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15 oct. 2016

ARGUMENTO:
“La eutanasia y el suicidio son acciones éticamente incorrectas”

RESUMEN: ¿Es éticamente incorrecto matarse a uno mismo? ¿es éticamente matar a quien lo solicita? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

La eutanasia es el acto mediante el cual una persona mata a quien padece una enfermedad incurable que le produce gran dolor y angustia. En cambio, el suicidio es el acto mediante el que un individuo acaba voluntaria y activamente con su propia vida; si el suicida recibe ayuda para suicidarse entonces se denomina suicidio asistido.

Si un individuo, sin estar coaccionado por nada ni por nadie, decide matarse de una determinada manera entonces no frustra su interés de vivir, pues tiene interés de morir de esa determinada manera. Esto es análogo a aquella situación en la que alguien decide libremente dañar su cuerpo o su salud, poniéndose un piercing, fumando, etc. En algunos casos, no permitir a un adulto sano no coaccionado que se quite la vida es lo mismo que torturarle.

Palabras clave: dictadura de la salud, eutanasia, suicidio, suicidio asistido




Documental: Eutanasia: ¿piedad o asesinato? (Link)


Algunas personas dicen que la eutanasia y el suicidio son acciones éticamente incorrectas. Una de las primeras menciones al rechazo de la eutanasia aparece en el juramento hipocrático, en teoría escrito por Hipócrates de Cos (460 a.C.-370 a.C.) en el siglo V antes de Cristo. Hipócrates fue un médico de la Antigua Grecia que ejerció durante el llamado siglo de Pericles, y es una de las figuras más destacadas de la historia de la medicina, tanto que muchos autores se refieren a él como el «padre de la medicina». En el juramento hipocrático, muy presente en las normas éticas que suele haber en la práctica médica, puede leerse: «No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante». También algunas religiones, por ejemplo la Iglesia Católica Romana, rechazan la eutanasia y el suicidio apelando a que «debe respetarse la vida humana»[1], dando con esta norma prioridad a la vida de los humanos sobre el interés de estos a no seguir viviendo. El error de estas personas es que imponen una norma a los demás (el deber de seguir viviendo) que es arbitraria porque el deber se origina en el interés de cada persona, y del interés común se infiere lógicamente el deber común o Regla de Oro de la Ética: «a priori, los intereses no deben ser frustrados»[2]. A partir de la Regla de Oro podemos inferir que «a priori, debe respetarse el interés de morir». Por lo tanto si alguien tiene interés en morir porque su problema no tiene solución entonces no debemos impedírselo, excepto si se estiman peores consecuencias para el avance de la Ética si muere. Incluso si una persona humana o no humana no nos informa si tiene interés en seguir viviendo o aunque tenga interés en seguir viviendo pero no nos lo puede decir (por ejemplo, eutanasia de perros y gatos gravemente enfermos), podemos estimar que le interesa morir:

Una vida en la que nos pasan cosas positivas es una vida valiosa que es beneficiosa para  nosotros vivir. Este es el motivo por el que nos daña la muerte, porque hace que dejemos de vivir las cosas positivas que nos pueden pasar en la vida. Y puede darse también el caso contrario. Imaginemos, por ejemplo, una vida padeciendo tormentos en una cámara de tortura, sin ningún disfrute y sólo con un terrible sufrimiento. Tal vida sería horrible. Podríamos considerar que sería mejor no vivir que vivir de ese modo. Sería, por tanto, una vida con un valor negativo. Asimismo, una vida sin ninguna clase de experiencias, una vida en un estado de total inconsciencia [...] es una vida que ni tiene cosas positivas ni cosas negativas para quien la viva. Ni es bueno ni es malo vivir una vida así: simplemente, no tiene ningún valor, ni positivo ni negativo. -Óscar Horta, «La capacidad de sufrir y disfrutar»

Una situación desfavorable (problema de salud, problema económico, problema emocional, etc.) puede coaccionar a una persona para que decida suicidarse. Como sociedad debemos poner los medios (información sobre vida sana, limitar riesgos económicos, ayuda psicológica, etc.) para prevenir que aparezcan dichas coacciones  y también debemos poner los medios para solventarlas si aparecen.

Algunas personas dicen que dañar el propio cuerpo y/o dañar la propia salud es éticamente incorrecto.  Según estas personas «debe respetarse el cuerpo y/o la salud», independientemente de cuáles sean los intereses de la persona sobre su propio cuerpo y sobre su propia salud, es decir, dicen que es éticamente incorrecto el tabaquismo, el consumo de alcohol, los piercings, el masoquismo, etc. y que deben prohibirse; a dicha idea la podemos llamar «dictadura de la salud». Esta idea está relacionada con la idea de rechazar la eutanasia y el suicidio, pues también intenta erróneamente imponer una norma sobre los cuerpos de otras personas sin considerar los intereses de esas personas.

Algunas personas reconocen que debemos respetar los intereses de los demás, pero dicen que tenemos algunos «intereses fijos». Por ejemplo, según estas personas, el interés en seguir viviendo y el interés en vivir sano son fijos, es decir, afirman que todas las personas siempre tienen como fin el interés en seguir viviendo y hacerlo sanamente. Consideran que afirmar «tengo el interés de morir» o «tengo el interés de dañar mi salud» son afirmaciones contradictorias, es decir, absurdas. Debido a ello se oponen al consumo de tóxicos, a la eutanasia y al suicidio. Por ejemplo, Luis Tovar en su blog Filosofía Vegana ha defendido esta idea en alguna ocasión, aunque ha reconocido que no lo tiene claro y habla de «excepciones», sin justificarlas racionalmente, por lo tanto son arbitrarias. Algunas de estas personas, dicen que en condiciones normales, el interés en conservar la vida es constitutivo al individuo sintiente (lo mismo que el «instinto» de alimentarse) y que no desaparece nunca (aunque podamos ocultarlo momentáneamente); pero contradictoriamente dicen que si alguien no tiene interés en conservar la vida entonces siempre es debido a una circunstancia motivada por alguna situación anómala (enfermedad, lesión muy grave, depresión, etc.) que impide el normal desarrollo de su vida y de sus intereses. Por ello, dicen que si decidimos matarnos nos discriminamos voluntariamente a nosotros mismos al atentar contra nuestros propios «intereses fijos» y, por lo tanto, es una acción éticamente incorrecta. El error que cometen estas personas es afirmar que existen «intereses fijos» lo cual es contrario a la definición de «interés» como algo que alguien quiere que ocurra. Por eso es lógicamente contradictorio que alguien afirme «tengo el interés de frustrar mi interés» o «quiero que ocurra lo que no quiero que ocurra». Por ejemplo, si alguien dice «tengo el interés de frustrar mi interés de vivir» entonces se contradice porque un interés se tiene o no se tiene, no se puede tener y no tener al mismo tiempo, es decir, un interés no puede ser autofrustrado[3].

Si una persona adulta mentalmente sana, informada y no coaccionada decide realizar ciertas acciones que sabe que van a tener como consecuencia su propia muerte entonces eso quiere decir que dicha persona tiene interés en morir de esa determinada manera: morir así es su interés final y por lo tanto utiliza su interés en seguir viviendo como medio para lograrlo. No hay frustración alguna cuando alguien hace lo que quiere hacer y eso no frustra intereses de otras personas. Alguien podría objetar que las personas que tienen afecto hacia quien tiene interés en suicidarse tienen interés en que no satisfaga su interés; lo que ocurre es que dichas personas tienen interés en que quien se va a suicidar no se suicide y sufra, para así ellos satisfacer su propio interés egoísta de mantener viva a esa persona.