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22 nov. 2016

ARGUMENTO:
“Todos los humanos...”

RESUMEN: ¿Todos los humanos comparten una característica que los diferencia de quienes no son humanos? ¿quiénes son los humanos marginales? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Toda argumentación racional no debe hacer uso de falacias. Cuando alguien afirma que todos los humanos y sólo ellos poseen una característica C éticamente relevante que les hace merecedores de consideración y respeto ético está haciendo uso de la falacia ecológica. La falacia ecológica consiste dar por supuesto que todos los miembros de un grupo poseen las mismas características que se dan en el grupo. Existe un subconjunto de humanos, llamado casos marginales o humanos marginales, los cuales no poseen la característica C mencionada: bebés, niños pequeños, disminuídos psíquicos profundos, algunos enfermos, etc.

Palabras clave: casos marginales, empirismo, falacia ecológica, media estadística, verificacón

Algunas personas afirman erróneamente que tener una conciencia no es lo que diferencia a las personas de las cosas[1], sino otra característica que supuestamente poseen todos los seres humanos.

Algunas personas dicen que todos los humanos tienen en común una determinada característica sin verificarlo. Algunas características a las que dichas personas suelen referirse son la racionalidad, la inteligencia, la conciencia, el libre albedrío, etc. y entonces dicen: «todos los humanos son racionales», «todos los humanos tienen conciencia», etc. El error de estas personas es que asumen que todos los humanos tienen una determinada característica por el hecho de pertenecer al conjunto de los humanos, sin indicar mediante qué tipo de prueba se puede verificar dicha característica. Podemos verificar que no todos los seres humanos poseen dichas características, pues el conjunto de los seres humanos no es homogéneo, sino hetereogéneo. Existe un subconjunto de humanos, llamado «casos marginales» o «humanos marginales», cuyos miembros no cumplen con el criterio requerido: embriones, bebés, niños pequeños, disminuídos psíquicos profundos, algunos enfermos, etc. En su libro «Created from Animals: The Moral Implications of Darwinism» («Creados a partir de animales: Las implicaciones morales del Darwinismo»), el filósofo James Rachels (1941-2003) nos presenta la importante noción del individualismo moral, que se basa en el siguiente argumento: «Si A merece un trato diferente a B, la justificación debe ser en términos de que las características individuales de A y las características individuales de B. Tratarlos de diferente forma no puede justificarse basado en que uno u otro pertenece a un grupo preferencial, ni siquiera si ese grupo es el “grupo” de seres humanos».

Algunas personas dicen que todos los humanos tienen en común una determinada característica porque «la mayoría» de humanos la posee. Estas personas aceptan que se debe verificar individuo a individuo la posesión de una determinada característica, pero hacen uso de la falacia ecológica. La falacia ecológica (ecological fallacy), también conocida en los esquemas clásicos como «falacia de ambigüedad por división», es un error en la argumentación basado en una errónea interpretación de datos estadísticos, infiriendo las características de los individuos a partir de las estadísticas agregadas del grupo al que dichos individuos pertenecen. Esta falacia presenta dos variedades: (a) la primera da por supuesto que la propiedad de algo es compartida por sus partes; (b) la segunda da por supuesto que todos los miembros de un grupo poseen las mismas características que se dan en el grupo. Para no usar la falacia ecológica se debe prestar atención a las variaciones individuales dentro de cada grupo, es decir, no se debe tratar a todos los individuos por igual, sino de acuerdo a las características que tiene cada uno. Por lo tanto no existe ningún «defecto» que tengan los animales no humanos que no sea también el «defecto» de algún subconjunto de seres humanos. Veamos algunos ejemplos de las dos variedades de falacia ecológica:


Algunas de estas personas también se adjudican los logros de otros humanos sólo por el hecho de que ellos mismos también son humanos. Por ejemplo, hay quien afirma que «los humanos hemos conseguido viajar a la Luna» porque cree que si quienes tripularon la misión Apolo 11 llegarón a caminar por la Luna entonces él también lo hizo; o quien afirma que «los humanos hemos desarrollado la teoría de la relatividad» porque cree que como Albert Einstein (1879-1955) desarrolló dicha teoría entonces él también lo hizo, etc. Es curioso observar que estas personas no suelen atribuirse para sí mismos las acciones éticamente incorrectas que realizan algunos humanos, por ejemplo, nunca dicen «los humanos hemos violado sexualmente a otros».

Algunas personas reconocen que no todos los humanos poseen una determinada característica, pero dicen que debemos tratarles como si ya la poseyeran porque la poseerán en el futuro. Estas personas usan el argumento de potencialidad, el cual fue rebatido en un artículo anterior[2].

Algunas personas reconocen que no todos los humanos poseen una determinada característica, pero usan otros argumentos para intentar proteger a los humanos de los «casos marginales». Ante la realidad de que existen seres humanos que no cumplem con los requisitos que estas personas exigen para ser considerados éticamente como personas, algunas de estas personas reaccionan intentando aportar un segundo argumento que pueda justificar un reconocimiento «honorario» a estos humanos que quedaron excluídos éticamente por el primer argumento. En otras palabras, buscan dar a los humanos marginales una protección de tipo indirecto, aun aceptando que no existe motivo alguno para considerarlos éticamente por sí mismos, lo cual también resulta infructuoso[3]. Basándonos en criterios éticamente irrelevantes no podemos llegar a la conclusión de que es éticamente correcto explotar y matar a quienes no son humanos. Además, dichos criterios arbitrarios también discriminan arbitrariamente a los millones de humanos que componen el conjunto de los «casos marginales».