, etc.), no es de extrañar pues que, para algunos, la religión sea una filosofía de vida tan atrayente.



"¿No insiste el teísta en que no puede haber ninguna moralidad, justicia, honestidad o fidelidad sin la creencia en un “Poder Divino”? Basado sobre el miedo y la esperanza, tal moralidad es un producto vil, que ha impregnado de hipocresía a todo teísta. En cuanto a la verdad, la justicia y la fidelidad, ¿quiénes han sido sus exponentes valientes y pregoneros atrevidos? Casi siempre los ateos: los Ateos; ellos viven, luchan y mueren por ellos. Ellos sabían que la justicia, la verdad y la fidelidad no son condicionadas por el Cielo, sino que producen los cambios enormes que continúan en la vida social y material de la raza humana. La gente inteligente comprende que los actos morales impuestos sobre la humanidad por el terror religioso han perdido toda la vitalidad. Un vistazo en la actualidad, con sus odios, crímenes y avaricia, basta para demostrar lo falsa que es la moralidad teísta. El hombre debe regresar a sí mismo antes de relacionarse con otras personas. Un Prometeo encadenado a la “Roca de las Edades” está condenado a ser presa de los buitres de la oscuridad. Desate a Prometeo, y usted disipará la noche y sus horrores. El ateísmo es la negación de los dioses y es al mismo tiempo la afirmación más fuerte del hombre y por el hombre. Es un eterno sí a la vida y la belleza." Emma Goldman, "Filosofía del ateísmo" (1916)

"El comportamiento ético de un hombre debería basarse suficientemente en la simpatía, educación y los lazos y necesidades sociales; no es necesaria ninguna base religiosa. El hombre verdaderamente estaría en un pobre camino si tuviera que ser reprimido por miedo al castigo y por la esperanza de una recompensa después de la muerte." Albert Einstein


(iv) No existe una única religión. Cada religión, así como cada partido político, tiene sus propias leyes morales, y los seguidores de cada religión creen que la suya es la verdadera porque así "lo dice su Dios". La moralidad de cada religión es relativa a lo que su autoridad divina "diga" a los "iluminados" para que lo escriban, y a la interpretación que de ella quieran dar otros humanos.

Las religiones pretenden sustituir la ética racional que compartimos los seres humanos y que nace de nosotros mismos (autonomía de la voluntad) por una idea de "Dios" compartida que nos dicte la moral desde fuera de nosotros (heteronomía de la voluntad) a través de un libro sagrado escrito por humanos que dicen haber recibido "la revelación divina" y que es administrado e interpretado por autoridades religiosas, es decir, se intenta cambiar el sentido en el que fluye nuestro conocimiento moral: en lugar de desde nuestra razón al exterior, por desde el exterior a nuestra razón.


(v) En los libros religiosos se defienden acciones inmorales. Veamos a continuación algunas cosas éticamente incorrectas que hay escritas en los libros de diferentes religiones(1), unas veces más claras y otras veces más dependientes de la interpretación y del contexto histórico. La vida de los individuos sintientes no debería depender de lo que un "iluminado" escriba ni de las interpretaciones que de esos escritos hagan las autoridades religiosas[6].

EN LA BIBLIA: Si analizamos la Biblia podemos encontrar numerosas barbaridades, sobretodo en el Antiguo Testamento. Los evangelios muestran la moral de la sociedad en épocas concretas y como a través del paso del tiempo la moral va evolucionando hacia lo que se supone que es el "plan de Dios". No pretendemos decir que todo lo que hay escrito en la Biblia es negativo, pero hay pasajes que nos llaman mucho la atención. Los mostramos a continuación.


EN EL CORÁN: No pretendemos decir que todo lo que hay escrito en el Corán es negativo, pero hay pasajes que nos llaman mucho la atención. Los mostramos a continuación.





Sam Harris - Las Escrituras pierden contra la modernidad (Link)