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8 feb. 2016

ARGUMENTO:
“El bien y el mal no existen, sólo existen intereses relativos a sujetos”

RESUMEN: ¿Qué es un deseo? ¿qué es un interés? ¿qué es la voluntad? ¿un interés puede ser autofrustrado? ¿qué es "lo bueno" para alguien? ¿qué es "lo malo" para alguien? ¿existe "lo bueno" para cualquiera, es decir, existe el bien? ¿existe "lo malo" para cualquiera, es decir, existe el mal? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Es importante diferenciar entre imaginación, deseo, interés y voluntad. Alguien puede imaginar millones de cosas y de situaciones, y lo que imagina puede convertirlo en un deseo, pero puede tener interés o no tener interés de que dicho deseo se convierta en realidad. Podemos clasificar los intereses de acuerdo a su estado: no existente, insatisfecho, satisfecho y frustrado. Si un interés de alguien es satisfecho entonces dicha persona considera que eso que ha ocurrido es bueno. Si un interés de alguien es frustrado entonces dicha persona considera que eso que ha ocurrido es malo. Según el relativismo ético, no existe algo que sea bueno o malo para cualquiera (el bien y el mal), es decir, no existe un principio ético objetivo, y por lo tanto universal, que sea independiente de época y lugar, mediante el cual se pueda fundamentar racionalmente la Ética. Sin embargo, es un hecho que siempre se produce un mal cuando se frustra un interés de alguien, por lo tanto podemos afirmar que es un hecho objetivo que cuando alguien frustra el interés de otro hace el mal. De la misma manera podemos afirmar que siempre se produce un bien cuando se satisface el interés de alguien, independientemente de las consecuencias que dicha satisfacción produzca. Un mundo éticamente ideal sería aquel en el que gobernara el bien, es decir, sería un mundo lleno de satisfacción, eso quiere decir que todos satisfacerían sus intereses y no habría frustración. Cuando se crea el interés de hacer el mal a otros se crea un interés que va contra el bien, es decir, contra la Ética.

Palabras clave: bien, bueno, deseo, éticamente correcto, éticamente incorrecto, mal, malo, interés, relativismo moral/ético, subjetivismo moral/ético, Teoría del bien, voluntad

Toda la presente entrada trata sólo sobre cuestiones descriptivas (hechos), es decir, no trata cuestiones prescriptivas (deberes).

Es importante diferenciar entre imaginación, deseo, interés y voluntad. La conciencia es un fenómeno que emerge de la materia y que hace posible que un ser pueda sufrir y disfrutar, y que por lo tanto tenga intereses respecto a dichas experiencias[1]. En la conciencia se pueden imaginar millones de cosas a las que llamamos «ideas». Las ideas pueden producirnos emociones (deseo, repulsa, etc.); y podemos tener o no tener interés en convertir una idea en realidad que hay fuera de nuestra conciencia[2]. Utilizo la cuarta acepción de la RAE, según la cual un interés es la «Inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona, una narración, etc.». Si alguien tiene interés en convertir una idea en realidad entonces actuará en consecuencia para lograr dicho objetivo en un determinado momento, de acuerdo a sus capacidades físicas y psicológicas. Si un interés pasa del segundo plano a las acciones presentes entonces se hace evidente (primer plano) y lo llamamos «voluntad».

A un nivel lógico, podemos clasificar los intereses de acuerdo a su estado: no existente, insatisfecho, satisfecho y frustrado. La conciencia puede elegir crear un interés por necesidad (interés de comer, etc.) o sin necesidad (interés de comer chocolate, etc.), y también puede elegir eliminarlo. Al crearse un interés se suele generar un sentimiento de esperanza, más o menos intenso, que tiene como finalidad la satisfacción de dicho interés y que puede transformarse en un sentimiento de insatisfacción durante la espera. Un interés insatisfecho se frustra si es imposible satisfacerlo de una manera, en un lugar y en un momento determinado, lo cual, al hacerse consciente, causa un «sentimiento de frustración» más o menos intenso al que llamamos «sufrimiento». Sufrir implica necesariamente que al menos exista un interés frustrado o que está siendo frustrado. Un interés insatisfecho puede satisfacerse y entonces, al hacerse consciente, producirá un sentimiento de disfrute más o menos intenso, con una duración limitada por la muerte.

Algunas personas dicen que el dolor y el sufrimiento no son malos o éticamente incorrectos, sino buenos.  Por ejemplo, Luis Tovar en su artículo «Derechos Animales & El mito del trato humanitario» respalda a Tom Regan diciendo que «lo incorrecto no es el dolor o el sufrimiento animal». Esto ya lo dijo años atrás en su artículo «Vindicación del dolor»:  «no es razonable creer que el dolor es malo. Mas bien al contrario. Podríamos decir que es bueno. Es bueno para nosotros puesto que nos resulta indispensable para sobrevivir. Decir que el dolor es malo es simplemente falso, a todos los niveles», dice. Estas personas consideran mala y éticamente incorrecta la acción de producir dolor físico y sufrimiento a alguien, pero consideran bueno el dolor y el sufrimiento en sí mismos, aunque curiosamente son los primeros que se pondrían una anestesia para eliminar el dolor que es innecesario para sobrevivir. Si bien, como es lógico, el dolor querido no es malo, no podemos decir lo mismo del dolor no querido. Es cierto que, para sobrevivir, es bueno disponer de una estructura material que nos avise cuando nuestro cuerpo está dañado. Lo que es malo es el medio para lograr detectar dichos daños: la experiencia de dolor; pero hoy en día es el único medio del que disponemos. Por lo tanto, como queremos sobrevivir, lógicamente consideramos que es bueno poder sentir dolor, aunque la experiencia en sí del dolor es mala (nos produce sufrimiento), independientemente de cual sea su origen (no es necesario que sea a consecuencia de la acción de otra persona). Vemos como un mal (el dolor), nos produce un bien mayor (la supervivencia), aunque en algunos casos puede ser tan grande el dolor que sea preferible no seguir viviendo.

Algunas personas dicen que cuando se mata a alguien sin sufrimiento, no se le hace un mal. Podemos llamar a este argumento el «argumento de matar sin sufrimiento». Este argumento es usado por los «bienestaristas» para justificar la matanza de quienes no son humanos[2], pero como son antropocentristas[3] rechazan que se use este mismo argumento para justificar la matanza de humanos. En cambio, otras personas utilizan «argumento de matar sin sufrimiento» de manera no especista y dicen que es una conclusión a la que se llega si basamos la Ética en el respeto a intereses. Según estas personas, la muerte no causa un mal a quien es matado imprevista e instantáneamente, pues la muerte elimina todos los intereses y entonces, una vez muerto, no hay sufrimiento ni «frustración» posible, pues ya no se entera de nada. Dicha idea deriva en la idea de «la infidelidad jamás descubierta», según la cual si engañas a tu pareja y nunca se entera, no le habrías hecho un mal. El error que cometen estas personas es entender «frustración» como una experiencia equivalente al sufrimiento, en lugar de como un concepto lógico (frustración de intereses). El interés en seguir viviendo se puede frustrar porque es un interés lógico, es un interés «sobre el papel», no es sólo un interés psicológico. Por eso podemos afirmar que si se mata imprevista e instantáneamente a quien quiere seguir viviendo entonces lógicamente se le hace un mal, aunque no se le haga un mal una vez muerto. El mal no sólo se hace presente mediante la experiencia del sufrimiento (el mal que se siente y que se tiene interés en dejar de sentir), sino también cuando ocurre algo que una persona no quiere que ocurra (el mal lógico), aunque dicha persona no se entere de lo sucedido. Así lo explica Óscar Horta:


Algunas personas dicen que «la Ética es relativa»: dicen que no existe algo que sea objetivamente malo ni algo que sea objetivamente bueno, sino que todo es opinable. Es un hecho objetivo que cada cultura o sociedad tiene tradiciones y normas diferentes, según lo que consideran que es bueno o malo(2); a dicha descripción se la llama relativismo cultural. Algunas personas, basándose en el relativismo cultural, dicen que «la Ética es relativa», que viene a ser lo mismo que decir «la Ética es una opinión o gusto de cada uno»; a esta idea se la llama relativismo ético o relativismo moral(3), a veces también llamado escepticismo moral o antirrealismo. Según el relativismo ético, no existe algo que sea bueno o malo para cualquiera (el bien y el mal), es decir, no existe un hecho objetivo, y por lo tanto universal, que sea independiente de época y lugar, mediante el cual se pueda fundamentar racionalmente la Ética. Por lo tanto los relativistas éticos rechazan que los derechos legales se deban fundamentar en la Ética, y en su lugar se basan en algún tipo de relativismo ético:


Algunas personas que dicen que la Ética no es objetiva defienden el internalismo de la motivación «moral». El externalismo afirma que la Ética es objetiva (realismo ético), tal y como defendemos aquí, por lo tanto es posible que alguien actúe de manera éticamente incorrecta. Por ejemplo, es éticamente incorrecto matar a quien quiere seguir viviendo, aunque alguien lo haga. En cambio, el internalismo afirma que la Ética no es objetiva (antirrealismo moral), por lo tanto, según estas personas, lo que alguien hace es siempre lo que considera éticamente correcto y si consideramos que dicha persona está equivocada entonces podemos intentar convencerla mostrándola incoherencias en lo que defiende. Por ejemplo, si alguien considera eticamente incorrecto matar a los perros, pero no a los cerdos, podemos intentar mostrarle esa incoherencia. Óscar Horta en su artículo titulado «Las actitudes ante el especismo y el debate en psicología moral entre internismo y externismo» explica el internalismo y el externalismo con más detalle.

Algunas personas dicen que «la Ética es relativa cuando me interesa». No debemos confundir a los relativistas éticos con aquellos que dicen que «la Ética es relativa» sólo cuando otras personas condenan algo que a ellos les parece éticamente correcto, pero no dicen «la Ética es relativa» cuando se les pregunta por aquello que les parece éticamente incorrecto. Por ejemplo, si alguien les dice que es éticamente incorrecto explotar y matar a quienes no son humanos entonces dicen que «la Ética es relativa», pero no dicen «la Ética es relativa» cuando se les pregunta por la violación sexual y otras cuestiones. Por lo tanto estas personas quieren imponer su «Ética» haciéndose pasar por relativistas éticos cuando les interesa, es decir, engañándonos.

Formulamos de forma más clara las premisas y la conclusión del argumento:

ARGUMENTO: Relativismo ético general

(P1) Existen intereses ajenos a los míos.
(P2) Lo que es bueno para los intereses de uno, puede ser malo para los intereses de otro.
(C) No existen un bien y un mal objetivos.

A continuación vamos a mostrar cómo puede rebatirse este argumento.


PREMISA (P1): Existen intereses ajenos a los míos

Es necesario que el relativista ético acepte esta premisa para poder debatir con él.

Reconocer que los demás son reales es el primer paso para respetarles. Cuando alguien reconoce que los demás existen independientemente de su propia percepción está reconocienco que existen en la realidad. Si alguien no nos reconoce como seres reales entonces la mejor respuesta que podemos darle es afirmar lo mismo de su existencia y dejar de hablarle[5]. La ciencia nos muestra que la conciencia es un fenómeno que emerge de la materia, concretamente de un cerebro material. La conciencia permite sufrir y disfrutar y por lo tanto tener intereses respecto a dichas experiencias.  Los demás son otras conciencias que también tienen sus propios intereses. Cuando alguien dice «tengo un interés» está diciendo «quiero que ocurra X», por lo tanto ese alguien actuará de acuerdo a dicho interés para intentar satisfacerlo.

PREMISA (P2): Lo que es bueno para los intereses de uno, puede ser malo para los intereses de otro

Lógicamente un interés no puede ser autofrustrado. Decir que «[una persona] tiene un interés» significa que «[una persona] quiere que ocurra algo» (no confundir con el deseo, pues éste sólo es imaginación), por lo tanto es una contradicción lógica que alguien diga: «tengo el interés de frustrar mi interés» o «quiero que ocurra lo que no quiero que ocurra», pues eso viola el Principio lógico de no contradicción: algo no puede ser una cosa y la contraria al mismo tiempo (A ≠ ¬A). Por lo tanto, nadie tiene interés en que se frustren sus propios intereses(4), es decir, un interés no puede ser autofrustrado. Por ejemplo, en el caso de la eutanasia y del suicidio[6], es contradictorio decir «tengo el interés de frustrar mi interés de seguir viviendo» o «no me importa que mi interés de seguir viviendo sea frustrado»: si alguien tiene un interés entonces lógicamente no quiere que se frustre. Alguien podría objetar que podemos dar a otra persona la orden de que frustre nuestros intereses, pero al hacer esto no estaríamos autofrustrando un interés, pues dicho interés sería frustrado por otras personas.

El bien y el mal existen. Es cierto que lo que es bueno para los intereses de uno, puede ser malo para los intereses de otro, pero también es cierto que para cualquiera es malo que sus intereses sean frustrados (los intereses no pueden ser autofrustrados), independientemente de que dicho mal sea necesario para evitar un mal mayor. Por lo tanto es un hecho que siempre se produce un mal cuando se frustra un interés de alguien, es decir, podemos afirmar que es un hecho objetivo que cuando alguien frustra el interés de otro hace el mal. De la misma manera podemos afirmar que siempre se produce un bien cuando se satisface el interés de alguien, independientemente de las consecuencias que dicha satisfacción produzca. Por lo tanto el bien y el mal existen. Por ejemplo, si alguien tienen el interés de cortar el cuello a un cordero (o a quien sea) entonces al satisfacer dicho interés se produce objetivamente un bien, pero también objetivamente se produce un mal, pues a quien es degollado se le frustra el interés de no sufrir para disfrutar de su propia vida: alguien hace un gran mal a otro para obtener un bien, ese es el hecho objetivo.

Un mundo/Universo éticamente ideal es aquel en el que no hay mal y el bien se ha expandido y aumentado al máximo grado posible, es decir, un mundo/universo sin frustración y con la máxima satisfacción posible. El hecho de que la idea de un mundo/Universo ético pueda parecer utópica no la rebate. Además de las dificultades físicas (caídas, cortes, etc.) y biológicas (enfermedad, envejecimiento, muerte) existentes, también se crean dificultades para llegar a un mundo ético cuando alguien se crea el interés de frustrar el interés de otro, es decir, cuando alguien se crea el interés de hacer el mal. Por ejemplo, alguien actúa contra un mundo ético cuando crea el interés de que corten el cuello a alguien para comer su carne, no cuando alguien tiene el interés de seguir disfrutando de su vida. Cuando se crea el interés de hacer el mal a otros se crea un interés que va contra el bien, es decir, contra un mundo/Universo ético.

CONCLUSIÓN (C): No existen un bien y un mal objetivos

No podemos llegar a la conclusión de que no existen un bien y un mal objetivos porque sí que podemos afirmar objetivamente que siempre se produce un bien cuando se satisface un interés de alguien y que que se produce un mal a alguien cuando se frustra un interés de alguien.






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