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23 nov. 2000

El mono degenerado (George Ross Berheim, 1988)

A continuación publicamos unos extractos del libro El mono degenerado, de George Ross Berheim, publicado en enero de 1988.


Los crímenes de nuestra especie

Hay que luchar heróicamente contra la crueldad humana..., o se adopta una posición de lucha inequívocamente firme, estableciendo el más definitivo y válido compromiso ético que jamás se haya pactado en la vida, o por encima de todo atenuante, de toda excusa, de toda justificación, hay que someterse ineludiblemente al veredicto cósmico de la justicia.

Hoy crean seres que nacen y mueren encarcelados, sin conocer otra sensación que la de la opresión más angustia. Sus mentes atrofiadas no pueden siquiera registrar un recuerdo borroso de un destello de esperanza.

La especie humana no ha vivido ni vive separada de las demás, sino con las demás, para asegurar su supervivencia le ha hecho falta someter, controlar, manipular a esas otras especies; le ha hecho falta esclavizarlas.

Los animales no son más que seres que permanecen encerrados dentro de una limitación anatómica. Quienes necesitan la afectividad de todos los seres humanos, así como lo necesitan los huérfanos, pues tanto los unos como los otros dependen que que la sociedad humana se vuelva éticamente correcta para permitirles superar sus limitaciones y acceder al nivel que les corresponde en función de haber nacido. Es decir, renunciar a la utilización de un animal es liberarlo. No se utiliza nada más que lo que se posee, y los animales, como todos los demás seres vivos, sólo pertenecen a la vida.

La cultura no produce víctimas, las salva, las eleva por encima del instinto y las conduce a vivir en armonía con la ética, rechazando del pasado todo lo que puede conducir a la brutalidad.

Para poder defender el derecho a acosar, herir, torturar, aterrorizar y matar, hay que cometer un fraude: otorgar patente de cultura a todas las formas tradicionales de autoritarísmo, de lo contrario, los hechos por si mismos constituyen la galeria de los horrores, desmanes, transgresiones y delitos cuya condena es el gran triunfo de la cultura, contra la conducta despiadada irracional y agresiva de los individuos y grupos que escribieron con sus actos los pasajes más tenebrosos y sangrientos del pasado y presente humano...

Conviene a toda la sociedad humana, sin excepción, aprender a detectar al mono degenerado que pulula disimuladamente por el planeta. Él, no es ni el matarife, ni el torero, ni el trampero, ni el cazador de focas y ballenas, ni el pescador que acorrala a los atunes antes de matarlos a palos, ni el traficante de animales de laboratorio, ni el cocinero que que hierve vivos a los crustáceos, ni el domador de circo que viola las consignas mas elementales de la naturaleza de un ser, ni el domador de caballos que les espolea el vientre y les oprime los testículos, ni el rufián que organiza peleas de perros y gallos, ni el especulador que rompe las piernas a la ternera para que engorde más rápido, ni el fabricante de jaulas, garfios y cadenas que surte a los criadores industriales, ni el degollador de corderos, ni el que asesina conejos zorros y ciervos con los colmillos entrenados de sus perros. Él, es otra cosa: él es el que poéticamente, jurídicamente, científicamente o artísticamente, legaliza y jerarquiza a estos otros e intenta asegurarles un lugar eterno en la sociedad. Él es el que lleva a sus hijos a que se diviertan con el ratón Mickey, con el pato Donal, con el perro Pluto, con el gato Félix, con Los Tres Cerditos, con La Pantera Rosa, Las Urracas Parlanchinas y La Abeja Maya. Él, es el que construye familias, honra a sus padres, distingue a sus hijos, y exige respeto para el arte y la ciencia, es el inventor del dios hecho a su imagen y semejanza. Él, es el que a encarcelado la luz de la inteligencia. El que ha decidido que de la tragedia de los animales depende la salud de las personas. Él, es el que estudia e interpreta todas las leyes desde la altura antropoidal de sus tribunas de sus despachos, de sus pulpitos de sus parlamentos, de sus tribunales, de sus anfiteatros, de sus imprentas, de sus micrófonos y de sus cámaras. Es el único estafador que piensa que con una imitación del hombre puede engañar al espíritu selectivo de la naturaleza. Él, es el parásito mas voráz y cruel jamás engendrado.

Es muy importante aprender a conocer sus métodos, sus guaridas, su rostro, su voz, su lenguaje, sus ademanes, sus decisiones, su manera de pensar y de expresarse, pues él es quien controla y dirige la vida en la tierra.

Quizás lo ideal sería no tener que comer, pero entre tanto el deber de las personas es tratar de alimentarse sin causar sufrimiento, o por lo menos causando el menor sufrimiento posible.

Toda la naturaleza es sensible, y es el sistema nervioso el que crea la linea divisora a partir de la cual comienza la experimentación del sufrimiento. Quienes con tanto énfasis nos recuerdan la sensibilidad del mundo vegetal, son precisamente quienes no renuncian a nada. Los otros, por lo menos respetan el sufrimiento del que tienen pruebas fehacientes, toman posición ante una crueldad innegable y evitable. Pueden vivir sin utilizar al animal, sin matarlo, sin herirlo, sin explotarlo, y por consiguiente, lo liberan.

Cierta tribu de monos un día, bajaron de los árboles y comenzaron a utilizar sus manos. Esos monos todavía existen, pero la mayoría de ellos viven en laboratorios donde los hombres los someten a las experiencias más penosas que se puedan concebir. Los hombres inventaron la declaración de los derechos humanos, pero sin acordarse de que en los laboratorios también se vuelven locos a los monos y a todos los otros animales, que son ellos los sometidos a la tortura.

Seres humanos son los santos, los literarios, los artistas, los técnicos y los honestos trabajadores que proclaman el derecho del hombre a torturar y matar todo lo que no es hombre, sin contar que cuando es a ellos a quienes se torturan y asesinan, no tienen mas remedio que comprobar que quien tortura y asesina es el ser humano. este es un grotesco mundo antropocéntrico, que pretende conquistar todos los derechos sin conceder ninguno. La Creación no es una caprichosa fabricación de formas inmóviles, si somos capaces de de reclamar derechos es porque hemos evolucionado, pero estúpidamente, negamos ese mismo derecho elemental a todos los seres que nos han acompañado y han hecho posible nuestro proceso evolutivo. Somos por lo tanto esencialmente injustos, y a partir del momento en que otorguemos a todos los seres el derecho a evolucionar seremos dignos de libertad.

La vida no es una sucesión de palabras, sino de hechos que inspiran esas palabras. Es posible tergiversar el sentido de las palabras pero no el de los hechos, la raíz del mal es no querer comprender que poseemos el privilegio de encarnar el bien.

La condena del canibalismo, representa algo así como la defensa de los Derechos Humanos, y por consiguiente el vegetarianismo es la lógica continuidad de esa condena, pero ya éticamente aplicada a todos los seres vivos, y conscientemente sensibles al dolor.

Liberar a los animales significa prescindir de ellos, renunciar a ellos. La agresividad de la especie humana hacia ella misma y las demás especies animales será definida algún día jurídicamente como el mayor delito de parasitismo criminal de la historia de la vida.

Hasta el ciudadano llamado ¨normal¨; ese sencillo componente del pueblo que a conseguido vivir de su trabajo, que no delinque, que paga sus impuestos y cría a sus hijos, no es juzgado por un delito de autoritarismo criminal si tortura o asesina a un animal o si permanece impasible cuando otro lo hace en su lugar, o en nombre de un supuesto derecho de su especie.

El autoritarísmo supone una utilización abusiva del poder; es la posición del más fuerte; del que agrede porque se sabe dominador antes de la agresión. Todo acto de autoritarísmo es un acto de cobardía. Toda dominación es un delito, que la sociedad humana transforma en en derecho de toda una especie. La sociedad humana dispone de la vida animal a su antojo no porque puede moralmente, sino porque puede autoritariamente.

Mientras los hombre luchaban entre si para liberase del autoritarísmo, formaban un compacto frente de autoritarísmo que mantuvo esclavizadas brutalmente a todas las demás especies.

Nunca en la historia ha existido una tiranía más cruel, sanguinaria , estremecedora y más larga. Tan larga como la irracionalidad que no la denunció.

Esta historia no a concluido y ha sido y es protagonizada por la más feroz , voráz y despiadada especie que haya salido jamás del vientre de la naturaleza. ¿Como se puede aspirar a la libertad quien ha vivido siempre, y vive todavía a costa de la forma de esclavitud mas descomunal y cobarde que se haya practicado jamás sobre la tierra?

Pensar que quienes están defendiendo los derechos de los animales deberían estar defendiendo otros están en un craso error. Es sólo cuando se están defendiendo esos derechos cuando se defienden los otros, puesto que los otros siguen siendo relativos cuando no se practica la defensa de los primeros y continúan siendo los falso derechos del autoritarísmo de toda una especie. Hay que comprometerse a liberar para poder liberarse.

Hasta el momento el hombre se ha dedicado exclusivamente a liberarse a el mismo de la esclavitud, sin pensar que todo esclavo es un tirano hasta que no se convierte en liberador.

Cuando el dolor de cualquier animal empiece a ser importante, se empezara a producir un cambio importante en la naturaleza.

Asesinar ballenas, focas, caballos, vacas, monos, cerdos, etc..., no es respetable, y lo decimos en nombre de las víctimas de esas acciones. Quienes dan estas opiniones no reconocen todavía la existencia de las víctimas.

Salvar a las especies no es asegurar su continuidad, sino liberarlas de su esclavitud. La vida de este planeta ya no depende de un orden natural, sino de un orden racional. La evolución de las especies, depende pués de la evolución del hombre.

Existe un conflicto entre hombre y naturaleza, porque la naturaleza lucha contra todo el dolor, mientras que el hombre sólo lucha contra el suyo propio.

Mientras un persona no experimenta la vida poniendo en marcha su propia sensibilidad, no puede percibir el sentido de la Cultura y por consiguiente no puede hallarle aplicación. Si cuando miramos a una vaca en cautividad, nos transmite resignación, lo que sucede es que hemos hallado un detalle que corresponde a lo más profundo de su identidad.

Tanto los movimientos progresistas y revolucionarios, como los conservadores, están incorrectamente situados en su relación con su entorno vital, sencillamente porque ambos cometen un delito de autoritarísmo antropocéntrico. Que abogan por una economía mundial especísta, y vive a costa del parasitismo sobre las demás especies. La conducta de las personas es defectuosa, porque su óptica de la vida es defectuosa.

La sociedad no solamente prescinde de la sabiduría de la Cultura, sino que además prescinde de ella con la escusa de la supervivencia.

Se ha creado una economía cruel y despiadada pero no es la era industrial la que ha insensibilizado al hombre, él insensibiliza todo lo que crea porque su intención es sobrevivir a cualquier precio, y con esta actitud es imposible crear un equilibrio.

En una sociedad tan superflua y cínica donde sobre todo prevalece el perfeccionamiento de la imagen, por lo menos la ciencia debería haber aprendido que no es precisamente la imagen de las personas las que hay que enriquecer, sino su ámbito mental, el verdadero generador y modificador de la conducta.

La especie humana, es moralmente insensible, y de la corrección de esta actitud depende que pueda convivir con su entorno vital. Para que esto ocurra tenemos que cambiar la forma de pensar, que automáticamente involucraría un cambio de conducta social, lo cual llevaría a crear un entorno adecuado para la realización individual de las personas.

El dolor de los inocentes ha dejado inscrita en la naturaleza la mayor huella de desequilibrio que jamas a conocido la vida.

La especie humana ha cometido un delito colectivo de autoritarísmo criminal que ha detenido la evolución de la vida, y por ese delito será juzgada y los condenados serán acusados por sus propias palabras, por sus propias proclamas, sus propios ideales, por sus propios conocimientos y sus propios dioses.

Hay una casta intelectual, que poco o nada tiene que ver con la inteligencia. Y practican la estafa a la sociedad, que pone sus esperanzas en ellos mientras estos les defraudan cínicamente creando una masificación del desconocimiento producida por controladores profesionales de la ignorancia.

A cambio de dinero y poder no se titubea en prostituir la enseñanza, la información y los fundamentos filosóficos o religiosos que crean señales demodeloras del sentido ético.

Desde el concepto de justicia que nos presenta la ética: no acepta la vida si no puede liberar a sus esclavos y si no puede liberarla de sus parásitos.


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