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16 ene. 2013

ARGUMENTO
“Los animales no tienen intereses”

PROLEGÓMENO: Existen quienes dicen que los animales no humanos tienen un "defecto" que justifica que sean moralmente discriminados[1]. A veces dicen que ese defecto es no tener un determinado interés.

En esta entrada responderemos a las siguientes preguntas: ¿qué es un interés? ¿cómo sabemos si un individuo tiene o no tiene intereses? También hablaremos aquí sobre necesidades, deseos y fantasías.

Según la Real Academia Española (RAE), un interés (Del lat. interesse, importar) es una "inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona, una narración, etc.".

Algunas personas dicen que los animales no humanos no tienen intereses, por lo tanto, dicen que no hay nada éticamente incorrecto en esclavizarlos y en asesinarlos.

- Raymond G. Frey, en sus primeros trabajos, sobretodo en el libro Interests and Rights: The Case Against Animals (1980), defendía que los animales no humanos no pueden tener intereses. Fue la respuesta de Frey al libro Animal Liberation (1975) de Peter Singer, donde afirmaba que los humanos debíamos incluir los intereses de los animales no humanos a la hora de valorar las consecuencias de un acto. Tanto Frey como Peter Singer son utilitaristas preferencialistas, es decir, desde un planteamiento ético utilitarista tienen en cuenta intereses. Frey argumentó que los intereses dependen de la voluntad, y que uno no puede tener un deseo sin una creencia correspondiente. Sostuvo, además, que los animales no humanos no tienen creencias, porque son incapaces de comprender el concepto de la creencia (es decir, son incapaces de sostener una creencia de segundo orden: una creencia sobre una creencia) que, según Frey, requiere del lenguaje:

"Si alguien dijera, por ejemplo, 'el gato cree que la puerta está cerrada', entonces esa persona está defendiendo, como yo lo veo, que el gato defiende la frase declarativa 'la puerta está cerrada' es verdad; y yo no veo ninguna razón para creer que el gato o cualquier otra criatura que carece de lenguaje, incluyendo los bebés humanos, hagan divertidas frases declarativas y defiendan la verdad de dichas sentencias". Raymond G. Frey

Fernando Savater, en su libro Tauroética, dice que los animales no humanos tienen “necesidades e instintos acuñados evolutivamente”, pero niega que tengan ‘intereses’ en el sentido más “interesante del término”, contraponiendo de esta forma las necesidades a los intereses. Es decir, según Savater, tener una necesidad no significa necesariamente tener un interés. Para Savater, “Nuestros intereses son nuestras elecciones o no son nada sensato”, y “Sin posibilidad de renunciar no hay interés que valga”. Dicho de otra manera, según Savater, un interés es necesariamente algo que se elige, y como los animales no humanos no pueden elegir entonces no tienen intereses. ¿Por qué creé Savater que los animales no humanos no pueden elegir? porque cree que no tienen libre albedrío. Savater creé que sólo los animales de la especie Homo sapiens tienen libre albedrío, es decir, sólo ellos pueden elegir, sólo ellos tienen libertad, pero esto que dice Savater es rebatido en la entrada sobre libre albedrío[2].

Algunas de estas personas dicen que si lo éticamente relevante es tener intereses entonces sería éticamente correcto sedar a los demás personas y matarlos, pues dicen que si alguien está sedado no tiene interesés alguno.

Formulamos de forma más clara el argumento que utilizan dichas personas y después el argumento sobre sedación. Las premisas y la conclusión serían las siguientes:

ESTRUCTURA DEL ARGUMENTO:

P1: "Los animales no humanos no tienen libre albedrío". ¡Rebatido!
P2: "Los animales no tienen lenguaje". ¡Rebatido!
C1: Como P2 es verdadera entonces "Los animales no humanos no tienen creencias de segundo orden".
C2: Como C1 es verdadera entonces "Los animales no humanos no tienen intereses".

P1: "Si sedamos a alguien hasta que pierda la conciencia entonces no tiene intereses".
C1: Como P1 es verdadera entonces "Es éticamente correcto matar a quien está inconsciente".


RESPUESTA VEGANA:

Este argumento puede rebatirse de las siguientes maneras:

(i) Los intereses son independientes de la existencia de creencias y del lenguaje. Tom Regan contesta a Raymond G. Frey que un perro puede muy bien pensar "este hueso es sabroso" aunque sea incapaz de formular tal frase, y que un bebé nunca aprendería a hablar si no pudiese adquirir conceptos preverbales.

Las creencias de primer orden pueden existir en ausencia de creencias de segundo orden, es decir, un animal no humano o un bebé humano pueden tener una creencia sin necesidad de entender el concepto de creencia. Los humanos no podrían haber desarrollado el lenguaje sin unas creencias pre-verbales[3]. Desde entonces, Frey ha rechazado algunas de sus primeras conclusiones.


(ii) Todo individuo con sistema nervioso central siente, por lo tanto, tiene intereses. Para saber si los animales no humanos tienen o no tienen intereses es necesario aclarar a qué nos referimos cuando decimos "tener un interés". Vamos a explicar de dónde surge la existencia de intereses y qué diferencia a estos de las necesidades, los deseos y de las fantasías.

Necesidades

Las necesidades básicas o necesidades primarias de los seres vivos son las condiciones que deben satisfacerse para que estos puedan sobrevivir: aire, temperatura, agua, nutrición, etc. Las necesidades secundarias no son imprescindibles para sobrevivir, pero dignifican la existencia al desaparecer el estrés por la supervivencia, dando lugar a una experiencia básica de bienestar.

Es un error pensar que los publicistas “crean” necesidades, pues las necesidades vienen biológicamente dadas. Lo que hace el publicista es influir en los deseos de las personas. Por ejemplo, el publicista podría fomentar la idea de que un determinado refresco es el mejor para satisfacer la sed, pero no crean la necesidad de hidratarse. Más adelante hablaremos sobre los deseos, pero antes vamos a hablar sobre las experiencias y los intereses.

Experiencias e intereses

Los individuos con sistema nervioso centralizado (cerebro) tienen capacidad para sentir dolor y placer, y por lo tanto tienen intereses asociados a dichas experiencias, es decir, son individuos sintientes. Las experiencias tienen una relación muy estrecha con los intereses. Comenzamos la existencia con el interés de satisfacer nuestras necesidades biológicas, pues tenemos el interés de sobrevivir. Las necesidades biológicas influyen en las experiencias de los individuos sintientes, dando lugar a experiencias positivas y negativas.

Por lo tanto, un interés es aquello que realmente queremos, por voluntad, no por necesidad biológica, actuando coherentemente de acuerdo a él. Por ejemplo, tenemos la necesidad biológica de hidratarnos, y si no lo hacemos sentimos sed, pero nuestro interés puede ser precísamente pasar un poco de sed, porque una amenaza no nos permita beber agua del río.

Podemos obrar en contra de nuestro interés, haciendo elecciones equivocadas, pero nunca con la intención de frustrar dicho interés. Por ejemplo, podemos apostar todos nuestros ahorros a un número de la ruleta del casino, pues creemos que así satisfaceremos el interés de tener más dinero (más ahorro), pero si no sale el número al cual apostamos entonces la mala suerte, las circunstancias, será lo que frustrará nuestro interés de ahorrar, no lo frustraremos nosotros, pues un interés no puede ser autofrustrado. Si tiramos nuestros ahorros a una trituradora no podemos decir que autofrustramos nuestro interés de ahorrar, sino que decimos que no tenemos interés en tener dinero.

Deseos

Algunas personas dicen que un interés es "una posición ante un posible estado de cosas posible tal que ese estado de cosas se da, ello es positivo para quien posee el interés", por lo que añaden que "se puede desear aquello que que va contra el propio interés". Es importante observar que dichas personas no dicen "se puede tener el interés de ir contra el propio interés", lo cual sería totalmente contradictorio, sino que hablan de "deseo" que contradice un interés. Por ejemplo, imaginemos que once personas tienen interés en no morir, pero es necesario que una de ellas muera para que el resto sobreviva. Entonces una de estas personas decide morir para salvar al resto. Dicha persona tiene el interés de vivir (no tiene interés de morir de cualquier manera), pero también tiene el deseo de morir de la manera que ella elige con la finalidad de salvar a las otras diez personas, y puede demostrar que realmente ese deseo es su interés, realizando la acción que tiene como fin matarse.

Otro ejemplo. Si tenemos el interés de ahorrar entonces éste se demostrará ahorrando si existe dicha posibilidad, pues si podemos ahorrar y no lo hacemos entonces no sería un interés de ahorrar sino un deseo de ahorrar. También podemos tener el deseo de que nos toque la lotería, pero si no jugamos a ella entonces podemos afirmar que realmente no tenemos interés en ello. Por lo tanto, se pueden desear cosas en contra del propio interés, incluso fantasear con dicha frustración, pero un interés no puede negarse a sí mismo (A ≠ ¬A), un interés no puede ser autofrustrado.

Fantasías

Los deseos pueden dar paso a la fantasía. La fantasía es la experiencia en la cual se imagina la situación que se dá si un deseo fuera satisfecho o frustrado. Por ejemplo, es una fantasía que alguien imagine que apuesta todo el dinero a un número de la ruleta y que sale dicho número, y entonces sigue fantaseando con lo que haría con todo el dinero ganado.


(iii) Quien se encuentra temporamente en un estado de inconsciencia sigue teniendo intereses. Mientras nuestro sistema nervioso central no sea gravemente dañado su actividad nunca cesa, por lo tanto nuestra capacidad de sentir sigue intacta aunque estemos dormidos o inconscientes. Estar inconsciente no es lo mismo que carecer de conciencia. La materia orgánica que toma conciencia es éticamente relevante aunque temporalmente pase por un estado inconsciente, pues los intereses siguen estando almacenados en la memoria del cerebro, incluso en el caso de quienes padecen una grave amnesia.

Los animales sintientes tienen interés por disfrutar de su vida. Así lo explica Óscar Horta[4]:

"Podría pensarse que todo esto tendría únicamente repercusión en lo tocante al sufrimiento de los animales. Tomarse en serio lo dicho arriba podría implicar, así, no martirizarles, pero no preocuparse por su libertad o su vida, de manera que no habría ningún impedimento moral para recluirlos o matarlos. Ahora bien, si pensamos esto es que estamos dejando de lado una parte muy importante de la cuestión. Al privar a un animal de libertad le estamos seguramente infligiendo un sufrimiento. Y lo mismo ocurre cuando se le mata: la muerte implica en la mayoría de los casos dolor y miedo para quien la sufre. Pero esto no es todo. Tal y como se ha subrayado más arriba, los animales no humanos no sólo tienen la capacidad de sufrir, sino también la de disfrutar. Por ello, cuando les privamos de su libertad, estamos impidiendo que puedan llevar adelante una vida mejor. Y esto ocurre de modo aun más notable si los matamos. La muerte es algo negativo debido a que impide que podamos continuar viviendo todas las cosas buenas que la vida nos puede brindar. La vida es un bien para todos los seres con la capacidad de disfrutar. Y es por esto mismo por lo que la muerte es un daño para ellos. Aun y cuando sea una muerte indolora, la muerte daña a los animales. Esta idea no nos debería resultar extraña: cualquiera de nosotros rechazaría, a buen seguro, ser matado de forma indolora, pues ello nos privaría de las cosas positivas, de los disfrutes que la vida aun nos puede ofrecer."

Sobre el daño constituido por la muerte, algunos estudios de importancia son Thomas Nagel, “Death”, Noûs 4 (1970): 73–80; Jeff McMahan, The Ethics of Killing: Problems at the Margins of Life (Oxford: Oxford University Press, 2002); y John Broome, Weighing Lives (Oxford: Oxford University Press, 2004).


CONCLUSIÓN: Los individuos que tienen capacidad para sentir evitan las experiencias negativas y buscan experiencias positivas, eso quiere decir que tienen intereses respecto a dichas experiencias.