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11 jun. 2016

ARGUMENTO:
"Los animales no son conscientes de la muerte"

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Algunas personas dicen que quienes no son humanos no son conscientes de la muerte. Es habitual que estas personas afirmen erróneamente que todos los humanos son conscientes de la muerte, haciendo uso de la falacia ecológica[1]. También es habitual, en base a usar dicha falacia, que estas personas afirmen que si alguien no es consciente de la muerte entonces es éticamente correcto explotarle y matarle, lo cual es arbitrario, pues si alguien no es consciente de la muerte entonces de eso no se infiere lógicamente que no quiera seguir viviendo para disfrutar de su vida. El único requisito que debe cumplir alguien para que sea respetado es ser alguien, es decir, tener una conciencia (sensocentrismo)[2], no es necesario que sea consciente de la muerte. Parece lógico la inmensa mayoría de animales saben diferenciar entre un individuo vivo y uno muerto. En 2009, en la entrevista «Los animales aman sin dobleces», el etólogo Marc Bekoff responde: «Está demostradísimo que los animales echan de menos al que se va o muere. Se ha estudiado en perros, en elefantes e incluso en ratas. Cuando huelen que un miembro de su grupo familiar ha muerto, muestran comportamientos de duelo, pero eso no significa que entiendan la muerte como lo hacemos nosotros». Es decir, quienes no son humanos son conscientes de la muerte, aunque a su manera. A continuación vamos a ver qué es lo que dice la ciencia que estudia el comportamiento y la psicología no humana, la etología, sobre este tema.


Consciencia de la muerte en animales no humanos

Chimpancés y consciencia de la muerte [4]

En su edicion del 27 de abril de 2010 la revista Current Biology publica dos articulos que abordan, a través de observaciones científicas que han tenido enorme repercusion internacional, la manera en que los chimpancés viven la muerte de sus semejantes. Y lo que parecen decirnos estas observaciones, que se vienen reiterando en distintos ambitos, es que la compasión y la conciencia de la muerte distan de ser exclusivos de los hombres .

Los ejemplos mencionados en la publicación se refieren a observaciones llevadas a cabo tanto entre chimpancés salvajes como en un grupo en cautiverio.

En el primer caso[5] un grupo de investigadores conducido por Dora Biro de la Universidad de Oxford, observó en Guinea, Africa Occidental, como tras una enfermedad respiratoria que se cobro la vida de algunos miembros de una comunidad semi aislada de chimpances en Bossou, dos madres continuaron transportando durante 68 días los restos de sus bebes muertos , cuando ya casi se encontraban momificados , e incluso permitian que otros pequenos chimpances jugaran con ellos.

El segundo caso[6], se refiere a la observación hecha sobre un grupo de chimpancés en cautiverio en el Blair Drummond Safari & Adventure Park, Escocia. Allí durante el verano los chimpancés permanecen en una isla y en el invierno son trasladados a interiores calefaccionados.

En noviembre de 2008 – es decir en el periodo invernal – una chimpancé de nombre Pansy, de alrededor de 50 años, comenzó a manifestar signos de enfermedad. Comía e inmediatamente después caía en un profundo letargo. En tales ocasiones se observaba que otros tres adultos que convivian con ella – entre los cuales Rosie, la hija de 20 años de Pansy – la acicalaban, construian nidos para ella y dormían cerca de ella. Con el correr de los días resulto evidente que Pansy estaba muriendo. Los cuidadores decidieron entonces dejarla sola en el recinto junto con los otros chimpancés. Las escenas que se sucedieron fueron capturadas en un video que deja entrever actitudes que pueden asociarse a un ritual mortuorio.

El equipo de investigadores conducido por James Anderson, psicólogo de la Universidad de Stirling , anoto los siguientes hechos: Rosie frotaba el torso de su madre mientras otro chimpancé hembra acicalaba su brazo y apretaba su mano. Cuando Pansy dio su ultimo suspiro los chimpancés comenzaron a movilizarse en torno de ella como si inspeccionaran el cuerpo para encontrar signos de vida. Entonces un chimpancé macho carga con su cuerpo y golpeo su torso. Piensan que tal vez intento hacerla reaccionar o que simplemente quiso expresar frustración por su muerte. Al final, Rosie paso el resto de la noche sentada junto al cuerpo sin vida de su madre.

Al día siguiente, mientras los cuidadores retiraban el cuerpo de Pansy los chimpancés permanecieron expectantes. En efecto, los investigadores describen su comportamiento de esta forma: “ Mientras los cuidadores retiraron a Pansy de la plataforma transportandola al corredor de salida y colocaron su cuerpo en una bolsa especial a la que cargaron en un vehículo que se alejo los chimpancés los contemplaron en silencio. Al día siguiente, mientras el área era limpiada, desinfectada y se colocaba paja fresca permanecieron inusualmente quietos “.

Posteriormente los chimps se mostraron sumamente cautelosos respecto de la cámara mortuoria. Cuando los cuidadores abrieron el área donde Pansy había muerto, Rosie y las otras hembras entraron tímidamente pero salieron raudamente cuando el macho del grupo comenzó a proferir gritos de alarma. Después de ese episodio ningún chimpancé quiso dormir en el lugar y durante cinco noches consecutivas ninguno hizo su nido en la plataforma donde Pansy había muerto por mas que ella habia sido utilizada como nido nocturno durante las 29 noches del estudio. Rosie fue la primera en volver allí…”

Los investigadores concluyen su relato expresando:

“… Consideramos que la conciencia de los chimpancés acerca de la muerte ha sido subestimada”

Deseamos aquí evocar otro episodio, ocurrido en 2009 en el Centro de Rehabilitación de Primates de Sanaga-Yong, en la Republica de Camerún con motivo de la muerte de Dorothy, la chimpancé matriarca del Centro. La imagen de los chimpancés del santuario agolpados junto a la cerca mientras la Dra. Sheri Speedi, Directora del centro, les muestra el cuerpo sin vida de Dorothy que es transportado hacia su ultima morada estremeció a todos aquellos que la vieron. En efecto ella deja presentir un universo emocional próximo al nuestro.



Igualmente anclados en la literatura científica y de divulgación se hallan los episodios que Jane Goodall observo en sus investigaciones pioneras de los años sesenta en Tanzania, vividamente relatados en sus obras y reportajes, donde evoca abiertamente las experiencias trascendentales de su vida en Gombe junto a los chimpancés.

El primero de estos hechos se vincula con una madre y su pequeño hijo. La madre en cuestión era Flo, una chimpancé que fue para Goodall una verdadera inspiración. Flo tuvo al menos cinco crías: Faben, Figan, Fifi, Flint y Flame. Con los tres primeros fue una madre formidable, jugaba con ellos y los apoyaba constantemente pero Flint, fue el hijo de la madurez y aun no se había recuperado de su nacimiento cuando da a luz a Flame, que moriría apenas 6 meses después. Este hecho pareció afectarla profundamente y Flo “descuido”, si puede decirse, la educación del pequeño Flint que se torno absolutamente dependiente de su vieja madre. Cuando ella muere de neunomia en 1972 el se mostró totalmente incapaz de seguir adelante sin ella. Dejo de comer y de interactuar con el resto del grupo y comenzó a mostrar signos de una depresión clínica que podía asociarse al sentimiento de pena por la muerte de su madre lo que debilito su sistema inmunitario. Murió a la edad de 8 años y medio, un mes después de haber perdido a su madre. Goodall vivió intensamente el episodio – que aparece en el film “People of the Forest” en imágenes de intensa sugestión capturadas por su primer esposo Hugo von Lawick, un renombrado fotógrafo de la vida salvaje – y recuerda que Flint estaba demasiado triste y que simplemente se dejo morir.

Observando el despliegue de los chimpancés frente a una cascada –despliegue frenético parecido a una danza iniciatica– Goodall ha llegado a pensar que ante una maravilla de la naturaleza los chimpancés son capaces de experimentar sentimientos de éxtasis casi como una forma de religión animista.

También entre delfines y elefantes se han observado signos de empatia hacia los otros en el momento de morir.

La conclusión de los investigadores es que ante la evidencia creciente que, al menos, algunos animales están dotados de rasgos que pueden ser considerados profundamente humanos – como la compasión[7] por el otro, la conciencia de la mortalidad y la pena[8] – se requieren nuevas consideraciones éticas en nuestras relaciones con ellos. Mas aun en el caso de las ultimas investigaciones llevadas a cabo con chimpancés parece surgir la necesidad que los animales en cautiverio dispongan de la posibilidad de practicar sus propios rituales ligados con la muerte.

Burros y consciencia de la muerte

Bram llegó a la Fundación Ezelshoeve, un santuario de burros en los Países Bajos, en marzo de 2014. Llegó junto con tres yeguas, de propietarios mayores que no podían cuidar de ellos correctamente. La buena gente del santuario intentó con todas sus fuerzas que recuperara la salud, pero no mejoró. Tomaron la decisión de practicar la eutanasia a Bram. Los otros burros del santuario comenzaron a hacer ruidos y rodearon el cuerpo muerto de su amigo. Los fundadores del santuario están convencidos de que los burros estaban de luto -indicando que han hecho los mismos ruidos (muy diferentes a sus rebuznos habituales) que en la despedida de otros compañeros. Quizás el momento más doloroso de todo, es cuando uno de los burros devastados por el dolor pellizca a Bram en un intento por despertarlo.


Donkey's Crying following death of their Friend (Link)

Pingüinos emperador y consciencia de la muerte

El fotógrafo Daniel J. Cox, especializado en la vida silvestre, tomó esta extraordinaria imagen de un conglomerado de pingüinos adultos en luto por la pérdida de sus crías en la plataforma de hielo Larsen Riiser en la Antártida. "Parte de mi trabajo es aceptar que con las imágenes espectaculares de la naturaleza también vienen los hechos tristes de la vida, y fue desgarrador ver estos pingüinos emperador en duelo de una manera similar a la humana por la muerte de sus crías".



Aves y consciencia de la muerte

Los agapornis, también apodados “inseparables”, pueden llegar incluso morir por no alimentarse voluntariamente ante la muerte de su pareja. Konrad Lorenz describió numerosos ejemplos, entre parejas de gansos, de individuos que se apartaban del grupo y rehusaban a establecer una nueva pareja tras la muerte de su compañero o compañera.

Perros y consciencia de la muerte



Perro finge su propia muerte jugando (Link)