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20 nov. 2016

ARGUMENTO:
“Los animales no son iguales a los humanos, por tanto es éticamente correcto explotarlos y matarlos”

RESUMEN: ¿Somos todos iguales? ¿a qué nos referimos con 'igualdad' en Ética? ¿qué es el principio de igual consideración de intereses? ¿qué es la arbitrariedad? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

La igualdad en Ética no es una igualdad de hecho, pues todas las personas somos física y psicológicamente diferentes. Cuando en ética hablamos de igualdad nos referimos a igualdad en la consideración de intereses compartidos, a la imparcialidad. El Principio de Igual Consideración de Intereses (PICI) elimina toda discriminación arbitraria, incluido el especismo. La imparcialidad no elimina las relaciones personales, pero nos mantiene alerta en cuanto a la consideración de los intereses de aquellos con los que no tenemos una relación personal. El error de no basar la ética en la Lógica, sino en los «valores personales» es que los valores no son objetivos, sino subjetivos (diferentes para cada persona), por lo que la «ética de los valores» es arbitraria: permite todo tipo de discriminaciones arbitrarias.

Palabras clave: arbitrariedad, discriminación, igualdad, imparcialidad, meritocracia, universalidad

Algunas personas dicen que la «igualdad ética» es ser igual biológicamente o ser igual cognitivamente. En 1969, la revista Harvard Educational Review publicó un largo artículo titulado «How Much Can We Boost IQ and Scholastic Achievement?» («¿Cuánto podemos aumentar nuestro cociente intelectual y nuestros éxitos académicos?») en el que el psicólogo Arthur Jensen (1923-2012) muestra la existencia de diferencias de origen genético en el nivel de inteligencia entre las diferentes razas humanas. Hans J. Eysenck (1916-1997), profesor de Psicología en la Universidad de Londres, apoyó las tesis de Jensen. El artículo llegó a la prensa popular y se desató la polémica: ambos fueron acusados de difundir propaganda racista y de ser nazis. Independientemente de si es correcta o incorrecta la conclusión a la que llegó Jensen, quienes se escandalizaron por ello están siguiendo el juego a los razonamientos racistas según los cuales si un humano es «superior» a otro en una determinada capacidad (inteligencia, fuerza, etc.) entonces es «superior», y que «ser superior» es una justificación ética para tratar desfavorablemente a quien «es inferior». Como se explicó en otro artículo, la «superioridad general» no existe, es un constructo social para dominar a quien es diferente[1], y del hecho de ser más inteligente, etc. que otro no se infiere lógicamente que el más inteligente no deba respetar a quien lo es menos. Por eso tanto los racistas como los especistas usan la falacia ecológica[2] para clasificar a todos los miembros de su grupo preferencial (blancos, humanos, etc.) como «iguales», para a continuación afirmar que son «superiores» a los demás. La igualdad en ética no es la igualdad biológica ni la igualdad cognitiva, sino considerar de manera igualitaria intereses iguales, es decir, ser imparciales, para ello se aplica el Principio de Igual Consideración de Intereses (PICI): «intereses iguales deben ser considerados por igual», de esta manera se evita toda discriminación arbitraria (racismo, sexismo, especismo, etc.). Por ejemplo, el feminismo es considerar por igual los intereses de los hombres y los intereses de las mujeres (desde la discriminación a la mujer), nada más; cualquier persona que defienda esta igualdad es feminista.


Algunas personas rechazan la imparcialidad porque dicen que debemos tener en cuenta las circunstancias personales. Las críticas modernas al imparcialismo aparecen a partir de 1970, con la publicación de la obra «The Sovereignty of Good», de Iris Murdoch (1919-1999), quien trata la Ética desde el marco de la ética de la virtud, que es desde donde principalmente llegan los ataques a la imparcialidad. En 1973, Bernard Williams (1929-2003) publica su libro «Utilitarianism: For and Against», en el cual defiende lo que él llama «integridad» frente a planteamientos consecuencialistas (por ejemplo el utilitarismo) que defienden la «imparcialidad». En su artículo «Persons, character and morality», Williams critica la idea de «deber» criticando el «imperativo categórico» del deontologismo de Kant; según Williams, la Ética no debemos ser imparciales, sino que debemos tener en cuenta la subjetividad de cada persona (valores, etc.) para que no se pierda la individualidad personal. El error de no basar la ética en la Lógica, sino en los «valores personales» es que los valores no son objetivos, sino subjetivos (diferentes para cada persona), por lo que la «ética de los valores» es arbitraria: permite todo tipo de discriminaciones arbitrarias. Por esta razón es frecuente que en las Constituciones antropocentristas de los países esté incluido el Principio de imparcialidad. Por ejemplo, el Artículo 14 de la Constitución española dice: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».

«podemos justificar el tratar a las gentes de modo diferente sólo si podemos mostrar que hay alguna diferencia fáctica entre ellas que sea pertinente para justificar la diferencia de trato.» (...) «Éste es el propósito profundo de los estereotipos racistas, ofrecer las "diferencias pertinentes" necesarias para justificar la diferencia en el trato.» James Rachels, Introducción a la Filosofía moral

Para descubrir la Ética no debemos tener en cuenta las circunstancias personales, sino inferir las normas lógicamente partiendo de la realidad. Una vez que conocemos la Ética, debemos aplicar sus normas lo mejor posible, y para ello debemos volver a tener en cuenta la realidad, la cual incluye las circunstancias personales y otros factores irracionales, para estimar las posibles consecuencias de nuestras elecciones, a fin de elegir lo que estimamos que tendrá las consecuencias menos malas para avanzar sólidamente hacia el objetivo de un mundo/universo ético.

Algunas personas rechazan la imparcialidad porque dicen que ésta acaba con las relaciones personales. Otra línea de ataque a la imparcialidad fue desarrollada por Michael Stocker en una serie de artículos iniciados con «The Schizophrenia of Modern Ethical Theories» (1976); en este ensayo Stocker sostiene que las teorías éticas modernas han fracasado porque centran su atención sólo en las razones imparciales que justifican las acciones y no prestan atención a los motivos y estructuras motivacionales de la vida ética. A esta serie de artículos de Michael Stocker le siguieron artículos de Lawrence Blum en los que defendía la amistad como un fenómeno ético contrario a la imparcialidad. Volviendo a Stocker, éste nos pide imaginarnos la situación de un enfermo que recibe la amable visita de un buen amigo en el hospital[4]:

«Estáis muy aburridos y cansados cuando Smith llega por fin. Entonces estáis más que nunca convencidos de que es un buen compañero y un amigo de verdad, al tener que haber invertido tanto tiempo para venir a animaros, teniendo que cruzar toda la ciudad, etc. Os mostráis muy emocionados al agradecer y alabar su comportamiento, y entonces él se excusa diciendo que siempre intenta cumplir con su deber, con lo que piensa que es lo correcto. Os dice que no es esencialmente por vosotros por lo que ha venido a veros, ni porque seáis su amigo, sino porque piensa que es su deber, sea como cristiano, como comunista o cualquier otra cosa; o simplemente porque no conoce a otro que necesite ánimo y que sea más fácil de animar». Michael Stocker

La Ética no elimina las relaciones ni los afectos personales, así lo expresa Peter Singer:

«la ética no exige que eliminemos las relaciones personales ni los afectos parciales, pero sí que evaluemos las pretensiones morales de los que se ven afectados por nuestros actos, con un cierto grado de independencia respecto a nuestros sentimientos». Peter Singer

Cuando actuamos por deber podemos desear cumplir con ese deber. En la tesis doctoral «El debate deber-virtud», de Paolo Tejada, presentada en 2004 en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, éste hace una dura crítica a la ética de la virtud y responde con palabras de Marcia Baron a la idea de que la imparcialidad no tiene en cuenta las relaciones personales:

"Marcia Baron realiza un profundo análisis y se extiende todavía más en el ejemplo de Stocker con el fin de demostrar que el motivo del deber bien entendido muchas veces puede ser signo de y a la vez reforzar una sólida amistad.

Definitivamente, tal como Stocker plantea el ejemplo, a nadie le gustaría recibir una visita de este tipo. Sin embargo hay muchas maneras —que Stocker no considera— en las cuales la conducta de Smith (el sujeto que realiza la visita en el ejemplo) no resulta censurable. Stocker imagina el caso en el cual Smith no tiene ganas de visitar a su amigo enfermo y a pesar de todo lo hace porque piensa que es su deber, sea como “compañero cristiano, comunista” o republicano, etc. Pero la situación es radicalmente distinta si Smith piensa que es su deber visitarlo como amigo. Stocker parece pensar —apunta Baron— que cuando una persona es motivada en una circunstancia particular —como la falta de ganas o con alguna dificultad de por medio—, a hacer algo por su amigo por deber, esta persona no actúa como un verdadero amigo. El ejemplo de Stocker parece decir que uno que actúa movido por el deber no es verdadero amigo.

El problema que apunta Baron es que la concepción del deber de Stocker conduce a pensar el motivo del deber como excluyente de toda inclinación a hacer lo que uno previamente ha valorado como su deber. Baron alega que es posible realizar algo por sentido del deber y a la vez sentir el deseo de realizarlo. El deber y las inclinaciones no necesariamente son antagónicos. Cuando se actúa por deber se puede sentir una motivación adicional que sin duda mejora la acción, pero igualmente se debe actuar por amistad aunque no se sienta inclinación o deseo de hacerlo. El motivo del deber es importante especialmente cuando no existe inclinación alguna o cuando el sujeto debe enfrentarse a una fuerte inclinación en sentido contrario. El debate en torno al sugerente ejemplo de Stocker es sin duda interesante, pero Baron lleva el ejemplo todavía más allá y plantea situaciones extremas en la pretensión de reivindicar el motivo del deber.

Así entendido, para Baron, el motivo del deber no tiene nada que ver con la hipocresía o la corrección formal. Todo lo contrario, muchas veces el motivo del deber es ocasión de crecimiento en la virtud, siempre y cuando sea entendido no sólo como lo que es moralmente requerido, sino también como lo que es moralmente recomendado. De esta manera el motivo del deber no sólo coexiste con el de la amistad, sino que enlaza con él, lo protege contra tentaciones que lo desvían, y lo robustece induciendo a desarrollar todas las disposiciones que constituyen una auténtica amistad.

No obstante, Baron reconoce que ciertas formas de actuar por deber podrían ser alienantes o esquizofrénicas. Es cierto que en alguna circunstancia uno pueda sentirse extrañado si sus amigos anteponen las consideraciones morales arriba mencionadas a sus deseos o inclinaciones, pero de ahí a decir que actuar por deber es esquizofrénico media un largo trecho."