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19 abr. 2016

ARGUMENTO:
“Explotar/matar a los animales es éticamente correcto porque lo hace la mayoría”

RESUMEN: ¿Lo que se dice es real dependiendo de que sea apoyado por la mayoría? ¿una acción es éticamente correcta porque la hace la mayoría? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí vamos a responder.

Cuando algo es dicho o hecho por una mayoría de las personas se suele decir que ese algo es «normal», el problema es que se suele asociar la idea de «normal» con la idea de «realidad» y de «éticamente correcto». Las personas que hacen dicha asociación de ideas están utilizando la falacia ad populum, pues tanto la realidad de un hecho, como un razonamiento ético correcto no dependen de lo que una mayoría de las personas digan o hagan. Esto es así porque la «realidad» es independiente de que se piense sobre ella, existe por sí misma; asimismo lo éticamente correcto depende de la Lógica, cuyas leyes lógicas tampoco dependen de opiniones. Por lo tanto, del hecho de que una mayoría de personas humanas legitimen la explotación y matanza de otras personas no es cierto que dicha práctica sea éticamente correcta.

Palabras clave: ad populum, democracia, falacia, normal, política, referéndum, votar

Minorías, mayorías y consenso. Si no hay un empate entonces existe una mayoría de personas que comparten una misma opinión sobre un determinado tema de la realidad o de Ética. El término "mayoría" es ambigüo, pues puede referirse a una mayoría parcial de humanos o a la mayoría del total de humanos existentes; entendiendo que sólo en la especie humana hay personas con capacidad para votar sobre una determinada cuestión. El consenso es un «acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos», es una mayoría total; si una persona no está de acuerdo entonces no hay consenso.

Algunas personas dicen que si una mayoría de personas afirma algo entonces ese algo es real. Esta idea se origina en la errónea idea del relativismo cognitivo, es decir, relativismo respecto a lo que ES[1], pero le añade la idea de mayoría. Si la realidad dependiera del número de personas que afirman algo entonces no existiría la realidad, sino sólo la verdad u opinión de la mayoría de conciencias. Esto no puede ser posible porque la conciencia es un fenómeno que emerge de la materia y no al revés: votar que la materia no existe sería absurdo. La realidad existe, aunque cada una de ellas no la perciba exáctamente igual por los sentidos. Una votación no cambia la realidad: la realidad está antes que la democracia.

Algunas personas dicen que si una mayoría de personas afirma algo entonces ese algo es éticamente correcto. Esta idea se origina en la errónea idea del relativismo ético, es decir, relativismo respecto a lo que DEBE ser[2], pero le añade la idea de mayoría. Por ejemplo, algunas personas creen que explotar y matar a quienes no son humanos para consumir sus cadáveres es éticamente correcto porque lo hacen la mayoría de humanos. Este argumento no apela a la tradición[3], sino al número de personas que apoyan algo. Argumentar que «la mayoría afirma o argumenta X, por lo tanto X es correcto» es un argumento falaz conocido como ad populum o sofisma populista (popular appeal or appeal to the majority). La falacia ad populum se trata de una variedad de la falacia ad verecundiam, pero en este caso siendo la autoridad una mayoría de personas en lugar de una minoría. Si la valoración ética de un hecho dependiera del número de personas que lo consideran aceptable entonces no existiría la Ética, sino meras convenciones sociales aceptadas mayoritariamente en una determinada época o sociedad. La Ética establece normas basándose en la realidad[4], por lo tanto ninguna votación va a cambiarla: la Ética está antes que la democracia. Para lo que la democracia puede valer es para votar sobre los medios para conseguir determinados fines éticos intermedios, siempre disponiendo de la máxima información sobre cada medio o camino para alcanzarlos.

La democracia debe tener una Constitución basada en la realidad y en la Ética. Todo esto nos lleva a plantearnos los límites de la libertad democrática, que de hecho ya está limitada por las leyes de la Constitución de cada país, por otras leyes y por leyes internacionales. No se permitiría un referéndum sobre si se debe legalizar la explotación y matanza de una minoría étnica de la especie humana, en cambio, en las sociedades especistas parece un mal menor plantear un referéndum sobre si se deben permitir las corridas de toros, pues la sociedad no está rigiendo sus normas por la racionalidad ética, sino por pasiones irracionales.