NORMAS SOBRE COMENTARIOS: Los comentarios de infraseres no se publican, no pierdas tu tiempo...........................................

7 may. 2016

ARGUMENTO:
“El número de muertes no aumenta la gravedad de un hecho”

RESUMEN: ¿Qué es el dilema del tranvía? ¿tienen valor las vidas de las personas? ¿es peor elegir que mueran más personas que elegir que mueran menos? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

La axiología es la rama de la Filosofía que se encarga de estudiar el valor. En esta entrada partimos aceptando que debemos respetar a los demás porque cada uno de ellos es éticamente valioso en sí mismo, es decir, porque tiene valor intrínseco. Si valoramos a un individuo más que 0 entonces con más razón deberemos valorar a dos individuos equivalentes. Dar más valor a un mayor número de individuos equivalentes no significa que no se deba respetar a quienes son menos.

Palabras clave: axiología, cuantificación ética, dilema del tranvía

En un artículo anterior se demostró que tenemos el deber de prestar auxilio[1]. A partir de dicha conclusión, que asumimos en este artículo, vamos a tratar el tema de la cuantificación del valor de las vidas.

El dilema del tranvía es uno de los dilemas más importantes de la Ética, pues muestra claramente la diferencia entre un marco normativo «deontologista» y un marco normativo consecuencialista. El dilema del tranvía, ideado por Philippa Foot (1920-2010), nos presenta el siguiente dilema: «Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?». En el dilema del tranvía sólo sabemos el número de personas que hay atadas a las vías, desconocemos cualquier otra información sobre ellas que pudiera modificar su valor individual tanto por una valoración objetiva[2](nivel 3)(1), como por una valoración subjetiva o emocional (nivel 4)(1); de esta manera sólo se tienen en cuenta dos cosas: (a) el papel que juegan las omisiones en la Ética (nivel 1) y (b) la cuantificación del número de personas (nivel 2), que es lo que vamos a tratar en el presente artículo. Al respecto de las omisiones, en un artículo anterior a éste rebatimos la idea según la cual no somos responsables de las consecuencias de elegir «no hacer nada», razón por la cual es éticamente incorrecto no prestar auxilio[1]. Por lo tanto, si en el dilema del tranvía, en lugar de haber una persona atada en la vía alternativa no hubiera ninguna entonces estaríamos éticamente obligados a pulsar el botón para salvar la vida a cinco personas, pues respetar la vida de alguien no es una opción personal, pero en dicho caso los «deontologistas» dirán que no es una obligación ética pulsar el botón, lo contrario a lo que decimos quienes somos consecuencialistas. Al respecto de la cuantificación del número de personas, lo explicamos en los siguientes párrafos.



Dilema del tranvía: ¿Matarías a una persona para salvar cinco? (Link)


Las personas que rechazan el deber de prestar auxilio defienden que es una opción personal elegir salvar la vida a 1 persona o salvar la vida a 0 personas, por lo tanto también defienden que no tenemos la obligación ética de salvar la vida al mayor número de personas. Para comprender esto que se acaba de decir podemos plantear un dilema al que llamaremos «el dilema de los dos tranvías» y que es el siguiente: «Dos tranvías, A y B, corren fuera de control por dos vías paralelas. Un filósofo malvado ha atado a una persona en la vía por la que circula el tranvía A y ha atado a cinco personas en la vía por la que circula el tranvía B. Afortunadamente, existe un botón A que detiene al tranvía A y un botón B que detiene al tranvía B. Por desgracia, el sistema sólo permite detener un tranvía al mismo tiempo. ¿Tenemos la obligación ética de pulsar el botón B para salvar al mayor número de personas?». Las personas que rechazan el deber de prestar auxilio responderán que no existe la obligación ética de salvar al mayor número de personas, pues consideran que es éticamente correcto elegir no salvar la vida a las personas, es decir, matarlas por omisión[2].

Algunas personas que rechazan el deber de prestar auxilio defienden que es tan éticamente incorrecto matar directamente a una persona como matar directamente a X personas. Por ejemplo, en un artículo titulado «El dilema del tren» (otro blog del blog Filosofía Vegana) dice lo siguiente: «Cada persona, por el hecho de ser persona, tiene el mismo valor moral intrínseco que cualquier otra. Así que no se pueden "sumar" personas como si fueran números. Cinco [5] tiene mayor valor matemático que uno [1]; pero no tiene mayor valor moral. Las personas no son números; son individuos que poseen un valor inherente que no puede [debe] ser violado para nuestro beneficio o para beneficio de otros. El principio del valor intrínseco de la persona es la base de la moral (...) los números son relevantes para las matemáticas pero no son argumentos morales a la hora de establecer decisiones correctas». Por lo tanto estas personas consideran que es éticamente igual de incorrecta una acción que mata a 2 personas, que una acción que mata a 10000 personas o a X personas, como se muestra en la imagen adjunta. El error de estas personas es que realmente no reconocen el valor intrínseco de cada individuo porque niegan la individualidad. Dos personas, A y B, tienen dos valores intrínsecos: el valor intrínseco de A y el valor intrínseco de B; por lo tanto afirmar que no existe ninguna diferencia a nivel ético entre una acción que asesina a A y una acción que asesina a A y también a B, implica negar el valor intrínseco de B, limitándose a condenar la abstracción llamada «asesinato de personas», sin tener en cuenta el valor intrínseco de cada individuo concreto asesinado. La negación del valor intrínseco individual es la razón por la que estas personas sólo juzgan éticamente las acciones de los agentes éticos[3] y no la muerte de personas en sí misma (sea cual sea la causa que acabó con dicho valor intrínseco), por eso no consideran un problema ético que mueran 2 personas por la caída de un rayo o que seis millones de niños mueran cada año por falta de medicinas, pues recordemos que, erróneamente, estas personas rechazan el deber de prestar auxilio.

Algunas personas que aceptan el deber de prestar auxilio dicen que elegir salvar la vida al mayor número de personas es una discriminación arbitraria hacia quienes pertenecen al grupo minoritario. Asimismo, consideran que elegir realizar una acción que salva la vida a menos individuos que a más es una discriminación arbitraria contra quienes pertenecen al grupo mayoritario. Por lo tanto, dicen, que si hay que elegir entre salvar a un grupo de individuos o salvar a otro entonces no hay que tener en cuenta el número de individuos que componen cada grupo, sino tirar una moneda al aire para que mediante el azar no se discrimine arbitrariamente a nadie. Este argumento falla al aplicar el Principio de Igual Consideración de Intereses, pues elegir salvar a más personas que a menos es una discriminación, pero no es arbitraria[4]. Por ejemplo, sería una discriminación arbitraria no permitir el acceso al cine a las personas que van solas y permitírselo a quienes van acompañados, pues ello no es relevante para comprar una entrada y ver una película. Asimismo, es una discriminación elegir salvar a más personas que a menos personas o elegir salvar a menos personas que a más personas, pero no es arbitrario, pues la Ética defiende a las personas y por lo tanto es relevante salvar al mayor número de ellas.



Richard Stallman nos habla sobre elegir el menor mal (Link)