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20 may. 2016

ARGUMENTO:
“Los animales no sienten dolor, por tanto no tienen interés de evitar el dolor”

RESUMEN: ¿Qué es el dolor? ¿qué seres sienten dolor? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Disponemos de tres indicadores que nos permiten concluir que los seres humanos no son los únicos animales que pueden sufrir y disfrutar: conducta, fisiología (sistemas nerviosos centrales) y lógica evolutiva. La similitud de los correspondientes sistemas nerviosos no da pie para afirmar que el dolor causado es idéntico: el dolor, y su consecuente sufrimiento, que experimenta un animal no humano puede ser en algunos casos menor que el nuestro y en otros casos puede ser más intenso. Esto mismo ocurre entre los humanos adultos sanos y los humanos llamados "casos marginales" (bebés, disminuídos psíquicos profundos, seniles, etc.). Que existan diferencias entre experiencias de dolor de dos individuos no es una razón que justifique producir un dolor innecesario a uno de ellos y tampoco es una razón para matarle.

Palabras clave: dolor, sufrimiento, interés de evitar el dolor, nocicepción

Algunas personas dicen que aunque un ser tenga una conciencia eso no implica que sienta dolor. En otro artículo explicamos que la ciencia afirma que los seres humanos no son los únicos seres que tienen una conciencia[1]. Sin embargo existen personas que dicen que aunque un ser tenga una conciencia eso no quiere decir que tenga capacidad para sentir dolor. Si bien es cierto que existen personas que, a pesar de tener conciencia, no tienen capacidad para sentir el dolor debido a que padecen una enfermedad genética, por ejemplo el síndrome de Smith-Magenis (SMS), la analgesia congénita al dolor (congenital insensitivity to pain, o CIP, por sus siglas en inglés), etc., sin embargo estas personas pueden sufrir debido a la frustración de otros intereses (muerte de un amigo, rupturas, etc.). El dolor físico tiene una función biológica esencial en la supervivencia, pues permite a los seres sintientes ser conscientes de peligros para escapar de ellos. No existe ninguna razón biológica por la que un ser que tiene una conciencia no tenga capacidad para sentir dolor físico, salvo que tenga una enfermedad genética. Asimismo, y en sentido contrario, el dolor es una experiencia y, como toda experiencia, es subjetiva. Por lo tanto, reconocer que un ser siente dolor implica reconocer que dicho ser tiene una conciencia porque el dolor siempre lo siente alguien[1].

Algunas personas dicen que determinados animales no humanos no tienen capacidad para sentir dolor y que por lo tanto no tienen interés en no sentir dolor. Actualmente son pocas las personas que apoyan la idea anticientífica de René Descartes (1596-1650) según la cual sólo los humanos tienen capacidad para sentir dolor. La gran mayoría de la sociedad reconoce que los mamíferos, aves y reptiles tienen capacidad para sentir dolor físico y emocional, y cada vez son menos quienes creen que los peces no tienen dicha capacidad. En lugar de eso, es más habitual encontrarse con la negación de la capacidad para sentir dolor de los invertebrados, como insectos, arácnidos, crustáceos, bivalvos, etc. Incluso hay quienes practican el veganismo, pero comen moluscos bivalvos (mejillones, ostras, etc.) porque dicen que estos no disponen de las estructuras materiales necesarias para tener una conciencia o porque, aunque tengan un sistema nervioso, dicen que el tipo de vida que llevan no requiere una conciencia, y por lo tanto no pueden sentir dolor ni nada. Por ejemplo, en el artículo «¿Veganismo o religión? Plantas y bivalvos», Andrés Solo dice que los bivalvos no sienten dolor ni nada porque el tipo de vida que llevan no requiere que tengan una conciencia. En otros artículos como «The ethical case for eating oysters and mussels» y «The ethical case for eating oysters and mussels - Part 2» pueden leerse argumentos similares. El dolor es un estado de la conciencia, y como tal no puede ser observado, sólo puede ser sentido. Comportamientos como retirarse, gritar o retorcerse no son el dolor en sí, ni tampoco son dolor los datos que nos aporta la medicina y las neurología. Deducimos que los demás sienten dolor en base a indicadores. Óscar Horta, en su ensayo «Animales humanos y no humanos: de la discriminación al respeto», enumera los tres indicadores que nos permiten deducir que no sólo uno mismo siente dolor y placer: conducta, fisiología y lógica evolutiva. Pasamos a explicar cada uno de ellos:


A continuación se enumeran estudios sobre el dolor físico en animales no humanos:

La capacidad para sentir dolor de los animales vertebrados. En 2009, el National Research Council of USA (Consejo Nacional de Investigación de los EEUU, NRC por sus siglas en inglés) reunió un comité especial para determinar si los animales no humanos sienten dolor y en caso afirmativo qué especies pueden sentirlo, para ser tenido en cuenta cuando se usan animales en experimentos científicos. Los resultados del comité se recogieron en un informe titulado «Recognition and Alleviation of Pain in Laboratory Animals», en el que se indica que se llegó al siguiente consenso: «El consenso del comité es que debería considerarse que todos los vertebrados son capaces de experimentar dolor». A pesar de que la ciencia ha reconocido que todos los vertebrados tienen capacidad para sentir dolor, aún ni siquiera existe una normativa para matar a los peces, así como existe con mamíferos, y hay personas que aún creen que los peces no sienten dolor. A continuación se proporciona información sobre el dolor en peces:


La capacidad para sentir dolor de los animales invertebrados. Muchos animales invertebrados no poseen cerebro tal y como lo entendemos. El sistema nervioso de los invertebrados superiores está constituído por una red de ganglios cerebroides o cerebrales que se disponen lateralmente por el cuerpo del animal, a diferencia de los vertebrados, en los invertebrados el sistema nervioso se ubica en posición ventral con respecto del cuerpo. Los animales invertebrados pueden experimentar dolor gracias a sus ganglios cerebrales y huyen cuando sienten peligro. Las leyes de varios estados incluyen a determinados invertebrados como los cefalópodos (pulpos, calamares) y crustáceos decápodos (langostas, cangrejos) en el ámbito de aplicación de las leyes de protección de los animales, lo que implica que a estos animales también se les considera capaces de experimentar el dolor y el sufrimiento.







Algunas personas dicen que los animales no humanos con sistema nervioso central tienen capacidad para sentir dolor, pero dicen que su dolor es diferente al dolor de los humanos. Por ejemplo, según el artículo «Una mirada científica al sufrimiento animal», Agustín Blasco, catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia, dice en su libro «Ética y bienestar animal» lo siguiente: «Es evidente, indica, que aunque las ratas sufren dolor, hay que controlar sus poblaciones, aunque se pregunta si hay que hacerlas sufrir con venenos muy dolorosos. Eso sí, hay que tener en cuenta que su dolor no es igual al nuestro, pero también que no son máquinas, sino seres capaces de sufrir». Sin emitir un juicio sobre esta afirmación, vemos que estas personas reconocen que los animales no humanos sienten dolor y por lo tanto no pueden negar que también tienen interés en evitar dicho dolor, por lo que no habría más que decir.