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6 oct. 2016

ARGUMENTO:
"Los veganos respetan a los animales por egoísmo, el altruísmo no existe"

RESUMEN: ¿Qué es el altruismo? ¿qué es el egoísmo psicológico? ¿los veganos son veganos por su propio interés o porque es su deber? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Del supuesto hecho de que los humanos siempre se comportaran de manera egoísta no se puede inferir lógicamente la norma «debemos comportarnos de manera egoísta», razón por la cual responder a la cuestión de si actuamos siempre por egoísmo o si por el contrario existen las conductas altruistas tiene un interés meramente psicológico, no ético. El egoísmo psicológico dice que las personas siempre actúan por su propio interés, por lo tanto niega la existencia de altruismo. El egoísmo psicológico es una teoría no falsable, lo cual la rebate instantáneamente. Por si esto fuera poco, el egoísmo psicológico puede ser rebatido por el hecho de que por deber podemos hacer cosas que no queremos hacer, por el hecho de que no es incompatible ser feliz con ser altruista, y por otras razones.

Palabras clave: altruismo, egoísmo psicológico


Algunas personas afirman que si los humanos siempre actuamos por egoísmo entonces debemos ser egoístas, por eso insisten en que siempre actuamos por egoísmo. Estas personas usan la falacia lógica, la cual consiste en inferir una norma a partir de una descripción[1]. Por lo tanto del supuesto hecho de que los humanos siempre se comportaran de manera egoísta no se puede inferir lógicamente la norma «debemos comportarnos de manera egoísta», razón por la cual responder a la cuestión de si actuamos siempre por egoísmo o si por el contrario existen las conductas altruistas tiene un interés meramente psicológico, no ético.

Algunas personas dicen que los humanos siempre actúan movidos por interés propio, por egoísmo, es decir, niegan la existencia de altruismo. Esta idea se llama «egoísmo psicológico». El egoísmo psicológico es la teoría de la naturaleza humana que afirma que la conducta está impulsada por motivaciones autointeresadas, y niega la existencia de conductas verdaderamente altruistas. La teoría más importante de egoísmo psicológico es el hedonismo psicológico, que asegura que el deseo de experimentar placer o de evitar el dolor es el motivo que guía todas las acciones humanas voluntarias. Por ejemplo, según el egoísmo psicológico, quienes practican el veganismo lo hacen por egoísmo («salud», satisfacción personal, reconocimiento social, etc.), no por el deber de beneficiar a otros respetándoles. La teoría del egoísmo psicológico fue propuesta originalmente por Jeremy Bentham (1748-1832) pero se encuentran posibles antecedentes en la obras de Thomas Hobbes (1588-1679) y en François de La Rochefoucauld (1613-1680).


La teoría del egoísmo psicológico se rebate de las siguientes maneras:

(i) La teoría del egoísmo psicológico no es una teoría falsable. El egoísmo psicológico no es una teoría falsable empíricamente, pues dada una conducta supuestamente altruista se la puede reinterpretar como egoísta sin necesidad de verificación empírica. Es decir, una vez que la hipótesis de egoísmo psicológico es la presuposición que sirve para explicar las acciones humanas, todo lo que suceda será considerado egoísta y podrá ser interpretado para adecuarse a esa hipótesis. El egoísmo psicológico no demuestra que los motivos egoístas son más ciertos que los motivos altruistas que pretenden remplazar. A lo sumo, el egoísmo psicológico es posible, pero falta por demostrarse que sea verdadero.

(ii) Incluso si no existiera el altruismo, la teoría del egoísmo psicológico es falsa porque existen acciones que no se hacen por egoísmo, sino por interés propio o por placer.

- No todas las acciones se hacen por egoísmo. No debemos confundir el egoísmo con el interés propio. Algunos actos que responden a un interés propio son egoístas otros no. La conducta egoísta es aquella que pasa por alto los intereses de los demás en circunstancias en las que sus intereses no debían desdeñarse. De este modo, el tomar agua cuando uno tiene sed, no es un acto egoísta aunque responda a la satisfacción de un interés propio.

- No todas las acciones se hacen por interés propio. No debemos confundir las conductas por interés propio con las conductas de búsqueda de placer. Hacemos muchas cosas que nos hacen disfrutar, pero eso no quiere decir que las hagamos por interés propio. Por ejemplo, quien fuma conociendo la relación que existe entre esa actividad y el cáncer lo hace porque tiene el interés de disfrutar fumando, pero lo hace a costa de su interés en mantener una buena salud.

(iii) El interés propio es compatible con la preocupación desinteresada por los intereses de los demás. No se contrapone desear la felicidad de uno mismo con desear también la felicidad de otros.

(iv) Hacer siempre lo que más queremos hacer no demuestra el egoísmo psicológico. Tanto si describimos a una persona como interesada o como desinteresada, si lo hace de manera voluntaria, siempre actuará haciendo aquello que más quería hacer, por lo tanto, parecería que, hagamos lo que hagamos, sólo actuamos interesadamente. Este planteamiento puede rebatirse de dos maneras:

- Depende de la idea de que la gente nunca hace nada voluntariamente excepto aquello que quiere hacer. Pero a veces hacemos cosas voluntariamente que no quisiéramos hacer, porque son un medio necesario para alcanzar un determinado fin. Pero también hay cosas que hacemos no porque queramos, ni incluso porque sean medios para un fin que queremos alcanzar, sino porque sentimos que debemos hacerlas. Por ejemplo, una promesa que no queremos cumplir pero que sentimos que debemos cumplirla.

- El solo hecho de actuar siguiendo los propios deseos no significa que se esté actuando egoístamente, sino que depende de qué es lo que se desea. Preocuparse sólo por el propio bienestar y no pensar en otros, es ser egoísta; pero si también se quiere que otros sean felices, incluso a costa de uno mismo, y se actúa siguiendo ese deseo, entonces no se es egoísta, sino altruísta.

Por tanto, este argumento está mal en casi todas las formas en que un argumento puede estar mal: las premisas no son verdaderas, y aun si lo fueran, la conclusión no se seguiría de ellas.


(v) Hacer lo que nos sienta bien o lo que calma nuestra conciencia no demuestra el egoísmo psicológico, sino el altruismo. Así lo explica James Rachels[3]:

"¿Por qué deberíamos pensar, solamente porque alguien obtiene una satisfacción al ayudar a otros, que esto lo hace egoísta? ¿No es precisamente la persona desinteresada aquella que deriva satisfacción de ayudar a otros, mientras que la persona egoísta no? Si Lincoln “quedó con la conciencia tranquila” tras rescatar a los cerditos, ¿muestra esto que era egoísta o, por el contrario, lo muestra como compasivo y de buen corazón? (Si una persona fuera verdaderamente egoísta, ¿por qué debería molestarle que otros sufrieran, y mucho menos los cerdos?) De modo similar, no es más que un sofisma decir que, porque alguien encuentra satisfacción al ayudar a otros, es egoísta. Si lo decimos rápidamente, pensando en otra cosa, tal vez suene bien, pero si lo decimos lentamente y ponemos atención en lo que estamos diciendo, suena simplemente ridículo.

Además, supóngase que preguntamos por qué debería alguien obtener satisfacción de ayudar a otros. ¿Por qué debe hacerte sentir bien aportar dinero para un albergue de gente sin hogar, cuando en cambio podrías estarlo gastando en ti mismo? La respuesta debe ser, por lo menos en parte, que eres la clase de persona a la que le importa lo que les sucede a otros. Si no te importara lo que les sucede, entonces dar dinero parecería una pérdida y no una fuente de satisfacción. Te sentirías más como un tonto que como un santo. Aquí hay una lección general que aprender, relacionada con la naturaleza del deseo y de sus objetos. Deseamos todo tipo de cosas —dinero, un coche nuevo, jugar al ajedrez, casarnos, etc.— y porque deseamos esas cosas, podemos obtener satisfacción al conseguirlas. Pero el objeto de nuestro deseo no es la satisfacción: eso no es lo que buscamos. Lo que buscamos es simplemente el dinero, el coche, el ajedrez o el matrimonio. Sucede lo mismo al ayudar a otros. Debemos primero querer ayudarlos, antes de que podamos obtener de ello alguna satisfacción. La grata satisfacción es un producto derivado, no es lo que estamos buscando. De este modo, sentir esa satisfacción no es una marca de egoísmo." James Rachels, «Introducción a la Filosofía moral»

(vi) El altruismo es una conducta innata de la «naturaleza humana» y de la «naturaleza de quienes no son humanos». Son abundantes los estudios que corroboran que el altruismo y la empatía forman parte del ser humano, y es posteriormente, con la experiencia y el aprendizaje cuando se elige modificarlo o no. Se puede ver claramente en la llamada imitación motriz: cuando un bebé humano comienza a llorar, los bebés que hay a su alrededor, sin motivo alguno, también lloran. De este modo, se solidarizan con el dolor ajeno, y llaman más la atención de los cuidadores, para que acudan a atenderlo. Es un claro ejemplo de la empatía innata que poseemos. Existen otros ejemplos de altruismo innato que podemos ver en los niños más pequeños, y por supuesto, también en quienes no son humanos[4].


(vii) Existen casos de altruísmo que dificilmente se pueden explicar mediante la teoría del egoísmo psicológico. Según la teoría del egoísmo psicológico, toda acción humana está motivada por el interés propio, pero en la historia se han dado numerosos casos de individuos que han preferido arriesgar su vida o morir antes que ir en contra de sus principios éticos:

En «Introducción a la Filosofía moral», James Rachels nos habla sobre Raoul Wallenberg, un destacado caso de altruísmo durante la Segunda Guerra Mundial:

«Raoul Wallenberg, un hombre de negocios sueco que pudo haberse quedado tranquilo en su casa, pasó los últimos días de la segunda Guerra Mundial en Budapest. Wallenberg se había ofrecido a ir allí como parte de una misión diplomática sueca después de que oyó informes acerca de la “solución final al problema judío” de Hitler. Una vez allí, presionó (con éxito) al gobierno húngaro para suspender las deportaciones a los campos de concentración. Cuando el gobierno húngaro fue remplazado por un régimen títere de los nazis y se reanudaron las deportaciones, Wallenberg expidió “pases protectores suecos” a miles de judíos, insistiendo en que todos ellos tenían conexiones con Suecia y estaban bajo la protección de su gobierno. Ayudó a muchos a encontrar lugares donde esconderse. Cuando se hacían redadas, Wallenberg se interponía entre ellos y los nazis, diciendo a éstos que antes tendrían que matarlo a él. Al final de la guerra, cuando todo era un caos y los otros diplomáticos huían, Wallenberg se quedó. Se le atribuye la salvación de unas 120.000 vidas. Cuando terminó la guerra, desapareció, y por mucho tiempo nadie supo qué le había sucedido. Ahora se cree que lo mataron, no los alemanes, sino las fuerzas de ocupación soviéticas. La historia de Wallenberg es más dramática que muchas otras, pero de ningún modo es única. El gobierno israelí ha documentado 6.000 casos de gentiles que protegieron a sus vecinos judíos durante el Holocausto, y sin duda hay miles más.» James Rachels, «Introducción a la Filosofía moral» [3]
«Si alguien dijera que voy a morir si no como caldo de carne o carne de cordero incluso por consejo médico, preferiría morir. Esa es la base de mi vegetarianismo. Para mí ese fue un gran descubrimiento en mi búsqueda de la verdad». Mohandas Gandhi