2 de febrero de 2017

ARGUMENTO:
“No debemos intervenir para evitar la depredación”


RESUMEN: ¿Qué es la depredación? ¿Tenemos a priori el deber de evitar la depredación? ¿Qué consecuencias tendría evitar la depredación? ¿Cómo podríamos reducir el número de víctimas de la depredación? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Si la salud/vida de alguien depende de que le ayudemos entonces a priori tenemos el deber de ayudarle, así como tenemos el deber de no matarle directamente, excepto si estimamos que ayudarle tendrá peores consecuencias (por ejemplo, morir junto a él). Aceptar el derecho de auxilio implica que a priori tenemos el deber de ayudar a quien es víctima de una agresión, aunque el agredido no sea de nuestra misma especie, así no seremos especistas. Esto nos lleva a la conclusión de que a priori tenemos el deber de evitar la depredación. Existen varias estrategias a seguir para reducir el número de víctimas de la depredación.

Palabras clave: Palabras clave: depredación, derecho de auxilio

Algunas personas no se dan cuenta de que tener a priori el deber de evitar la depredación es una consecuencia lógica de reconocer que a priori tenemos el deber de prestar auxilio a los demás. En un artículo anterior demostré que existe una relación causa-efecto entre lo que alguien elige no hacer y lo que ocurre debido a dicha omisión[1]. Por lo tanto si la salud/vida de alguien depende de que le ayudemos entonces a priori tenemos el deber de ayudarle, así como tenemos el deber de no matarle directamente, excepto si estimamos que ayudarle tendrá peores consecuencias (por ejemplo, morir junto a él). Aceptar el derecho de auxilio implica que a priori tenemos el deber de ayudar a quien es víctima de una agresión, aunque el agredido no sea de nuestra misma especie, así no seremos especistas[2]. Esto nos lleva a la conclusión de que a priori tenemos el deber de evitar la depredación. Albert Einstein en su obra «Mis creencias» ya aludió a la necesidad de superar la «fase depredadora» del desarrollo humano (manejando la teoría de Thorstein Veblen) en su intento de imaginar una sociedad verdaderamente pacífica. En 1974, Thomas Auxter argumentó en su ensayo «The Right Not to be Eaten» que los animales salvajes tienen el derecho a no ser comidos. En el siguiente vídeo aparecen animales depredando a otros.


Most Horrible Hyenas Eating Animals Alive - Wildebeest, Zebra, Impala (Link)

Algunas personas usan argumentos secundarios para rechazar el deber de prestar auxilio a quienes no son humanos. Estos argumentos secundarios son utilizados para desviar el debate hacia otros temas, evitando así responder a la cuestión de si a priori tenemos el deber de ayudar a los demás, que ya demostré que sí tenemos[1]. Básicamente utilizan estos argumentos secundarios:

(a) Decir que rechazar la depredación es una idea absurda, pero sin argumentar por qué es absurda. En cambio, algunos autores, como Mark Sagoff, Francesco D'Agostino y Carl Cohen, dicen que rechazar la depredación es una idea absurda porque al salvar a unos se mata a otros de hambre. Por ejemplo, Francesco D'Agostino comenta lo siguiente[1]: «Si los animales tienen valor intrínseco y diferenciado, y nosotros los hombres (agentes morales) somos los destinatarios del deber de defenderlos, se sigue de ello que deberíamos percibir también el deber de intervenir para impedir la violencia natural entre ellos (como por ejemplo la del lobo que ataca a la oveja), que constituye indudablemente una amenaza al menos para el valor intrínseco del animal que sucumbe. La consecuencia es manifiéstamente absurda, aunque sólo fuera porque defendemos la vida de la oveja a costa de privar al lobo de su alimento y, por lo tanto, de su derecho a la vida». Sin embargo, no hay nada absurdo en evitar que alguien agreda o mate a otro, todo lo contrario, es lo lógico.

(b) Usar el argumento del agente, es decir, afirmar que «sólo pueden ser éticamente incorrectas las acciones agentes éticos y por lo tanto no tenemos el deber de evitar las agresiones que cometen animales no humanos». Por ejemplo, Tom Regan defiende este argumento en su libro «The Case for Animals Rights» (1983)[2]. El argumento del agente ya lo rebatí en otro artículo[3].

(c) Usar el argumento de «la naturaleza depredadora», es decir, afirmar que «depredar es natural, por lo tanto es bueno y éticamente correcto». Por ejemplo, la organización Responsible Policies for Animals, Inc. (RPA) defiende dicho argumento[3]: «El movimiento de derechos de los animales no trata de proteger a los animales no-humanos contra los efectos de otros animales no-humanos que forman parte de la vida natural de los ecosistemas naturales -tales como la depredación natural. Ellos tienen por objeto proteger a los animales no-humanos contra los daños causados ​​por los seres humanos -peleas de animales instigadas por humanos, la alimentación de los animales criados o capturados mediante otros animales en cautiverio en violación de sus derechos, y así sucesivamente- la injusticia humana es la causa relevante de todos esos daños». Podemos observar que este argumento mantiene alguna relación con el argumento anterior (b). Sin embargo, el argumento de «la naturaleza de los seres» ya lo rebatí en otro artículo[4];

Algunas personas que reconocen que a priori tenemos el deber de prestar auxilio, dicen que evitar la depredación tendría unas consecuencias peores que si no hacemos nada. Por ejemplo, Peter Singer en su libro «Liberación Animal» (1975) dice que no deberíamos evitar la depredación porque estima que probablemente eso acarrearía nefastas consecuencias. No obstante, seguidamente muestra sus dudas al respecto y considera que cierto tipo de intervención podría ser aceptable, siempre que pudiésemos calcular de forma fiable las consecuencias. Para eliminar la depredación deberíamos conocer en profundidad la ecología e intervenir de una manera que no cause otros problemas. Sin embargo, aunque exista la posibilidad de que se deriven consecuencias negativas de una acción, eso no implica que la decisión menos mala sea no hacer nada: elegir no intervenir para evitar la depredación, ya tiene nefastas consecuencias. Por ejemplo, hay médicos que prescriben tratamientos sin la total seguridad de que dichos tratamientos funcionarán, pero consideran que el hecho de que el enfermo siga con su enfermedad es algo negativo. Lo mismo ocurre con personas enfermas que, desesperadas por curar su enfermedad, ponen toda su esperanza en seguir tratamientos que podrían perjudicarlas. Es importante estudiar con detenimiento esta cuestión y reconocer que la depredación es un problema práctico, seguramente el más complicado de todos para lograr un mundo ético. A continuación voy a enumerar algunas de las graves consecuencias de las que nos advierten algunas personas si elegimos evitar la depredación:

Algunas personas que reconocen que a priori tenemos el deber de prestar auxilio, dicen que si impedimos que un depredador mate entonces morirá de hambre. Este argumento es muy curioso porque se posiciona en el lado del agresor en lugar de en el lado de la víctima. Es cierto que si impedimos a un carnívoro que mate entonces éste morirá de hambre, pero también es cierto que si no le impedimos que mate entonces morirán sus víctimas, que son más de una. Como es menos malo que elijamos que muera uno a que elijamos que mueran más de uno (las víctimas de éste)[5] entonces a priori deberíamos impedirle matar. Sin embargo, impedir que alguien mate no implica que éste no tenga derecho a alimentarse para estar sano y seguir viviendo. Podemos alimentar a los animales carnívoros y omnívoros con cadáveres y carne cultivada[6], o combinar lo anterior con un pienso vegano específico[7].

Algunas personas que reconocen que a priori tenemos el deber de prestar auxilio, dicen que evitar la depredación rompería el «equilibrio de la naturaleza». En un artículo anterior demostré que no existe ningún «equilibrio de la naturaleza», sino una realidad cambiante mediante la evolución de las especies[8].

Algunas personas que reconocen que a priori tenemos el deber de prestar auxilio, dicen que es imposible evitar la depredación en el planeta Tierra. Es cierto que, en la actualidad, el problema de la depredación parece muy difícil o imposible de solucionar totalmente en el planeta Tierra, pero eso no convierte a la depredación en éticamente correcta: la existencia de depredación no es una razón que justifique el consumo de productos de origen animal. Asimismo, también parece muy difícil o imposible acabar totalmente con la violencia entre humanos, pero no eso no convierte a dicha violencia en éticamente correcta. En un futuro, cuando existan los conocimientos y la tecnología suficientes, se podrían aplicar medidas que contribuirán a reducir el sufrimiento y la posibilidad de consecuencias indeseadas. No deberíamos cerrarnos a este objetivo porque eso nos impediría desarrollarlo para el futuro. Además, la depredación no sólo debe erradicarse del planeta Tierra, sino en todo el Universo; esto rebate la idea de que es mejor que los humanos no existan, pues son necesarios para lograr ese objetivo ético. Algunas ideas para reducir la depredación son las siguientes: