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22 abr. 2016

MONOGRÁFICO:
Ganadería, caza e incendios forestales

La ganadería es una de las principales causas de deforestación, de derroche de agua dulce y de contaminación de la tierra, del agua y del aire. Por esta razón hoy es inconcebible que existan personas que se autodenominen «ecologistas» si no rechazan los productos de origen animal mediante la práctica del veganismo[1]. A todo esto se suman los incendios forestales, en los que mueren quemados miles de animales no humanos, y a veces humanos. Si bien pueden existir excepciones, existe una clara relación entre los incendios forestales provocados que se producen en todo el mundo, y los intereses de ganaderos y de cazadores.

La ganadería intensiva cada vez necesita más campos de cultivo para alimentar con piensos a cada vez más miles de millones de animales que son explotados y matados en granjas y mataderos por su carne, leche y huevos. Asimismo, la ganadería extensiva, combina los piensos con pastizales. En ambos casos se deforestan los bosques para crear campos de cultivo y pastizales. Recientemente, un avanzado análisis matemático demuestró que evitar la deforestación requiere un cambio planetario de los hábitos dietéticos, lo cual se sumó a lo mismo que decían otros muchos estudios publicados antes.

Según informe fiscal, las quemas son la causa de incendios forestales más abundante en España. El portal de investigación EspañaEnLlamas.es ha calculado que entre 2001 y 2013 se han producido 214.012 incendios forestales en España que quemaron 1.518.311 hectáreas (ha), una superficie mayor que la que tienen 9 de las 17 Comunidades Autónomas españolas, entre ellas: Murcia, Asturias, Navarra, Madrid o País Vasco. Las causas de los fuegos han sido campesinos que querían eliminar matorral o residuos agrícolas, y por pastores y ganaderos que buscaban regenerar el pasto. Otro millar pretendía ahuyentar animales (lobos, jabalíes) y otros 2.300 estuvieron causados por cazadores hartos de los molestos matorrales.

El Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil se encarga de las investigaciones policiales en todo el Estado, salvo en el País Vasco, junto a la colaboración técnica de los agentes forestales. En algunas regiones cooperan con otros cuerpos policiales y con diversas unidades de investigación de las administraciones autonómicas. En ese sentido, el capitán del SEPRONA Salvador Ortega sostiene que en algunas zonas rurales muy pobladas todo el mundo sabe quién provoca los incendios, pero el fuego es una herramienta de gestión de las actividades económicas: «hoy por ti, mañana por mí», por lo que resulta difícil que haya declaciones.

En marzo de 2016 Jesús Oria, consejero del medio Rural, presentó en el Parlamento las directrices del borrador del Plan de Gestión del Lobo, que establecen multas de 10.000 euros por matar un lobo, demás de la multa por caza furtiva prevista en la Ley regional de Conservación de la Naturaleza. Por su parte, Comisiones Obreras (CCOO) alertaba contra posibles acciones de los ganaderos por dicho plan, que ejemplificaban con pintadas: «Por cada oveja que me mate el lobo una mecha». Amenazas que, según SOS lobo Cantabria, han ido en aumento. En abril 2016 aparecieron numerosas pintadas en Cantabria (España) amenazando con quemar el monte si continuaban las políticas de protección al lobo.

La noche del sábado 19 de diciembre de 2015, un día antes de las Elecciones Generales, se producían hasta 147 incendios simultáneos en Asturias (España), en una época de riesgo bajo de incendios. Los fuegos afectaron también a Cantabria –con unos cuarenta focos-, al País Vasco, Navarra y Galicia. En total, varios miles de hectáreas de monte y bosque quedaron calcinadas en la cornisa cantábrica. Sólo en Asturias, ardieron 3.500 hectáreas. En un principio, la principal línea de investigación de la Guardia Civil fue la de un complot coordinado de decenas de pirómanos, pero se abandonó a favor de la idea de que fueron ganaderos y cazadores de las zonas próximas a los focos. Según explican, ambos colectivos tienen «intereses» en los resultados que producen estos incendios. Por una parte, los ganaderos obtienen más pastos para su ganado, y los cazadores «fuerzan a algunas especies a abandonar su habitat protegido hacia zonas donde se puede permitir la caza». Además, ambos colectivos tienen un «enemigo común: el lobo». La población de lobos ibéricos ha aumentado exponencialmente en la última década gracias a políticas de protección de la especie.  Pese a que sigue estando amenazado, el lobo ibérico ha repoblado los montes de la cornisa cantábrica, especialmente los Picos de Europa y amplias zonas de Asturias. Representa «un contratiempo para ganaderos y cazadores». A los primeros supone una amenaza para el ganado, mientras a los segundos pone en riesgo la población de especies que cazan. El objetivo de los fuegos, en estos casos, sería «forzar a la población de lobos a irse de estas zonas» boscosas, donde habitan. De hecho, aseguraban fuentes del SEPRONA, que en algunas áreas donde se registraron los focos de los incendios habían aparecido lobos muertos por disparos. El 26 de febrero de 2016 se daba por concluída la investigación de la Guardia Civil, con dos detenidos y 12 imputados. Uno de los imputados era una persona con problemas psiquiátricos. Los 13 restantes eran ganaderos, según explicaron fuentes del SEPRONA de la Guardia Civil. Según la misma fuente, se constató que buscaban su «beneficio» para «conseguir más pastos». Este tipo de incendios es habitual.

Los incendios son parte esencial de la actividad ganadera. En 2011 se reveló que José Carlos Lantarón, concejal del PP en Las Rozas de Valdearroyo (Cantabria) y recién nombrado responsable municipal de Medio Ambiente, había sido condenado a seis meses de cárcel y a pagar 1.800 euros de multa por incendiar el monte. Lantarón, propietario de 100 vacas, se defendió afirmando que la quema es una necesidad para los ganaderos: «Las árgumas [planta de maleza] no sirven para nada más que para las culebras».

Rechazar los incendios es una más de las razones por las que deberíamos de dejar de consumir productos de origen animal. Al financiar la ganadería, además de financiar el sufrimiento y la matanza de quienes no son humanos, también financias los incendios forestales.