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22 jun. 2016

EXPLOTACIÓN Y MATANZA: Carrusel de ponis

Quien dice que «los humanos deben ser respetados porque son humanos» no está dando ninguna razón, está defendiendo una ética hueca, pues ya sabemos que «los humanos son humanos», «los blancos son blancos» y los «hombres son hombres». La razón por la que un humano debe ser respetado es porque tiene una conciencia[1] gracias a la cual puede sufrir y disfrutar, y por lo tanto tiene intereses respecto a dichas experiencias que deben ser éticamente considerados. Quienes no son humanos deben ser respetados exáctamente por esta misma razón. Discriminar a alguien porque es una determinada especie es especismo[2]. El especismo es una discriminación arbitraria que sigue el mismo patrón que siguen todas las discriminaciones arbitrarias, como lo son el racismo, el sexismo, etc.



Los ponis son explotados en ferias en los llamados «carrusel de los ponis», lo cual les causa un gran sufrimiento, lesiones e incluso la muerte. Los ponis son obligados a dar aproximádamente unas 1500 vueltas cada día en el carrusel. A continuación adjuntamos un «Informe técnico veterinario sobre las consecuencias físicas y emocionales para los ponis cuando son utilizados en atracciones de feria», publicado el 20 de junio de 2016 por la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal (AVATMA):




INFORME TÉCNICO

Alteraciones provocadas por el entorno

Los equinos son animales extremadamente sensibles al entorno.

Tienen una gran capacidad de percepción del movimiento y ruido periférico, pues su principal mecanismo de defensa es la huida, lo que les permite protegerse de los depredadores.

Una feria, con un nivel de ruido muy elevado (permitiéndose hasta 90 decibelios), repleta de objetos, luces y personas en movimiento, puede conllevar un elevado grado de estrés crónico a los animales -principalmente en aquellos que no han sido correctamente sociabilizados- debido a la imposibilidad de huir de esa situación. Se observa en muchos de los ponis un alto grado de apatía, signos de indefensión aprendida o depresión y agotamiento (falta de atención al entorno, ausencia de reactividad, movimientos lentos y pesados…etc.), impropios de individuos de esta especie cuando se encuentran en buen estado.

A nivel de comportamiento, si se realiza una observación de las expresiones de los animales, aparecen diferentes tipos de gestos, principalmente los siguientes:

– Orejas hacía atrás y hacía abajo (pegadas al cuello): gesto de agresividad
– Orejas hacía los lados y ligeramente caídas: gesto de agotamiento, apatía o dolor
– Ollares contraídos: gesto de malestar/tensión/frustración
– Mirada perdida: signo de depresión, agotamiento o estrés crónico.

En general nos encontramos con dos tipos de comportamiento: la agresividad y la depresión, siendo el resultado de altos niveles de estrés.

Consecuencias de los horarios y la alimentación

Los equinos se caracterizan por tener un estómago muy pequeño, por lo cual requieren de una alimentación constante de poca calidad para proteger su salud; siendo lo ideal un pastoreo constante de un alimento fibroso (hierba/ heno) y solo un aporte de concentrados en los casos de una necesidad energética elevada.

En el caso de los ponis utilizados en los carruseles, las jornadas continuas de 6 a 8 horas de trabajo sin acceso al agua, los transportes prolongados, las continuas modificaciones del entorno y los cambios del horario de alimentación y tipo de alimento pueden predisponer a serios problemas de salud como son principalmente los cólicos, pudiéndose encontrar también otras patologías digestivas, como las úlceras estomacales, debido al estrés crónico.

Problemas y lesiones derivados de la monta

Los equinos no están “diseñados” para ser montados: requieren un correcto entrenamiento físico y psicológico para adecuarse a la monta.

En los carruseles de ponis, los animales trabajan solo al paso y en una posición FIJA debido a los anclajes a los cuales están atados, imposibilitándose el descenso y giro lateral de la cabeza hacia el suelo durante 6-8 horas seguidas.

Para evitar dolores musculares, una de las principales necesidades cuando un ser vivo realiza una actividad física durante un tiempo prolongado son los estiramientos. Éstos resultan imposibles de llevar a cabo si los animales, como en el caso de los ponis en los carruseles, no pueden descender la cabeza en dirección al suelo para estirar la musculatura dorsal, lo cual puede conllevar dolor y rigidez en toda los músculos de la línea superior del dorso y principalmente en la zona lumbar.

Del mismo modo, la falta de posibilidad de giro lateral de la cabeza durante largos periodos puede dar lugar a contracturas y dolor.

El anclaje del carrusel siempre está a la misma altura sea cual sea la alzada de cada animal; esto mantiene a los ponis más pequeños en posturas mucho más forzadas de lo habitual provocando dolores.

Se aconseja, además, que el peso máximo que soporte un equino sea en torno al 20% de su masa corporal. Suponiendo que un poni tenga un peso entre 100 y 180 kg, el peso del jinete con la montura debería oscilar entre los 20 y 36 kg en función del tamaño del animal, no superando nunca esta última cifra.

Sin embargo, en los carruseles, con relativa frecuencia se suben a los ponis niños con demasiada envergadura para el tamaño del animal que montan.

Las monturas son colocadas sobre el dorso de los equinos para distribuir el peso del jinete correctamente, evitando lesionar zonas concretas (ligamento supraespinoso, zona lumbar) y permitiendo el movimiento del brazo.

En los carruseles de ponis generalmente se observan monturas tipo western que, al carecer de un canal en la zona lumbar, deben ser colocadas con un sudadero específico que proteja la zona del ligamento supraespinoso; sin embargo, se aprecian sudaderos de sillas inglesas, además de monturas mal ajustadas, las cuales se desplazan con el movimiento de los animales, predisponiendo a roces y otros problemas generados por presiones inadecuadas en puntos concretos. Durante la práctica de la equitación se forma a los jinetes para acompañar el movimiento del animal, favoreciéndole así su movimiento con un peso el cual naturalmente le desequilibraría.

Sin embargo, cuando los niños se suben por primera vez a un caballo/poni, al no estar acostumbrados, en general están tensos a causa de la emoción o el miedo; esto es transmitido a los animales como un peso muerto y difícil de mover, además de incómodo debido a los constantes desequilibrios que generan. Esta situación se repite innumerables veces a lo largo de las jornadas de trabajo, siendo un factor estresante añadido a los ya previamente mencionados.

Otro de los problemas que puede generarse a nivel muscular (además de los provocados por una falta de estiramientos, un horario exagerado de trabajo, un material inadecuado y un jinete inexperto) es el radio de giro y la dirección del movimiento; si el circuito del carrusel tiene un radio pequeño y los animales trabajan siempre en la misma dirección se van a producir grandes desequilibrios a nivel muscular, principalmente por el elevado número de vueltas que pueden llegar a dar durante las largas jornadas de trabajo.

Aspectos educativos

Los animales no son juguetes.

Un carrusel de ponis no es sino la simulación in vivo de un juguete infantil, por lo cual no promueve un respeto hacia el animal como ser vivo sino, muy al contrario, su consideración como objeto y capricho puntual. Se deben de buscar y promover actividades alternativas donde los niños disfruten de un contacto lúdico y educativo con los équidos en un entorno lo más natural posible para éstos, que fomenten el respeto hacia los animales y no su explotación como simples objetos de feria.

Por otra parte, actualmente existen ya en las ferias de nuestro país carruseles en los que los ponis se han sustituido por peluches gigantes articulados y que cubren las expectativas de padres y niños con total éxito.

CONCLUSIONES

Si nos atenemos a las consideraciones reflejadas en este informe, las prácticas a las que se ven sometidos los ponis utilizados en los carruseles de feria les provocan un sufrimiento físico y emocional totalmente injustificado. Podemos afirmar, por tanto, que el escenario en que se desarrollan estas atracciones con équidos resulta incompatible con la preservación del bienestar de los mismos.

Consideramos que las administraciones locales deberían fomentar las conductas cívicas y de respeto de la ciudadanía hacia los demás animales. Ello comienza por el compromiso de no volver a permitir su utilización en este tipo de eventos, empleando más creatividad para ofrecer alternativas éticas de ocio que puedan ilusionar y divertir sin que decenas de individuos se vean perjudicados por ello. De lo contrario, el mensaje que se está lanzando es antipedagógico para los niños, ya que se les da a entender que es lícito y adecuado obligar a los animales a realizar actividades que les producen un gran malestar, simplemente para lograr su propia diversión.