Argumento: "No podemos empatizar con lo que siente un animal"
Algunas personas dicen que como los humanos no podemos empatizar con lo que siente un animal no-humano entonces es éticamente correcto esclavizarles y asesinarles.
Formulamos de forma más clara el argumento que utilizan dichas personas. Éste iría como sigue:
(A1) "Podemos empatizar con cualquier humano".
(A2) Como (A1) es verdadero entonces "Es éticamente incorrecto esclavizar y asesinar a humanos".
(A3) "No podemos empatizar con los animales no-humanos".
(A4) Como (A3) es verdadero entonces "Es éticamente correcto esclavizar y asesinar a animales no-humanos".
RESPUESTA VEGANA:
Este argumento puede rebatirse de las siguientes maneras:
Los animales que no pertenecen a nuestra especie, al contrario que una piedra o una planta[1], no son algo sino alguien, ya que tienen un sistema nervioso central que les da la consciencia con la que pueden sentir dolor y placer para padecer y disfrutar de sus vidas.
(i) Nadie puede sentir lo que está sintiendo otro individuo, ni siquiera si es de nuestra propia especie, pero podemos empatizar con él. Aunque las barreras para entender a otras especies son insuperables, en principio no son mucho más grandes que las barreras para entender a nuestros amigos o vecinos (Quine, 1960). Tal y como dice Thomas Nagel, la única experiencia de la que uno puede estar seguro es la experiencia que uno mismo tiene (Nagel, 1987). Nadie tiene un acceso directo a las experiencias, pensamientos y sentimientos de otra mente pero podemos hacernos una idea de ello mediante la observación de las respuestas físicas, tanto a nivel externo como interno, de dicho individuo.
Un hombre es físicamente diferente a una mujer y aún así el hombre puede empatizar con el dolor de una mujer sometida a una ablación de clítoris, porque sabemos que ella también es un animal que puede sentir dolor y placer independientemente de su raza, religión, nacionalidad, inteligencia, etc... Objetivamente sabemos que la ablación produce daño y sufrimiento en la mujer sin necesidad de que seamos una mujer.
Un humano es físicamente diferente a animales de otras especies pero puede empatizar con el dolor de los mismos porque sabemos que los animales sintientes pueden sentir dolor y placer. Objetivamente sabemos que si dañamos a un animal le producimos dolor físico y psicológico. Quien no se queda emocionalmente impasible ante el maltrato de un animal es porque empatiza con su sufrimiento. Los animales que no pertenecen a nuestra especie muestran empatía y compasión hacia individuos de su misma especie pero también hacia individuos de otras especies[2].
Si sabemos que los animales también padecen y que podemos vivir sin dañarlos[3] ¿por qué no evitar su padecimiento?... la respuesta a esta pregunta depende del grado de empatía de quien la contesta, de su adicción a los productos animales y de la presión social a la que se ve sometido.
3. adj. Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos.
La capacidad para ser sensibles a los infortunios ajenos tiene una base material en la estructura de nuestro cerebro que seguramente tenga su sentido en cuanto a que somos animales sociales. Los psicópatas carecerían de dicha base material y solo buscarían su propio beneficio independientemente de las repercusiones que sus acciones tengan sobre los demás. Si la mayoría de los individuos de nuestra especie careciera de sensibilidad hacia las desgracias ajenas viviríamos en una total desconfianza y vivir en sociedad no sería posible.
MORAL ANIMAL[4]
Ética innata
Unos investigadores norteamericanos afirman haber descubierto que los bebés de 6 meses ya son capaces de hacer este tipo de juicios y que, por lo tanto, los seres humanos nacemos con un código ético pre-programado en el cerebro. La investigación fue llevada a cabo por Paul Bloom, psicólogo de la Universidad de Yale (EE.UU.), quien utilizó, como indicador de juicio moral, la capacidad de los bebés para diferenciar entre comportamientos útiles e inútiles. El psicólogo realizó una serie de experimentos con bebés de entre seis y diez meses. En el primero de ellos se les mostró varias veces un espectáculo muy sencillo de títeres de madera durante el cual una bola roja intentaba subir una colina mientras era ayudada, a veces, por un triángulo amarillo que la empujaba por detrás. En otras situaciones la bola roja se veía obligada a bajar la colina por culpa de un molesto cuadrado azul que le causaba problemas. Después de ver a las marionetas, a los bebés se les pidió que eligieran a un personaje de entre las tres figuras. La gran mayoría (el 80%), eligió el triángulo amarillo, es decir, la figura que ayudaba. En palabras de Bloom, “escogieron al buen tipo”. En el segundo de los experimentos, denominado “Osos molestos y conejitos ladrones”, a los bebés se les enseñó un títere con forma de perro que intentaba abrir una caja. En ese momento, un oso de peluche le echaba una mano, ayudándole a abrirla, al mismo tiempo que aparecía otro oso que se sentaba encima de la caja para impedirle que la abriera. Después de ver la escena varias veces, a los niños se les daba la oportunidad de elegir a uno de los dos ositos. La mayoría de los bebés prefirió quedarse con el peluche colaborador. Por último, los investigadores realizaron un tercer experimento con títeres. Esta vez era un gato que jugaba a la pelota en compañía de dos conejos. Cuando el gato perdía la pelota, uno de los conejos la recuperaba y se la devolvía, mientras que el otro se la robaba, escapándose con ella. En este último caso, los niños de cinco meses escogieron al conejo colaborador y los de 21 meses incluso llegaron a golpear al conejo ladrón en la cabeza. Así que parece que no es necesario que los padres se preocupen “tanto” por enseñar a los niños la diferencia entre el bien y el mal, ya que quizás sea algo con lo que los bebés ya vengan al mundo. Claramente los resultados de este estudio parecen apoyar la idea de que la capacidad para distinguir entre el bien y el mal forma parte de naturaleza humana y se manifiesta desde muy temprana edad.
Experimento: La preferencia de los bebes por entidades empáticas (Paul Bloom, Yale University)
NEURONAS ESPEJO
Se denominan neuronas espejo a una cierta clase de neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar por otro individuo, especialmente un congénere.
Las neuronas del individuo imitan como "reflejando" la acción de otro: así, el observador está él mismo realizando la acción del observado, de allí su nombre de "espejo". Tales neuronas habían sido observadas primeramente en primates, y luego se encontraron en humanos y algunas aves. En el ser humano se las encuentra en el área de Broca y en la corteza parietal.
En las neurociencias se supone que estas neuronas desempeñan un importante rol dentro de las capacidades cognitivas ligadas a la vida social, tales como la empatía (capacidad de ponerse en el lugar de otro) y la imitación. De aquí que algunos científicos consideren que la neurona espejo es uno de los más importantes descubrimientos de las neurociencias en la última década.
Un pato ayuda en la rehabilitación de un niño (Erbol/Atlas) (Link)
POR QUÉ LOS ANIMALES NO HUMANOS PUEDEN SUFRIR Y DISFRUTAR[5]
Una última respuesta que ante esto se da en ocasiones consiste en la afirmación de que los animales de especies distintas a la nuestra no pueden realmente sufrir y disfrutar. La mayoría de nosotros seguramente rechazará tal idea por sentido común. Pero es importante tener en cuenta aquí que no estamos meramente ante una cuestión de sentido común. Que los animales no humanos pueden sufrir y disfrutar es una afirmación que resulta plenamente respaldada por las evidencias empíricas y las razones a nuestra disposición. En concreto, disponemos de tres indicadores fundamentales para concluir esto.
Conducta: En ocasiones, se dice que podemos saber si un ser humano sufre o disfruta porque nos lo puede decir. Sin embargo, si viésemos a alguien llorando y retorciéndose y, entre sollozos y gemidos, nos indicase que está disfrutando, no lo creeríamos. Cuando vemos a alguien gesticular, retorcerse, chillar o gritar de un modo determinado, deducimos que está sufriendo. Y si lleva a cabo otro tipo de gesticulaciones, por ejemplo, si se ríe, suponemos que lo está pasando bien. Lo mismo ocurre en el caso de los animales de especies distintas a la nuestra. Cuando vemos a un perro que salta y mueve el rabo podemos deducir que está disfrutando, mientras que si gime de un modo determinado cabe concluir que está sufriendo. La clase de conducta que alguien manifiesta es un motivo para creer que está sintiendo placer o sufriendo, tanto en el caso de los humanos como en el animales de otras especies.
Fisiología: Este es el indicador más importante. No sufrimos y disfrutamos por arte de magia, por alguna capacidad misteriosa cuya causa no podemos explicar con claridad. Por el contrario, podemos sufrir y disfrutar porque tenemos una estructura fisiológica que lo permite. Esta consiste en un sistema nervioso centralizado, mediante el cual no sólo recibimos estímulos, sino que tenemos la experiencia que nos ocasiona tal estímulo. No sólo ocurre que nuestro organismo reacciona ante una bajada de temperatura (por ejemplo, mediante el erizamiento capilar), sino que percibimos la sensación de frío. Pues bien, no sólo los seres humanos poseen un sistema nervioso. También muchos otros animales las poseen. Esto ocurre tanto en el caso de los vertebrados como en el de muchos invertebrados.
Lógica evolutiva: La capacidad de sufrir y disfrutar posibilita a los seres con la posibilidad de moverse huir de aquello que les daña y acercarse a lo que les puede beneficiar (por ello, sería un absurdo evolutivo que aquellos seres sin la posibilidad de efectuar movimientos pudiesen sufrir y disfrutar). Ahora bien, no sólo los seres humanos podemos movernos, alejándonos o aproximándonos a lo que nos resulta negativo o positivo. Muchos otros animales tienen también esta capacidad. Así, no hay motivo evolutivo por el que sólo los seres humanos puedan tener experiencias positivas y negativas. Por otra parte, los seres humanos y los demás animales nos encontramos emparentados evolutivamente. No tiene sentido pensar que la capacidad de sufrir y disfrutar haya aparecido tan recientemente en la historia evolutiva que sólo los seres humanos la puedan poseer(1).
A la luz de lo que estos tres indicadores apuntan, hay que concluir que los seres humanos no son los únicos animales que pueden sufrir y disfrutar. Ciertamente, hay algunos animales con una estructura fisiológica muy sencilla (como es el caso de las medusas o las hidras) que no tienen esta capacidad. Pero, tal y como he indicado arriba, hay motivos de peso para concluir que los vertebrados, y un gran número de invertebrados, sí sufren y disfrutan. Este es el caso, así, de los animales que comúnmente utilizamos como recursos.
RELATO: LA ALEGRIA DE LOS PECES
Un día Chuang Tan y Hui Tzu estaban cruzando por un bajo el río Hao. Chuang dijo: "¡Mira cómo saltan libres y ágiles los peces! ¡Eso es felicidad!". Hui replicó: "No siendo tú un pez ¿cómo sabes qué es lo que hace felices a los peces?". Chuang dijo: "Si tú no eres yo, ¿cómo puedes saber que yo no sé lo que hace felices a los peces?". Hui argumentó: "Si yo, no siendo tú, no puedo saber lo que tú sabes se sigue que tú, no siendo un pez, no puedes saber lo que ellos saben". Chuang dijo: ¡Un momento! volvamos a la pregunta original. Tú me preguntaste esto: "¿Cómo sabes qué es lo que hace felices a los peces?" Por los términos de tu pregunta tú evidentemente sabes que yo sé qué es lo que hace felices a los peces. "Yo conozco la alegría de los peces en el río a través de mi propia alegría cuando camino a lo largo del río". Chuawg Tzu, Poeta Chino Taoista 250 A.C. Traducido de la versión inglesa por: Ernesto Rodríguez.
"Es un hecho extraordinario que cada uno de nosotros se encuentra, durante toda la vida, encerrado en una capa de color rosáceo, negro o marrón, que llamamos la piel. Dentro de esta piel –aparentemente justo detrás de nuestros ojos– reside un «yo». El «yo» es único. Nunca un «yo ajeno» puede compartir con el mío una experiencia desde el interior de la piel. Siempre estamos «dentro» y sólo podemos conocer a otros «yo-s», observando el exterior de sus pieles". Marian Stamp Dawkins (de su libro Through Our Eyes Only?)
DIFERENCIA ENTRE SIMPATÍA Y EMPATÍA[6]
Por razones metodológicas seguiré una tendencia actual a distinguir entre simpatía y empatía[7]. Lo primero alude a la capacidad de percibir y compartir, o acompañar emocionalmente, los estados mentales ajenos. Este concepto, popularizado filosóficamente por Hume, se encuentra muy cercano al de compasión, pues tiene un contenido básicamente afectivo y se puede reconocer ya en niños pequeños, así como en primates no humanos cognitivamente poco desarrollados.
La empatía, por el contrario, es una habilidad más cognitiva que afectiva, y alude especialmente a la capacidad de reconocer las creencias ajenas y sus necesidades y sentimientos, incluso si uno no los comparte, si a uno no lo movilizan psicológicamente o si uno emplea ese conocimiento precisamente para manipular el comportamiento ajeno. Hay debate respecto de si se puede separar simpatía y empatía, pero la demostración de que sí se puede es la existencia de personas con gran capacidad empática pero mínima o ninguna capacidad simpática, como sería el caso de los psicópatas. Por otra parte, está reconocida la existencia de individuos (sobre todo bebes muy pequeños e incluso animales) que son capaces de percibir el sufrimiento ajeno y sentirse afectados por él, sin tener un desarrollo cognitivo suficientemente complejo como para entender, o siquiera imaginar, la situación por la que la otra persona o criatura está pasando. Aunque podemos distinguir entre empatía y simpatía como capacidades diferentes, ciertamente se complementan y se potencian mutuamente. Todo parece indicar, sin embargo, que la simpatía es evolutivamente anterior a la empatía.
Las formas más rudimentarias de la simpatía pueden ser encontradas en los mamíferos superiores y en los bebes muy pequeños con incluso solo horas de vida, en lo que se conoce como “contagio emocional”[8]. Esto se produce cuando un individuo reconoce estados mentales en otro, especialmente aquellos que involucran sufrimiento pero también placer o dicha, reproduciéndolos en sí mismo. Esta reproducción suele ser inconsciente y precognitiva.
Un ejemplo de esto es cuando tenemos un grupo de recién nacidos y uno de ellos se pone a llorar; lo más probable es que todos los demás se contagien de esto y rompan también a llorar, incluso si no tienen ninguna incomodidad. El contagio emocional tiene un alto valor de supervivencia porque permite reaccionar apropiadamente ante situaciones compartidas como, por ejemplo, con temor ante una amenaza común. Probablemente el sustrato más básico del contagio emocional sea el motor mimicri, o imitación mecánica del comportamiento ajeno. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con una manada de alpacas que dejan lo que están haciendo y se ponen a mirar en cierta dirección, una vez que una de las alpacas ha actuado de esa manera. Motor mimicri y contagio emocional son probablemente las raíces evolutivas de lo que después serán la simpatía, la empatía y la simulación, que originalmente tendrían como objetivo permitir que los individuos se apoyen mutuamente en la satisfacción de necesidades y se protejan de peligros comunes.
En lo que sigue voy a imaginar una secuencia evolutiva que conduciría al altruismo moral, donde cada paso anterior es condición de posibilidad del posterior. Los conceptos entre paréntesis son explicaciones o se dan de manera asociada a los que vienen inmediatamente antes de ellos. Después de exponer el esquema intentaré justificarlo.
Motor mimicri -> contagio emocional -> simpatía (compasión) -> empatía (reconocimiento de la propia identidad en un espejo, consciencia de sí mismo, identificación con otro) -> metarrepresentación/simulación (teoría de la mente, capacidad de mentalización) -> deliberación moral (autonomía, reconocimiento de intencionalidad moral, interpretación y juicio moral) -> altruismo moral.
La cuestión sobre la diferencia entre empatía y simpatía sigue abierta en esta entrada.
"El hombre que no sufre es una máquina mal compuesta, una criatura defectuosa, un mutilado moral, un aborto de la naturaleza." - Charles Tellier
(1) Para un análisis del modo en que estos criterios son cumplidos por los animales no humanos véase por ejemplo Donald. R. Griffin, The Question of Animal Awareness (Los Altos: William Kaufman, 1981); J. A. Smith, “A Question of Pain in Invertebrates”, ILAR Journal 33 (1991) [visitado el 12 de abril de 2008]; Marian Stamp Dawkins, Through Our Eyes Only? The Search for Animal Consciousness (New York: W. H. Freeman, 1993); Collin Allen and Marc Bekoff, Species of Mind: The Philosophy and Biology of Cognitive Ethology (Massachusetts: MIT, 1997); DeGrazia, David, Taking Animals Seriously: Mental Life & Moral Status, (Cambridge: Cambridge University Press, 1996), capítulo 5; o K.P. Chandroo, I.J.H. Duncan and R.D. Moccia, “Can Fish Suffer?: Perspectives on Sentience, Pain, Fear, and Stress” Applied Animal Behavior Science 86 (2004): 225–50 (téngase en cuenta que, en ciertos casos, estos trabajos pueden citar experimentos con animales no humanos que las conclusiones de este artículo llevan a rechazar).
[1] Argumento: "Las plantas también sienten/sufren" [2] Argumento: "Los animales no tienen empatía" [3] Argumento: "La alimentación 100% vegetariana no es sana" [4] librodenotas.com - Moral Animal I [5] RespuestasVeganas.Org - Animales humanos y no humanos: de la discriminación al respeto [6]"La evolución de la mente y el comportamiento moral" Pablo Quintanilla. PUCP. Primer Coloquio Peruano de Psicología Analítica. 23-25 de junio / 18-20 de agosto, 2008. pag.9-11. [7] Cf. Wispé, Lauren, “History of the Concept of Empathy”, en: Eisenberg, N. y J. Strayer (eds.), Empathy and its Development, Cambridge: Cambridge University Press, 1987, pp. 17-37; The Psychology of Empathy, Nueva York: Plenum Press, 1991. [8] Cf. Hartfield, E., Cacioppo, T.T., Raspón, R.L., (1993), “Emotional contagion”, en: Current Directions in Psychological Science, 2:96-99. Según estos autores el contagio emocional comienza como una tendencia automática a imitar y sincronizar con otra persona posturas y gestos, convergiendo posteriormente en el plano emocional. [9]"La empatía en la psicopatía" Hugo Marietan. Psiquiatra. Hospital Borda. Buenos Aires 10/02/2009 · INTERPSIQUIS. -1; (2009).
- Madrid: Mesas informativas de IA de L-J de 17h-19h en c/Fuencarral. Contacto: AlbertoL[arroba]igualdadanimal.org
- Barcelona: Mesas informativas de IA de L-V. Contacto: Catalunya[arroba]igualdadanimal.org
Vivimos en un holocausto animal diario. Hoy, , serán asesinados los siguientes animales inocentes:
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